Rebelde sin causa

 

En la adolescencia todo esta lleno de cargas muy pesadas, de juegos muy peligrosos y levantarse por la mañana, para ir al instituto, puede ser un gesto tan arriesgado como decidir ir a una guerra o exponerse a un viaje lleno de peligros.

Detrás de ese chico rubio de apariencia frágil o de esa chica delgada de los ojos oscuros, que toman el sol sujetando sus carpetas o fumando un cigarrillo, pueden habitar seres muy atormentados que basculan entre la desesperación y la esperanza. Él puede aparentar valentía precisamente porque se siente un cobarde y ella amor por un chico malo precisamente porque lo añora o porque solo quiere sentirse atractiva. Lo que falta, muy a menudo, determina las apariencias y las conductas, aunque esto no siempre es así y quizá todo sea mucho más complicado.

 

 

Pero volver a ver “Rebelde sin causa”, seguir los avatares de Jim (James Dean), de Judy (Natalie Wood) y de “Platón” (Sal Minneo), en ese Technicolor que hace la realidad tan neta y tan irreal a la vez, produce la sensación de poder volver a moldear algunas cosas esenciales del pasado. Y así tener la oportunidad de mirar algunos ojos o paisajes que estaban ahí y no vimos; de decir algunas palabras que callamos; de mantener algunas posturas de las que huimos hacia atrás o hacia delante; de desconfiar de algunas emociones desde las que todo resultaba tan claro o tan oscuro; de rebelarnos justo con lo que nos impedía crecer, lo que podríamos hacer esta mañana, con una cazadora roja o una cinta en el pelo, como cualquier inicio del verano.

 

Etiquetas de este artículo
More from Ramón González Correales

El discreto encanto de las cerezas

Para las lágrimas siempre hay motivos o es fácil inventarlos, porque a...
Leer más

9 Comentarios

  • Trabajo con adolescentes, y puedo decir que son sencillamente tontos, la gran mayoría. No en un sentido insultante -muchos son muy majos-, sino en uno estrictamente diagnostico. El niño que fueron antes era mucho más listo que ellos, que se han dejado llevar por la moda que sea y gustan de travestirse en lo que no son. Me di cuenta ayer de que los niños jamás se miran en los espejos; el adolescente no hace otra cosa. Será que están formateando la cabeza, será que ya saben mucho pero no cómo asimilarlo o emplearlo, lo que sea… pero como personajes románticos de película los encuentro más bien ridículos. La película mencionada precisamente lo deja bien claro (sólo en contraste con padres autoritarios y rancios podría brillar un memo como el protagonista de la película, en mi opinión).

    La naturaleza es sabia y por eso fabrica adultos… ;-P

  • James Dean, por ser un hombre extremadamente atractivo y por su encanto natural, personal, que se filtraba en cualquiera de sus papeles, es sin duda un mito, y porque él es un mito es un mito esta película, que hay que reconocer que en realidad es muy pero que muy mala.

  • “Tontos” es mejor que “infames”, pienso. Ante el panorama de desesperanza mediocre que se les avecina, tienen cinco reacciones típicas, a cual más tonta e irreal:

    1-Rajoy es un señor muy serio que nos va a sacar de esta. Lo que pasa es que los “rojos” lo han dejado todo hecho un desastre y ahí siguen, poniendo palos a la rueda de un país que no sienten y tal.

    2-“De mayor quiero ser actor porno”, entre los chicos. Está claro a que dedican las tarde que no estudian… Las chicas, en cambio, aspiran a ser como mucho enfermeras o profesoras de infantil: lo de la “ética del cuidado” totalmente integrado, no nos podemos quejar.

    3-Lo que molaría es ir a la cárcel. Das un golpe guapo y si no te sale bien el Estado te mantiene unos cuantos años, pagándote alojamiento y manutención. Por muchas películas de cárcel que han visto, no han aprendido el tipo de vida que se lleva en esas encomiables instalaciones…

    4-Buscas un trabajo modesto que te permita tener algo de tiempo libre para jugar a la play y dormir. Tienen 16 o 17 años y lo que más les gusta en el mundo es dormir.

