Be my baby

Quizá la primera vez que la oí fuera en uno de esos veranos en que se roza la adolescencia y se comienza a descubrir otro mundo, todavía misterioso, en las risas de las chicas mayores y en algunas canciones de la radio. Luego la he escuchado muchas veces en distintas versiones, en muchas circunstancias y siempre ha sido una referencia de alegría y de frescura, de esa fantasía de burbujas que asociamos para siempre a la juventud.

Y es que no hay más que mirar los ojos incendiados de Veronica Bennett, mientras canta la canción, para intuir la energía dionisiaca que habita siempre en cada generación de adolescentes, la fuerza del deseo, la libertad radical que los desborda y que emerge, de una u otra manera, a pesar de todas los límites sociales que se les imponga.

The Ronettes fue un grupo musical de chicas que surgió en 1960 en Nueva York. Duraron poco porque Verónica se casó con Phil Spector y como ocurría por entonces fue engullida por la fama de su marido y abandonó su trabajo hasta que se divorció diez años después. Incluso éste consiguió durante muchos años, hasta 2007, que el grupo no estuviera en el “salón de la fama del pop“.

Mirad sus ojos. Escuchad la canción y dejaros transportar al verano de las noches verdes, donde no había que elegir todavía, donde el mar era un sabor tan largo como un vaso de leche, como el olor de un cuerpo todavía desconocido pero muy amable, tan suave como la piel de los melocotones o la sonrisa de las cerezas. Be my Baby.

 

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