The Tallest Man on Earth, la música como reencuentro

Música como reencuentro, como imán de viejos fantasmas que nos acompañaron en el camino, de sensaciones antiguas que no hemos sido capaces de abandonar del todo. Hay veces que no se puede sustraer la música del momento en el que se escuchó por primera vez. Entonces no hay armonía, ni letra, ni presente, solo un lugar, un perfume, una habitación, una mirada, una suerte de pasado que reaparece para cobrar vigencia de improviso. Algo violento, disparatado, irracional, contra lo que nunca se tienen defensas suficientes.

Continuamente tratamos de cubrir la pérdida con experiencias nuevas que nos ayuden a alejarnos de la traicionera nostalgia, de aquel pasado feliz que siempre será más dulce que la incertidumbre de un presente que siempre puede cambiar. Pero ahí esta la música, escondida, agazapada, misteriosa, esperando su momento para agrietar la impostura, para devolvernos a aquel tiempo que pareció infinito pero fue tan frágil que ya no está.

The Tallest Man on Earth tiene una de esas voces capaces de conquistar un instante y entrelazarse con él. De dar sentido a un tiempo o a una generación. Una voz quebrada, sabia, repleta de matices, a ratos melancólica, a ratos energética, perfecta para marcar el paso entre la maraña de sentimientos y hechos cotidianos que conforman el día a día. Recuerda al joven Dylan, al viejo Neil Young, pero contra lo que pueda parecer Kristian Matsson nació en Dalarna, Suecia, en el extremo contrario del Atlántico, alejado de los paisajes rurales donde surgieron gran parte de los cantautores que elevaron a los altares el folk anglosajón. Y además, nació en 1983, es joven aunque parezca tener esa sabiduría tan antigua que le surge de dentro y que le ha permitido conectar de manera muy natural con los mejores músicos folk.

Con sus dos primeros álbumes Shallow Grave y The Wild Hunt (que escribió mientras hacía de telonero de Bon Iver) sentó las bases de su estilo íntimo e introspectivo, un acústico con aire atemporal que culminaría con el fantástico y elegante There’s no leaving now. Un álbum donde se dejan sentir todas las señas de identidad que le permiten resistir con dignidad las comparaciones con su admirado Dylan. Porque quizá el sueco no sea el hombre más alto del mundo, pero sus imágenes líricas, su voz desgarrada y el rasgueo seductor de su guitarra, son capaces de iluminar cualquier horizonte lóbrego y conforman una de las figuras más interesantes del panorama musical actual. Será una suerte tenerlo de gira por España en unos días y poder escuchar su música en directo. Dejarse llevar por esas melodías que permiten pensar que el mundo es todavía un lugar habitable, donde pueden disfrutarse algunas cosas que merecen la pena.

The Tallest Man On Earth actuará en cuatro conciertos en España

  • 29 de noviembre | Salta Barts (Barcelona).
  • 30 noviembre | Kursaal (Donostia).
  • 1 y 2 de diciembre | Teatro Fernán Gómez (Madrid).

Si tuviera que hacer el esfuerzo de escoger una de sus canciones, me quedaría con The Dreamer, un tema incluido en el LP Sometimes the blues is just a passing bird. Simboliza el reencuentro del que he hablado antes, la música como evocación de un pasado radiante. Fue la melodía que me acompañó el año en que viví peligrosamente en París, la música de aquellas calles sinuosas de Saint Germain de Pres que por fin se hicieron reales después de haberlas recorrido tantas veces imaginariamente de la mano de Cortázar, de Hemingway, de Vila-Matas. También del miedo al cambio, de las dudas de los primeros días, de las visitas al Pompidou y los picnic en el sena, pero sobre todo fue la música que me unió a muchas de aquellas sonrisas desconocidas que pronto se convertirían en la esencia de aquel año.

Porque al final puede que el mejor resumen de nuestras vidas sea un puñado de canciones significativas colocadas en orden.

SHALLOW GRAVE (2008)

THE WILD HUNT (2010)

SOMETIMES THE BLUES IS JUST A PASSING BIRD (2010)

There’s No Leaving Now (2012)


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