    5-Hacerse “youtuber” y petarlo. Esos ganan una pasta sin salir de casa. Y haciendo simples payasadas.

    Hay causa pero no hay rebeldía. Por lo menos parece que al personaje de James Dean se le removía una necesidad de fundar las relaciones de amor y amistad sobre unas bases más auténticas que las de sus padres. Luego llegan a 2º de Bachillerato, los que llegan, y se hacen más cabales. Y más acojonados, también, por el trabajazo que ven que les espera para no conseguir nada. La vida…

  • -¿Por qué hacemos esto?
    – Porque algo hay que hacer

    Escribo de memoria pero creo que esa es la síntesis del diálogo que mantienen los dos adolescentes allí en lo alto del acantilado poco antes de jugarse la vida. Puede parecer ridículo, pero si lo pensamos, es algo que no dejamos de hacer de una u otra forma a lo largo de los años en más de una circunstancia. 

    Es verdad que los adolescentes son gregarios, que hacen cualquier cosa por llamar la atención o complacer al grupo, que tienen miedo y a menudo son matones y crueles. Que son alexitimicos y casi no pueden expresar con palabras todo lo que sienten y lo hacen con conductas a veces muy estúpidas o auto destructivas. 

    Pero también son puros, radicales, trágicos, alegres como nunca después, soñadores y saben detectar desde muy lejos a los hipócritas o a los que les dan consejos desde muy arriba sin quererlos nada. 

    La adolescencia es una edad de la vida por la que pasamos todos. Ese momento en el que tenemos que encontrar un lugar en el mundo, encajar en el guante social, demostrar que posemos la energía y el atractivo que nos permita sobrevivir en un mundo bastante hostil. Tomar decisiones trascendentes cuando todavía sabemos tan poco o tenemos tanta tendencia a los sesgos. 

    El adolescente que fuimos siempre persiste en nosotros, de una u otra manera y nos pasamos la vida apaciguandolo o avergonzandonos de él o deseando todo lo que el no logró o perpetuando dinámicas que vienen de aquel tiempo aunque lo hayamos olvidado. Esa necesidad de compararse, de sentirse alguien o sentirse querido. También ese impulso que permite seguir viviendo un poco a ciegas, lanzandose a la piscina una vez más con los ojos cerrados. 

    Así que más nos vale reconocerlo dentro de nosotros, reconciliarnos con él, quererlo un poco, sin subirnos demasiado a la parra desde las alturas de otras fases del ciclo de la vida en la que probablemente seguimos siendo igual de patéticos e ignorantes, algunas veces, si lo pensamos un poco.  Sobre todo si pretendemos enseñarles algo y sabemos del poder de las palabras y sobre todo de los modelos. Porque los adolescentes precisan “maestros” en el sentido griego del término y nunca son demasiado fáciles de encontrar, incluso entre los padres.

    “Rebelde sin causa”, muestra algunas cosas que ocurrieron y seguiran ocurriendo. Eso sí en technicolor y con unos actores magníficos que trasmitían en sus personajes lo que les estaba ocurriendo en sus propias vidas. Y luego Nick Ray. Un adolescente perpetuo con mucho talento para el cine y mucha intensidad en su vida. Por eso decir que la película es mala ….

  • Está muy bien dicho, me convences.

