Some like it hot

 

Dicen que el rodaje fue todo lo contrario a una balsa de aceite y que al principio Marilyn no quería hacer la película, como tampoco quiso Sinatra, por lo que al final la terminaron haciendo Tony Curtis y Jack Lemmon.

Dicen, que en aquella época, Marilyn tomaba pastillas de todos los colores para olvidar que tenía que olvidar el infierno de Norma Jean y que, a veces, iba dando tumbos, siempre protegida por Paula Strassberg y que cada vez era más difícil de adivinar la hora en la que aparecería por el rodaje, lo que hacía vomitar de angustia y de rabia a Billy Wilder que tiempo después declararía: “Soy el único director que ha rodado dos películas con Marylin Monroe. La Academia de cine debería entregarme una medalla de gran herido de guerra”.

Dicen que en aquella época JFK tenía con Marilyn algo más que un lío de faldas y que ella comenzaba a atesorar sueños de grandeza, quizá sustituir a Jackie, quizá ser algún día la mujer del presidente, aunque los dos seguían teniendo sexo casi compulsivo con todo el mundo y Miller ya se había dado cuenta que no se había casado con un ángel.

Some like it hot” se estrenó en Chicago, por eso de que iba de la prohibición  y de gánsteres, el 18 de Marzo de 1959. Justo aquel día JFK andaba por allí para tratar con Sam Giancana, el jefe de la mafia de la ciudad, el antiguo socio de su padre, las contrapartidas de su apoyo para ganar las elecciones de 1960. Se dice que aquella noche, Marilyn y JFK,  durmieron juntos en una suite del Hotel Ambassador, sobre un colchón probablemente lleno de micrófonos, de muchas procedencias,  que los espiaban sin cesar.

Dicen todo esto, pero viendo la película es difícil creer que esa rubia tan burbujeante tuviera que repetir tantas veces la tomas y que esa frescura, que se refleja en la escena de la playa, donde las chicas de la orquesta chapotean en el agua, no emergiera directamente de un mundo limpio rebosante de alegría de vivir. Igual que es difícil no percibir algo nuevo y jovial en las imágenes de aquel “Camelot” que estaba a punto de formarse e instalarse en la Casa Blanca.

Pero dicen que justo en ese momento cuando estaba a punto de nacer la “nueva frontera”, nada era lo que parecía y resultaba difícil distinguir los buenos de los malos y todo se compraba y se vendía y quizá todo, al final,  fuera un problema de fotogenia, de las imágenes que quedan pasado el tiempo, que como los nombres son ya secuencias suspendidas casi en el olvido, indistinguibles de las de ficción.

Veo otra vez “Con faldas y a lo loco”, mientras leo “Marilyn y JFK” de François Forestier y me dejo llevar por el discreto encanto de los gánsteres de los tiempos pasados frente a los que veo cada día en los telediarios, por la risa fresca de esa chica que daba besos tan verdaderos que a Tony Curtis le parecían los de Hitler.

 

 

 

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