El ser y la bruma

Compartimos con la bruma ser el ochenta por ciento agua y el noventa por ciento duda.

Pero si todas las personas somos bruma, algunas aun más: las más creativas, geniales o artistas.

Escondidos en la bruma roban al agua sus esencias. Por eso saben mutar, fluir e influir, y consiguen aprender a evaporarse, a nebulizarse a arcoirizarse.

Así logran sorprendernos o sobresaltarnos, sosegarnos o conmovernos.

Sus brumas son a veces calimosas y les dejan descubrir nuevas visiones, pero, otras veces, son tan densas que apenas les permiten intuirlas.

Más, ellos son curiosos y atrevidos, inquietos y porfiados, como el agua misma.

Así, descubren que entre la bruma siempre está el agua, y que en el agua siempre hay arte, y que en el arte siempre hay vida.

Lo dicho, todos somos ciegos en la bruma, pero algunos logran vislumbrarla.

Ellos nos enseñan a ver más lejos, a saber más cosas, a dar auge a la vida.

Por eso admiramos sus creaciones y su vigor nos vivifica.

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