Russell & Lawrence: sugerencias para vivir en otros (estos) tiempos

¿Si controlo mi pasión, acabaré convirtiéndome en un robot? Y, por contra, si me dejo llevar por ella, ¿estaré perdiendo el control de mi vida? Una eterna obsesión persigue a los humanos desde siempre: encontrar el punto justo de equilibrio en el que sea posible llevar las riendas de la existencia sin dejar de disfrutar de las sorpresas que ofrece ese largo camino. Un recorrido lleno de algunas luces y demasiadas sombras. Bertrand Russell, filósofo, matemático y escritor galés (1872-1970), tenía claro cómo lograr el equilibrio entre ambas fuerzas antagónicas y así lo explica en este fragmento de “La conquista de la felicidad” (Debolsillo, 2003).

(…)En el amor apasionado, en el cariño paternal, en la amistad, en la benevolencia, en la devoción por el arte y por la ciencia, no hay nada que la razón quiera disminuir. El hombre racional, cuando siente alguna de estas emociones, o todas ellas, se alegra de sentirlas y no hace nada para disminuir su fuerza, ya que todas estas emociones forman parte de la vida buena, es decir, de la vida que busca la felicidad para uno mismo y para los demás. En sí mismas, las pasiones no tienen nada de irracional, y muchas personas irracionales solo sienten las pasiones más triviales. No hay por qué temer que, por volverse racional, uno vaya a quitarle el sabor a su vida. Al contrario, dado que el principal aspecto de la racionalidad es la armonía interior, el hombre que la consigue es más libre en su contemplación del mundo y en el empleo de sus energías para lograr propósitos exteriores que el que está perpetuamente estorbado por conflictos internos. No hay nada tan aburrido como estar encerrado en uno mismo, ni nada tan regocijante como tener la atención y la energía dirigidas hacia fuera(…)

Una vez asumida esa visión tranquila de lo que Russell ve como un conflicto aparente, no podemos dejar de pensar en cómo afrontaría él una situación de crisis económica y de valores como la que vivimos hoy. Y no es difícil imaginarle en una conversación con D.H. Lawrence (1885-1930) -contemporáneo con quien, de hecho, mantuvo un contacto corto, pero intenso-, quien explica de manera magistral cuál debe ser la actitud ante una situación en la que parece que el mundo va a derrumbarse…y nosotros con él. Y así contestaría a Russell: con el arranque de “El amante de Lady Chatterley” (Alianza Editorial, 2006)

“Nuestra época es esencialmente trágica y precisamente por eso nos negamos a tomarla trágicamente. El cataclismo ya ha ocurrido, nos encontramos entre ruinas, empezamos a construir nuevos y pequeños lugares en que vivir, comenzamos a tener nuevas y pequeñas esperanzas. No es un trabajo fácil. No tenemos ante nosotros un camino llano que conduzca al futuro. Pero rodeamos o superamos los obstáculos. Tenemos que vivir, por muchos que hayan sido los cielos que hayan caído sobre nosotros.”

Si nos inspiramos en ambos, ¿podremos llegar a decir, dentro de no demasiado tiempo, que es la crisis la que realmente ha entrado en periodo de recesión?

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