De compras
Hay lugares cotidianos diseñados para no interrumpir la marcha de nuestros tránsitos obligatorios. El supermercado es uno de ellos, con su funcional arquitectura de pasillos y estanterías metálicas. Cuando entramos en nuestro supermercado habitual actuamos mecánicamente, siguiendo el mismo itinerario, sabiendo lo que queremos e intentando obtenerlo rápidamente para continuar con nuestra rutina. Cuando entramos en uno que no conocemos, la única preocupación que añadimos es la de localizar los productos buscados lo antes posible. Nadie de los que arrastran cestas y empujan carros entre la mercancía parece concentrado en otro fin que no sea el de comprar y salir de allí.