Prefabricación y estilo (de vida)

1945. Europa está desolada, paralizada. No es asunto de este artículo narrar los horrores de una guerra en términos históricos, económicos, políticos o sociales. Pretendo más bien situarme en un ámbito más cotidiano, el de la vida en casa. Muchos de los damnificados de la Segunda Guerra Mundial acabaron viviendo con sus familias, amigos, o en viviendas abarrotadas. Sobre todo los jóvenes, necesitaban un lugar donde establecerse y formar una familia, y, precisamente, las viviendas prefabricadas fueron la solución perfecta para dar un empujón demográfico a las zonas devastadas.

Esta parte de la historia de la arquitectura es difusa. La mayor parte de los diseños no llevan la firma de un arquitecto, sino de una empresa. Por ejemplo, en Inglaterra se llevó a cabo el TPH (Temporary Housing Program), en el que el gobierno invirtió en prototipos de viviendas prefabricadas. En el proceso de proyecto participaron muchas compañías privadas que ofrecían diferentes modelos de viviendas. Un ejemplo curioso son las AIROH (Aircraft Industries Research Organization on Housing), que empleaban materiales sobrantes de la construcción de aviones, algo que hoy sería una perfecta arquitectura del reciclaje. La arquitectura en seco en general, se extendió desde la casa unifamiliar hasta los campos de prisioneros. El asunto es: ¿estas viviendas forman parte del legado de la arquitectura? Sin duda se trata de algo aún por esclarecer para los más puristas. Inglaterra es uno de los lugares donde más se ha discutido del tema, pues allí, como antes he mencionado, se construyeron grandes extensiones de bungalows después de la II G.M. y que aún hoy continúan en pie. Este tipo de construcciones se concibieron como una solución temporal para un problema muy concreto y, por ello, su estructura y materiales son distintos de los de las viviendas que todos conocemos –con una materialidad de carácter “pesado”, por explicarlo en pocas palabras-. Esta relación de la arquitectura prefabricada con la solución de situaciones de emergencia es lo que, en muchas ocasiones, dificulta su pervivencia en el tiempo. Y es que la vida útil proyectada para estos edificios, al menos en un nivel conceptual, es más corta que la de cualquier construcción normal. Esto es un factor a tener en cuenta a la hora de cuestionar su conservación, pues ¿puede conservar sus características un edificio más allá de la vida útil de sus materiales?

Generalmente, en los momentos de mayor demanda de vivienda prefabricada, se dio prioridad a la racionalidad en los procesos de construcción y al uso de métodos no tradicionales de ejecución. La rapidez en la producción era un asunto fundamental. Al mismo tiempo los parámetros arquitectónicos de estas viviendas eran muy básicos: carecían de interés espacial, aunque la superficie estaba muy aprovechada, pero sus condiciones de luz y salubridad eran buenas. Hubo algunas propuestas mucho más arriesgadas, prototipos y experimentos, como la Wichita House (R. Buckminsterfuller) o la Quonset House (O. Brandenberger)

Resulta sorprendente saber que esta práctica de proyectos de vivienda estuvo muy presente en Europa hasta 1990. Muchas de las viviendas construidas en los inicios de la industrialización fueron pensadas para durar unos diez años, así que es normal que no hayan cumplido los estándares de calidad para llegar hasta nuestros días. Esto, claro está, ha tenido sus consecuencias, y es que Europa está condicionada por el mantenimiento y la restauración de toda esa enorme cantidad de edificios producidos sobre todo a partir de 1960. La eliminación o reforma de los barrios de viviendas de la posguerra ha suscitado grandes polémicas, quizás porque no se redactaron planes de reemplazo. Un caso muy particular es el de Exalibur State en Inglaterra, una zona residencial de bungalows construidos en 1946, cuyos usuarios defendían diciendo: “The difference is, there were still lots of Victorian buildings left but there are not many prefabs. It’s possible that in 20 years’ time people will think differently about them”[1]. Y algo similar -pero con un bloque en altura de los años 70, ahora abandonado- es lo que sucede con Heygate State, también en Londres. La sustitución de edificios es un problema en Europa por la forma que tenemos de concebirlos y vivirlos. Tokyo, por ejemplo, es la ciudad con el más alto índice de demoliciones y construcción de otros edificios nuevos, algo que está socialmente aceptado. Es como si esta arquitectura estuviera menos enraizada con lo que le rodea.

