Clara (Wieck) Schumann, un ejemplo de resiliencia

Clara Schumann (13 de septiembre de 1819 - 20 de mayo de 1896)
Clara Schumann (13 de septiembre de 1819 – 20 de mayo de 1896)

 

Seguramente será mayo cuando usted lea esto. Y si hoy es día 20 de mayo aun mejor, pues es el aniversario de su muerte (1819-1896). Le aconsejo entonces que, sin dejar de leer, busque en su ordenador algo y escuche esto: Lo compuso ella, y lo tocaba, según dicen los que la escucharon, magníficamente.

 

 

Su biografía la encontrará fácilmente aquí, por lo que le evitaré la repetición del loro sabio). Y además hay un par de películas que bordan al personaje:“Pasión inmortal” 1947 y “Clara” 2008.

Si acaso conviene destacar que Clara vivió una larga vida para las mujeres de entonces: 76 años. Tuvo una extensa ascendencia (5 hermanos), y una larga descendencia: ocho hijos. Y su azarosa existencia no le fue a la zaga.

Hija de padres exigentes e intransigentes. Su padre era un prestigioso profesor y compilador de música, que fue su riguroso profesor desde muy niña. Y su madre era una reconocida cantante y pianista, a la que tuvo que imitar y superar.

Esposa del genial y enloquecido Schumann, que, además del apellido, le dio muchos embarazos, muchos quebraderos de cabeza y poco sustento.

Y ella misma, la niña prodigio, admirada y alabada por todos, pero que sin embargo tenía una “delicada” autoestima, pues se sentía fea y no se llevaba muy bien con su espejo, lo cual le empañaba sus indudables dotes para la música y la vida.

Muchos, sobre todo los expertos, consideraban que superaba el nivel de creatividad musical de su marido, y que tocaba tan bien como Liszt o Chopin, pero ella se sentía inferior, y creía que nunca iba a alcanzar la excelencia musical, y, además, se sabía mujer de su época, y se tuvo que esforzar como madre y esposa, y quizá todo eso la privó de haber pasado a la historia de la música son letras grandes, como merecía.

En una ocasión escribió en su diario: “Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?”

Los biógrafos insisten en que desde muy niña tocaba el piano como los ángeles, lo cual no fue muy bueno para ella. Y también que siendo una cría (once o doce años) se enamoró de Robert Schumann, que también era estudiante de música con su padre, pero nueve años mayor que ella. Y, claro, Clara, una adolescente arrebata de hormonas y sueños, se enamoró perdidamente y lo amó luego sinceramente hasta su muerte. Esa fue, posiblemente, una de sus mayores exigencias y fortalezas, pero también una de sus debilidades.

 

Robert y Clara_Schumann, 1847

 

Sin embargo, desde muy joven destacó por su gran madurez emocional. Superó la presión de su padre y profesor de música, la separación de sus padres, el noviazgo y casamiento con Robert – prohibido por sus padres, hasta el punto de que la pareja tuvo que enfrentarse con ellos en los tribunales de justicia-, la maternidad larga y frecuente, la muerte precoz de varios de sus hijos, la enfermedad mental incurable de su marido y su presunta sífilis, varios intentos de suicidio de éste, y finalmente su ingreso en un manicomio y su muerte dramática.

Puede que algo le ayudara en esta sufrida ascensión al triple calvario de “artista-mujer-madre”, la platónica relación – al menos eso dicen los biógrafos – que mantuvo desde 1853 con Brahms, íntimo amigo de su marido y al que también ayudó a engrandecerse como músico. Si quiere saber de este triángulo amoroso puede ver la película “Clara” de Helma Sanders-Brahms (2008):.

Hay otra curiosa circunstancia que posiblemente contribuyó a “orquestar” su evolución personal y musical. En aquella época lo común era que los músicos compusieran e interpretaran sus propias obras, como hacían Liszt o Chopin. Pero Robert Schumann se lastimó una mano y tuvo que olvidar sus esperanzas de llegar a ser un pianista virtuoso, así que se dedicó a escribir música, y Clara, frecuentemente, tuvo que tocar las obras de su marido, lo cual fue en parte bueno para ella, pero también la privó de componer sus propias obras. Por eso, al morir éste en 1856, y tras haber pasado años sin componer, volvió a hacerlo y reanudó su carrera de concertista hasta la década de 1890, cuando se retiró de los escenarios por su delicada salud que finalmente acabó con ella en mayo de 1896.

