La obsesión de Pla

Perseguía la palabra perfecta igual que un cazador intuye el rastro de un animal, el capitán de un viejo barco busca los destellos del faro o un caminante juega a pisar las huellas recientes de otros pies en la arena húmeda, justo un instante antes de que una nueva ola las borre. Para Josep Pla la vida era mucho más complicada que la literatura. Solía decir que la única cosa que había hecho a lo largo del tiempo había sido tratar de poner adjetivos y sustantivos e insistía en su ignorancia, no tanto por falsa modestia como porque, tal vez, estaba convencido de que todavía le quedaban demasiadas páginas por leer.

Como reconocía en una entrevista que concedió a Joaquín Soler Serrano en 1976, decía haber vivido muy poco: “No sé por ejemplo lo que es un amor: me he enamorado de un paisaje, de una ciudad, de un árbol o de la hierba. No creo mucho en los seres humanos y supongo que los seres humanos tampoco creen en mí”. Y eso se notaba en sus textos. Pero no como podría esperarse, con desdén por la vida o la mirada resentida de un ermitaño, sino, al contrario, con curiosidad. Basta abrir cualquiera de las páginas de El cuaderno gris para encontrar “lo que más abunda o rebrilla en él”, como explicaba quien se encargó de traducirlo del catalán al castellano, Dionisio Ridruejo, “sus paisajes, sus retratos y sus instantáneas en las que el instante queda detenido y aprisionado en la misma condición que su fugacidad”.

 

 

Puede que sea posible convertir en oficio la búsqueda de palabras, pero tener la capacidad para elegir las idóneas es una habilidad huidiza, una rareza. Para él, una forma de explicarse la realidad, de definirla con mayor precisión. Esa capacidad narrativa, su manera de utilizar el lenguaje, excede las fronteras de Cataluña, sin duda, pues, pese al empeño en mantenerle dentro de los límites de su lengua, lo cierto es que Pla es universal.

No le conocía más allá del apellido y algún jirón de su biografía enganchado en mi memoria, relacionado con su gran peso en las letras catalanas y una eterna condición de eremita…Hasta que comencé a leer precisamente este dietario, escrito entre el 8 de marzo de 1918 y el 15 de noviembre de 1919, aunque no fuese publicado hasta 1966. Han pasado muchos libros por mis manos, por la mesilla, por el bolsillo de mi abrigo en los últimos tiempos, pero me doy cuenta de que son estos primeros apuntes de Pla los que siempre están ahí. Con ellos arrancan sus Obras Completas, una obsesión por compilar todo lo que escribió durante su vida, revisado permanentemente por su autor. En El cuaderno gris, un joven de poco más de 20 años relata día a día sus impresiones personales y literarias sobre esos casi dos años de su vida, personajes, paisajes y costumbres de su entorno y de la Barcelona posterior a la Primera Guerra Mundial. Y es un placer acompañarle mientras mira y reflexiona sobre lo visto.

Dionisio Ridruejo

El prólogo de Dionisio Ridruejo, que no es tal, porque murió antes de poder escribirlo, justo cuando estaba haciendo las últimas correcciones del libro, está tomado de varios textos escritos durante el periodo de traducción y muestra cómo disfrutó la tarea. Imagino tener la misma suerte que él: la posibilidad de traducir un libro que te emociona en el mismo lugar donde nació su autor, Palafrugell. Como dice Ridruejo, “la impregnación lumínica, meteorológica, topográfica, táctil y olfativa ayuda enormemente a comprender, y la tipología, aún más”. Trato de aventurar qué sentiría si dispusiera de todo el tiempo del mundo para cuidar cada adjetivo, con la misma amorosa obsesión del autor. “Es una delicia -y un estupendo aprendizaje- encontrarse con la adjetivación de Pla, muchas veces seriada y gradualmente acumulativa, para perseguir el matiz -decía Ridruejo-, y con bastante frecuencia insólita, renovadora, tácitamente metafórica, que aplica a una especie de adjetivos que corresponden a otra, jugando también a barajar las notas de los sentidos y las notas de la valoración moral o ética”.

