Canciones de otro tiempo

Cuando leí “El invierno en Lisboa” sentí una envidia dulce, un poco ambivalente,  porque Antonio Muñoz Molina era entonces muy joven, solo un poco mayor que yo, y había conseguido escribir una novela que a mí me hubiera gustado escribir, llena de jazz, de noche, de deseo, de amores perdidos y de seres solitarios que de pronto, casi por accidente,  encuentran una causa  por la que les merece la pena arriesgar una vida que nunca les ha pertenecido del todo. Eso en el escenario de dos ciudades con mar y un cierto grado de decadencia. Luego lo he seguido leyendo muy a menudo,durante muchos años,  sobre todo sus artículos de los periódicos donde tiene la capacidad de atrapar instantes de vida, o sensaciones o reflexiones  con las que a menudo me identifico y con las que sigo teniendo la misma sensación: esto me hubiera gustado escribirlo a mí. Ahora, muy a menudo, comienzo las mañanas leyendo la entrada de su blog, como si fuera una parte del desayuno,  donde sigo alegrándome de  que se pase medio año en Nueva York y que visite esas librerías tan maravillosas que debe haber allí o esos museos que les gustan tanto y a veces recuerdo otros textos suyos  y los releo como una forma de agradecerle  que escribiera fragmentos como éste en 1987, en una revista tan exquisita y singular como era Barcarola entonces. Y que yo tuviera la suerte de encontrarlos

 

 

“Decía Fanny Ardant en una película muy triste de François Truffaut: “Me gustan las canciones de la radio porque siempre dicen la verdad”. Mientras escribo yo oigo siempre esas canciones, me llegan como las luces de esas ciudades próximas a la carretera general por las que pasamos de noche desconociendo sus nombres, imaginando por un instante, con la imaginación sonámbula de los viajes nocturnos, como serán las vidas usuales de esas gentes que ahora duermen. A veces, por casualidad una canción de la radio me hace regresar a una tarde precisa de hace quince años, me devuelve la plenitud de una sensación o de un dolor olvidados. Entonces la habitación donde estoy escribiendo y las cosas que veo al levantar los ojos hacia la ventana se vuelven irreales, y mis palabras son mentiras. Solo las canciones de la radio dicen la verdad.”

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