 

 

Pero lo que más nos importa destacar aquí es el ejemplo de “resiliencia” que representa Clara. Mantener el equilibrio mental frente a tantas y tantas adversidades no es fácil. Pero ella es una de esas mujeres que logran con su constancia, su compromiso, su resistencia, su generosidad y su admirable “femineidad”, llevarnos a los hombres sobre sus hombros sin desfallecer. Alguien dijo que tras cada gran hombre hay una mujer que sufre, y en este caso el acierto es pleno, pero ella pudo con el sufrimiento y logró no sucumbir a la desesperanza o la depresión. Ese es su admirable ejemplo, el cual, por cierto, nos es utilísimo en estos tiempos que nos toca sobrellevar.

Así pues, y aun más si hoy es un día soleado de mayo, le sugiero que acabe esta lectura escuchando una bonitacanción de su marido, que parece que la hubiese compuesto presintiendo que ella iba a morir en el mes de las flores:

 

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5 Comentarios

  • Qué deliciosa y bien documentada semblanza, gracias mil al autor. Mujeres como Clara he conocido varias; grandes artistas que declinan para apoyar a sus maridos, casi siempre inferiores; y además fuertes y emprendedoras. Maravillosa, Clara Schumann.

  • Muy bonito, muchas gracias por dedicárnoslo a las mujeres-madres-trabajadoras. Es una pena que no conozcamos más a estas mujeres valiosísimas. Ya quiero ver la película “Clara”

  • «Muchos, sobre todo los expertos, consideraban que superaba el nivel de creatividad musical de su marido»

    ¡Marchando una de feminismo!
    Venga, hombre, no hace falta decir falsedades ni hacer ficción histórica para vindicar el papel que mujeres brillantes como Clara Wieck o Fanny Mendelssohn han tenido, y que podría haber sido mucho más relevante si no hubieran vivido en la época machista que les tocó. Los “expertos” reconocemos el talento de mujeres que vieron mermadas sus posibilidades de desarrollo por las convenciones sociales de la época, pero si usted fuera músico o tuviese un oído musical fino sabría que el genio se reconoce en tres compases incluso en obras de calidad muy secundaria: una progresión armónica brillante, un tratamiento temático profundo, un lenguaje propio, cualidades presentes en la música de Robert Schumann en abundancia, no así en la de Clara, compositora de talento, pero no de genio, y el genio no se aprende, lamentablemente, si no, todos los profesores de música seríamos Bach en vez de docentes.

    Así que no, la música de Clara no auguraba una Beethoven en potencia de no haber sido por centrarse en otras cuestiones, además no olvidemos que Clara no estaba en absoluto alejada del estudio musical, ella era una grandísima pianista (su arte parece fuera de toda duda según las cŕonicas, pero comparr su virtuosismo al de un Liszt o un Alkan… Bueno, es más discutible), estaba entre partituras y sentada al piano constantemente, su formación musical poco podía mejorar, no tiene nada que ver con, por ejemplo el caso de Fanny Mendelssohnn o Nanerl Mozart, quienes sí fueron apartadas de la actividad musical profesional, y seguramente no sepamos cuán lejos podrían haber llegado. Pero de Clara, siento decepcionarle, pero no no es probable que hubiese llegado más lejos en composición, que no está mal, eh? ser una compositora más que decente cuando a la vez se es uno de los mejores intérpretes de piano del mundo. Ya daría yo casi lo que fuera por llegar adonde llegó ella. Pero repito, no nos dejemos arrebatar y empecemos a decir tonterías simplemente porque fue mujer, que esto parece como en los funerales, que parece que el muerto hubiera sido un santo mártir en vida. Hombre, tampoco nos pasemos, un poco de rigor.

    Saludos.

  • Se olvida usted de otra buena película que describe a Clara, “Sinfonía Primavera”, con nada menos que Herbert Grönemeyer en el papel de Schumann y la bella Nastassia Kinsky en el de Clara, en una de sus mejores interpretaciones, la cual le valió el premio del cine alemán a la mejor actriz en 1982.

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