El escritor utiliza frases muy sencillas, sin ningún truco. Cada párrafo es un homenaje a cada momento vivido. No sé si los disfrutó tanto mientras los experimentaba como contándolos después. O como reescribiéndolos más tarde. Parece rozar con los dedos cada sensación, muy despacio. Y es que leer a este escritor ralentiza el tiempo, sosiega al lector. Los adjetivos levantan a los nombres y los impulsa hacia arriba. Consigue que crezcan como una magdalena que desborda el molde mientras adquiere tonos dorados. Los nombres tienen, incluso, olor.  Y escribe párrafos con tanto encanto como éste: “Me hace gracia pensar que no tuve que hacer más que nacer y salir de paseo por las calles para provocar ideas elevadas y movimientos de calidad en los habitantes de mi villa natal. De mayor no he llegado nunca a producir unos resultados tan convenientes y admirables”.

 

 

Para él el adjetivo o el sustantivo idóneos no eran los más deslumbrantes: “Eran los que facilitaban la labor de hacerse inteligible para la gente más sencilla”, como explica Ridruejo. Pero bajo esa aparente sencillez, para conseguir que los ojos vuelen sobre las líneas, la ausencia de artificio no basta. Pla trabajaba sobre cada frase, la pulía hasta dejarla desnuda, sin nada superfluo, a su juicio. Y su sistema funciona.

“Después de cenar, tras un día pesado, de calor bochornoso, descarga un gran chaparrón de verano, con truenos, relámpagos y toda la celestial pirotecnia. En este país, la lluvia es siempre una delicia. Cuando llueve, ahora, no cuesta nada imaginar la sensación física de placer que deben de sentir los árboles. La aparición del agua en este país polvoriento y sahariano tiene que ser para la sensibilidad vegetal como una caída en la delicuescencia, La captación de placer que para los tejidos de los árboles, de las hierbas, de la tierra, tiene que representar un determinado grado de humedad y de agua se podría dibujar como una línea ondulante situada entre el espesor de la muerte por descomposición y el mantenimiento de la vida por acentuación de una forma precisa, viva, estricta. Esta línea forma el diagrama de toda nuestra aventura cósmica”.

 

Pla y Dalí

Pla defendía la observación frente a la imaginación e insistía en que no había nada emocional en sus páginas, pues no habría escrito ni una sola línea sin racionalizarla primero, decía. Pero, discrepo y es posible encontrar ejemplos en todas sus páginas que destilan una mirada mucho más sentimental de lo que él mismo hubiera podido reconocer. He aquí un ejemplo de su intensidad.

“A veces tengo la lágrima inexplicablemente fácil- simple reflejo incontrolable de la víscera cordial sobre los lagrimales-. Esta facilidad lagrimal, sobre todo en su primer periodo -la humectación-, que es el que hace mayor efecto, me ha valido algunas escenas de adhesión femenina que quizá me hubiera convenido más eludir (…) en el terreno sentimental  no soy un hombre de términos medios, bien administrados, convencionales y basculados. Soy hombre de todo o nada: Aut Cesar, aut nihil…”.

 

Aly Herscovitz

Trabajaba muchas horas: escribía de noche y también se levantaba temprano para hacerlo, muy cerca de su paisaje favorito, el que, al final le acompañó más años y que le hizo definirse así: ” Soy un animal de tierras llanas o, como mucho, ligeramente onduladas; un animal horizontal”.

Miro a mi izquierda, mientras escribo, y ahí está la portada con su sombrero. Siempre sonrío al verla. Si lo cojo entre las manos, veo ya los cantos arrugados de su portada, las páginas por las que se abre solo, que evito para redescubrir otras. Siempre hay alguna sorpresa. Es sencillo. Es un compañero útil. Lo cojo en este instante y me aventuro entre líneas para que sea él mismo, una de sus frases, la que ponga el final a este texto, con esa capacidad para llevarse la mente del lector lejos, junto a él, a aquellos veranos que describe tan bien.

“(…) Acostumbrados al aire libre, a la vida holgada y sin estorbos, la villa nos parecía estrecha, las calles enrarecidas y achicadas. Ponernos los zapatos era un problema. La ropa nos embarazaba. Abrocharnos el botón del cuello de la camisa era difícil. Todo nos iba pequeño. A mediados de septiembre caía el primer chaparrón y el país tomaba un aire otoñal y dulcísimo. El aire quedaba limpio, la tierra perdía aspereza, los cielos incandescentes del verano volvíanse de un azul tierno. El chaparrón facilitaba la entrada de los botones en los ojales correspondientes (…).