A día de hoy, muchas de las supuestas ventajas de la prefabricación aún estar por ser comprobadas. Un ejemplo claro es que no es cierto que la vivienda prefabricada abarate costes, pues, al producirse de modo industrializado, es necesario un elevado número de ventas para que compense el gasto económico. Por otra parte, los prefabricados en general todavía necesitan de mano de obra muy especializada para instalarse y ensamblar las partes, lo cual complica su construcción. Pero no todo es tan negativo. El desarrollo de la prefabricación también ha demostrado tener muchas otras ventajas. Junto a la teórica reducción de costes encontramos también una verdadera reducción del consumo de cemento y madera, además de una posible y fácil reutilización del suelo que la arquitectura ocupa. Estas actitudes de cuidado del medio ambiente son una característica a tener en cuenta a la hora de valorar este tipo de arquitectura. Otro asunto indiscutible es el ahorro de tiempo, pues no hay que detener el proceso constructivo durante los periodos de fraguado de los materiales. Y, finalmente, mayor el potencial a nivel de proyecto es que la arquitectura prefabricada puede ser desmontable.

Las actitudes acerca de la vivienda prefabricada han ido cambiando a lo largo del tiempo. Aquéllos que estaban viviendo en malas condiciones en la posguerra, estaban encantados de poder tener un espacio para vivir. Pero no podemos analizar el éxito del prefabricado bajo los estándares actuales, sino bajo los estándares de su tiempo. Si tenemos en cuenta que las viviendas anteriores a la guerra carecían de agua corriente y electricidad, los prefabricados suponen un auténtico avance. Y, aun así, su expansión no fue fácil. Hay ejemplos divertidos como la respuesta que la Administración francesa, allá por los años 40, dio a Jean Prouvé cuando propuso la elaboración de prototipos de unidades de vivienda: “Ce que vous faites… ça serait très bien pour l´anée 2000”. En aquel momento el público no estaba preparado; quizás ahora tampoco, aunque la arquitectura prefabricada ha vuelto a recuperar parte de su anterior esplendor.

Si con la moda o con la tecnología queremos estar a la última, ¿por qué en la construcción nos conformamos siempre con el mismo producto? El desafío de las generaciones futuras de arquitectos e ingenieros es conjugar novedosos sistemas de prefabricación con todos aquellos temas de interés para la arquitectura que surgen debido a la globalización y a una mayor sensibilidad por el medio ambiente. No basta solo con que exista una voluntad de conjugar arquitectura e industria. El fin es alcanzar una prefabricación de “alta costura” y no la extendida pret-à-porter. Finalmente, para ello también es necesario un cambio de valores en ese “usuario” de la vivienda que la adquiere sólo como objeto duradero para el futuro.

Le Corbusier fue un gran defensor de la arquitectura prefabricada, y realizó numerosas reflexiones relacionadas con este campo que aparecieron publicadas en su texto “Mass Production Houses” (1919). En éste decía: “Si eliminamos de nuestros corazones y de nuestra mente todos esos conceptos muertos relacionados con la casa y observamos la cuestión desde un punto de vista objetivo, llegaremos a la Máquina de habitar, a la casa producida en masa, saludable y bella del mismo modo que las herramientas de trabajo que acompañan nuestra vida son también bellas”[2].

Es muy probable que aún no estemos preparados para la producción masiva de vivienda que preconizaba Le Corbusier. Lo que sí está claro es que para que esta situación sea real se necesita un cambio: We must create a mass-production state of mind”.