    Pero a veces me siento “maestro” en el sentido de aquellos esclavos griegos utilizados en el imperio romano para desasnar a los hijos de los ricos. Desasnar y desbravar, habría que decir respecto de los más pequeños. Porque mucho después de James Dean pasando la noche vagabundeando, han descubierto los móviles, que ya no son tan aventureros (y cuando lo son, peor…) La cultura, desde luego, les parece absurda, y tal vez no les falte razón, pero luego creen tranquilamente en los espíritus. Miden cada día que llevan saliendo con una pareja determinada, como si el compromiso fuera un puñetero milagro. En fin, que es todo eso que tú dices, pero el esclavo griego que enseña filosofía o lo que sea a los adolescentes -que vendrá de “adolecer”, digo yo- a menudo echa de menos a sus verdaderos colegas, si es que le queda alguno…

  • Te comprendo Oscar e imagino el difícil trabajo que tienes. Pero me temo que eso tiene que ver menos con los adolescentes que son como son y son muy plásticos, y más con una venganza que la realidad se toma cuando se persiguen bellos ideales, hipotéticamente progresistas, ignorándola del todo y creando de continuo molestas paradojas. 

    Educación obligatoria académica al mismo nivel hasta los 16 años para todos los chicos quieran o no recibirla o tengan las cualidades o características que tengan. De pronto un privilegio que sólo era para unos pocos pasa a ser obligatorio para todos, que no siempre lo valoran ni lo desean y no pueden escapar de ahí. Un doble vínculo.

    Paradigma educativo de la “tábula rasa” de partida, sobre lo que Pinker ya dijo algunas cosas hace algunos años, como que el infierno esta lleno de buenas intenciones.

    Desprestigio de todo lo que tenga que ver con (auténtico) mérito o conocimiento, tanto para los alumnos como para el profesorado ya que se supone que hay otros valores psico educativos o sociales más elevados.  Lo que implica que no existen demasiados incentivos para los que se esfuerzan (y me temo que en esto sí que los humanos solemos ser como ratoncillos estímulo respuesta). En este cajón podemos meter la práctica desaparición de las oposiciones libres para optar a las plazas del profesorado de una forma independiente, lo que sin duda quita mucha esperanza a los jóvenes y los llena de resentimiento.

    Como veníamos de una educación autoritaria y clasista quizá no se supo reformular algunos valores creo que esenciales para la educación, como respeto, autoridad, esfuerzo, disciplina e incluso sacrificio, es decir la importancia esencial en algunos momentos de “hincar los codos” para aprender, como leía que decía por ahí un experto el otro día. El péndulo se fue al otro lado y el resultado es el que es, sobre todo en la educación pública.

    Todo esto, por supuesto, perjudica sobre todo a los que más se quería beneficiar, supuestamente a las clases sociales más humildes, ya que las clases más acomodadas llevan a sus hijos, si pueden y a veces contra sus deseos, a los colegios religiosos de siempre o al liceo Francés o similares, si es que tienen la suerte de poder pagarlos y de que tengan uno de esos colegios cerca o un contacto para entrar.

    Así que mi consulta se llena de profesores angustiados que no ven salida a todas las paradojas que se les crean cada día y no tienen recursos (es decir poder real) para afrontarlos. Una situación muy parecida a la de “indefensión” que decía Seligman y que lleva a eso que también se llama Burnout. Por supuesto quizá se queman más los más idealistas, los que tenían más expectativas, los que se resignan menos. 

    Frente a eso leo lo que cuenta Tony Judt en “El refugio de la memoria” sobre su educación pública en la Inglaterra de la Postguerra o lo que encontró cuando estuvo en “L’Ecole Normal Superieur” de París, donde pudo llegar como a Cambridge desde su origen humilde.  Y pienso que quizá las cosas podrían ser de otra manera.  

    Aunque también soy consciente de que quizá exagero un poco y por suerte hay muchos buenos alumnos y profesores que consiguen salir adelante haciendo muy bien las cosas en el sistema educativo que tenemos. No me gustaría ser tremendista ni injusto.

  • Más que difícil, es algo cansino, pero tiene muchos buenos momentos. Y la profesión del esclavo griego es cómoda y bien pagada, aunque intensa en exceso. No creo que pase por tu consulta, de todos modos. Sin embargo, ¡quién pillará a un Tony Judt con acné!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *