De compras

Hay lugares cotidianos diseñados para no interrumpir la marcha de nuestros tránsitos obligatorios. El supermercado es uno de ellos, con su funcional arquitectura de pasillos y estanterías metálicas. Cuando entramos en nuestro supermercado habitual actuamos mecánicamente, siguiendo el mismo itinerario, sabiendo lo que queremos e intentando obtenerlo rápidamente para continuar con nuestra rutina. Cuando entramos en uno que no conocemos, la única preocupación que añadimos es la de localizar los productos buscados lo antes posible. Nadie de los que arrastran cestas y empujan carros entre la mercancía parece concentrado en otro fin que no sea el de comprar y salir de allí.

 

Hay lugares cotidianos diseñados para no interrumpir la marcha de nuestros tránsitos obligatorios. El supermercado es uno de ellos, con su funcional arquitectura de pasillos y estanterías metálicas. Cuando entramos en nuestro supermercado habitual actuamos mecánicamente, siguiendo el mismo itinerario, sabiendo lo que queremos e intentando obtenerlo rápidamente para continuar con nuestra rutina. Cuando entramos en uno que no conocemos, la única preocupación que añadimos es la de localizar los productos buscados lo antes posible. Nadie de los que arrastran cestas y empujan carros entre la mercancía parece concentrado en otro fin que no sea el de comprar y salir de allí.

Quizás por esto han dado tan poco juego para las ficciones, basadas casi siempre en momentos cómicos derivados de persecuciones en su interior donde tienen lugar toda clase de absurdos derribos y caídas o atracos violentos. Hay excepciones, como aquella magnífica escena de The Hurt Locker (En Tierra Hostil)(Kathryn Bigelow, 2008) donde Jeremy Renner, un soldado de vuelta de peligrosísimas misiones en Irak se siente superado por la enorme cantidad de cereales entre los que debe elegir y comprende que está mucho más capacitado para desactivar bombas que para hacer la compra, lo que le lleva a abandonar de nuevo a su familia y retornar a Oriente Medio; o la historia de la canción que Bruce Springsteen ambientó en esta superficie; o el corto de Sean Ellis que fue después película, Cashback; o también aquél rarísimo disco de Jean Michel Jarre del cual sólo existe una copia original en el mundo, Musique pour Supermarché (1983).

 Pero, en general, no parece el lugar idóneo para detenerse y abstraer realidades. Y sin embargo, en pocos sitios se entrecruzan éstas de forma más verdadera. El hecho de que acudir al supermercado sea un acto tan necesario y repetitivo hace que mientras estamos dentro nadie se cubra de apariencias y falsee su imagen. Allí las historias vitales de todos se pueden imaginar con transparencia, hay mucho más que silencio en esos cruces anónimos por los pasillos. Las columnas de espejos se encargan de delimitar esas realidades pero a la vez mostrarlas reunidas, en un juego de reflejos múltiples que no es sino el reflejo de los múltiples pedazos de vida que se están cruzando allí. El notable colorido que poseen los supermercados (en el que rara vez nos fijamos) pone el fondo para intentar que todo esto quede capturado gracias a la fotografía.

Notas: La serie fotográfica “De Compras” fue galardonada con el premio de Mejor Serie en el Certamen de Colegios Mayores de Madrid en 2010. La segunda de las fotografías, además, fue galardorada con el Segundo Premio individual en la categoría de Color.

 Las fotografías fueron tomadas en el supermercado de la Calle Abastos 6, en Aranjuez (Madrid), el 8 de noviembre de 2008.

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