 



[1] Artículo en The Guardian: http://www.guardian.co.uk/society/2011/jan/02/postwar-prefab-houses-demolition-london

[2] Le Corbusier, Hacia una arquitectura (1924)

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1 Comentario

  • SIETE NOTAS SOBRE PREFABRICACION Y ARQUITECTURA

    1. No se debe confundir Construcción con Arquitectura, como bien supo señalar el viejo Auguste Perret en los años veinte del siglo ido, al señalar los paralelismos de una y de otra, con la Prosa y con la Poesía. Aunque una (la primera) se precise en la otra (la segunda). Dicho de otra forma, no hay Arquitectura sin Construcción; pero puede haber Construcción sin Arquitectura. La Construcción sería la parte Técnica o Industrial si se quiere, frente a la encarnadura poética de la Arquitectura.
    2. También hay una dimensión productiva y económica especulativa de la Construcción que desemboca en la galaxia Inmobiliaria y que pasando por la temible Burbuja Inmobiliaria, tiene tanta relación con la Arquitectura como la Producción de ruido con la Música. A la vista de la producción inmobiliaria última intensiva y extensiva por prados y ciudades, y en palabras de Oriol Bohigas, la Arquitectura es un ejemplar excepcional y en peligro de extinción que apenas cuenta, si acaso, un modesto y tal vez exagerado ¡5%! del total inmobiliario.
    3. De igual forma, no se debe confundir Arquitectura con Alojamiento y/o Habitación, por más que se relacionen entre sí. O incluso con el proclamado Derecho Político a la vivienda digna; como acontece en España con el muy olvidado artículo 47 de la Constitución. Pero la constitucionalización del derecho a la vivienda, no garantiza su obtención. Como demuestra el desfase entre viviendas vacías, desocupadas, o en estocaje y el creciente número de demandantes de alojamiento, sin opciones de verificar el acceso a la vivienda.
    4. El problema suscitado con ese desfase entre oferta y demanda, es el que en épocas excepcionales, como las postguerras y las catástrofes o en los tiempos presente de estrangulación y agotamiento inmobiliaria, mueve a la idea de la Prefabricación como Solución y como Alternativa. Cuando bien sabemos que los ensayos y estudios sobre tal campo, que se han verificado desde los años veinte del siglo veinte, conducen a soluciones parciales y no globales.
    5. Si los fundamentos de lo que sería más tarde el ‘Estándar Productivo’ susceptible de Prefabricación, arrancarían en los Congresos Internacionales de Arquitectura de 1929 y 1930 en Frankfurt y Bruselas, con la reflexión del ‘Existenzminimun’ predicado por los apóstoles del Movimiento Moderno, como cuenta y relata Carlo Aymonino en su libro ‘La vivienda racional’. Habría que hacer consta que tal formula racionalizadora de ‘Vivienda Mínima’, a lo Alexander Klein uno de sus teóricos centrales, sería el fundamento de las políticas sociales de vivienda en la Europa de la posguerra. También España con las promociones públicas del INV, de la OSHA y de Regiones Devastadas. Políticas públicas que supusieron la puesta a punto de la posterior privatización productiva del sector, una vez arrancado el vehículo productivo del alojamiento de masas.
    6. De tal suerte que de la lógica funcional y primaria de la ‘Vivienda Mínima’ como célula básica de la habitación y de la ciudad pretendidamente racional, se pasó una vez verificada la privatización productiva del alojamiento, a la ‘Vivienda especulativa’ dentro de la ciudad del postcapitalismo financiero.
    7. Por lo que el beneficio posible de la Prefabricación como alternativa productiva a la Vivienda, resueltas las primeras entregas de carácter social, pasarían del dominio público a la vertiente privada. Y volveríamos a empezar de nuevo, como en Stuttgart en 1927 en la Weissenhof.

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