En caso de duda, Chandler

De vez en cuando, hay que volver a Chandler, aquí al menos volveremos a menudo, porque estos tiempos se parecen cada vez más a los suyos y conviene aprender algunos trucos.

Cuando todo se ve un poco turbio y es difícil distinguir lo que vale la pena o con quién se puede tomar una copa con cierta confianza, hay que volver a leer “El largo adiós”. Y entonces descubrir, sin mucho desconcierto, que ese tipo tan agradable con el que tomabas cócteles, de vez en cuando, en un bar elegante y algo solitario, a primera hora de la tarde, era en realidad un desconocido que te engañaba en todo pero que, sin embargo, te podía apreciar mucho y de verdad. Aunque eso tampoco era seguro, lo que resultaba más imperdonable todavía.

Cuando no sabemos qué escribir y dudamos cómo encontrarnos con la inspiración, en la que él creía, podemos intentar el método Chandler, que puede funcionar como otro cualquiera, si es que se tiene lo que hay que tener, lo que tampoco nunca es seguro del todo y , según él, no puede aprenderse en ningún sitio.

“Por mi parte espero la inspiración, aunque no la llamo necesariamente por ese nombre. Creo que para que un texto tenga vida hay que escribirlo con el plexo solar. Se trata de un trabajo duro en el sentido de que te puede dejar cansado, incluso agotado. No es un trabajo de esfuerzo consciente. Lo importante es que debe existir un espacio de tiempo, pongamos un mínimo de cuatro horas al día, en el que un escritor profesional no haga nada aparte de escribir. No es preciso que escriba, y si no se siente inspirado más vale que no lo intente. Puede mirar por la ventana o hacer el pino o revolcarse en el suelo, pero no debe hacer ninguna otra cosa concreta: ni leer, ni escribir cartas, ni hojear revistas, ni firmar cheques. O escribe o no hace nada. Es lo mismo que mantener el orden en la escuela. Si consigues que los chavales se comporten, tendrán que aprender algo para matar el aburrimiento. He comprobado que funciona. Dos reglas muy sencillas: A, no es necesario que escribas. B, no puedes hacer nada más. El resto sale solo.”

Raymond Chandler
“Chandler por sí mismo” . Debate, 1990

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