 

 

La literatura y la vida (la literatura o la vida)

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2 Comentarios

  • El ‘Caso Pla’ tiene dimensiones literarias y extraliterarias; policiales y extrapoliciales; políticas y extrapolíticas. Ya se sabe el papel desempeñado en Madrid en el advenimiento de la República en 1931, como observador ¿imparcial? y muy distante de los sucesos.
    Las últimas visiones tienen que ver con su renuncia al mundo y su propuesta de escritura solitaria, tras su larga corresponsalía periodística en el exterior. Oculto, a lo Montaigne en su castillo, el optó por el Mas y por sentirse un propietario, un rentista achacoso o un payés acomodado. O como hicieran otros memorialistas franceses, a los que admiró, pese a ser nobles como Saint Simon.
    Encerrado en su masía de Palafrugel, renuncia a toda pompa y circunstancia del mundo para erigir una obra morosa y pegada al suelo del país. Una obra que parece marchar sola, escrita al calor de la chimenea, bajo el terrado en verano y en cuadernos escolares quemados por las brasas de los Ideales que manchaban dedos y labios.
    Obra de difícil valoración, por la dificultad de la captura del personaje. ¿Donde está el autor? Aunque leerle sea un placer singular, otras veces escucharle es escandaloso y temible. O lo que hoy diríamos, sus opiniones son políticamente incorrectas. Anécdotas hay a montones que lo atestiguan. Perros, políticos, modernos, progresistas, niños, mujeres y clase de tropa, no escaparon al vitriolo de sus observaciones certeras, pero incómodas.
    Pla un símbolo de difícil utilización, por no saber ni donde va ni con quién: ¿españolista?, ¿nacionalista?, ¿reaccionario?, ¿antiguo?, ¿matacuras?,¿misántropo?, ¿estilista?, ¿descuidado? Vaya usted a saber.

  • El”caso Pla” me recuerda al “caso Borges”, salvando todas las distancias. La valoración literaria de ambos ha estado muy marcada por sus opiniones, por su imagen pública que, a menudo, no han coincido con lo que se esperaba de ellos. sobre todo en tiempos en que los escritores tenían que definirse políticamente y donde parecía meridianamente claro quienes eran los buenos y quienes los malos: donde había que estar en suma. Quizá el “caso Dalí” también tenga una cierta relación por los mismos motivos. o muchos otros, como la reciente polémica en Francia por el “caso Celine”.

    Suscitan de inmediato filias y fobias bastante viscerales, incluso entre gente que no los ha leido nunca, y se presta a la descalificación personal por cualquier anécdota o comentario más o menos cierto, más o menos discutible. Por otro lado, pocos dudan de sus cualidades literarias o artísticas pero..

    Lo que lleva al debate clásico de si la obra debe juzgarse al margen de la trayectoria vital del escritor o el artista o no. Tema no resuelto y que quizá no se resolverá nunca del todo. En eso hay un debate siempre abierto con poderosos argumentos por los dos lados, que pesan más o menos según los tiempos, según la perspectiva.

    Por mi parte solo puedo decir que tras mis iniciales reticiencias con Borges, ahora lo leo casi a diario. Lo que no quiere decir que comparta todas sus opiniones y gustos. Pero leerlo aporta algo muy agradable a mis días, un extraño sustento que me conecta con muchas cosas. Igual me pasa con Pla. Cada vez lo leo más porque es algo muy parecido a eso que se llama “un escritor de raza” y porque también ilumina la vida cotidiana de una manera muy agradable, descubre detalles, aporta densidad, ayuda a descubrir el mundo. Incluso en su libro sobre la República, al margen e lo que se piense de sus opiniones, es imposible no fascinarse por lo bien que escribe, por como capta la vida o su visión de la vida e incluso lo que es este pais.

    Los escritores y su relación con nosotros a través del tiempo. Un tema hasta cierto punto misterioso y muy interesante

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