Ecos de Normandía

¿Cómo hubiera sido Europa, el mundo, si hubiera ganado Hitler? Ahora parece casi obvio que perdiera la guerra, que los aliados desembarcaran en Normandía, que la división Leclerc entrara en París, que Berlín por fin cayera y terminara la guerra. Pero conseguir eso necesitó el sacrificio de varias generaciones, millones de muertos, el talento y la valentía de mucha gente, acciones muy oscuras para vencer a un monstruo muy oscuro, la colaboración de egos muy dispares que actuaron juntos a pesar de todo. Muchas otras cosas que quizá no sabemos.

 

 

Aquellos chicos que desembarcaron en Normandía y murieron por miles. Releo “El día D” de Antony Beevor y me entero de lo que escribían en sus cartas, de su procedencias, de lo que comieron justo antes de subir en las barcazas y sentir los escalofríos del miedo, la urgencia del vómito, el frío del agua. Descubro la diversidad de las reacciones humanas. Las apariencias que engañan. El valor de los aparentemente débiles, el miedo de los que parecían fuertes. El placer de los guerreros. El peso decisivo del azar. Incluso la osadía distante de los poetas o de aristócratas que tomaron el té entre las balas, como quien defiende dos veces una civilización…

 

 

“Cuando la mañana del 8 de Junio las unidades avanzadas de la Panzer-Lehr-División atacaron al norte de Tilly-sur-Seulles, los Rangers de Sherwood y la Infantería Ligera Durham recibieron la peor parte. Fue una jornada horrible para el redimiendo” , escribiría Christopherson en su diario. Su escuadrón, que se encontraba en la Colina 103, perdió cuatro tanques. Uno de sus jefes de tropa murió en acción., al igual que su segundo al mando, el poeta y capitán Keith Douglas, que había llevado a cabo un reconocimiento a pie de la zona.”Fue alcanzado en la cabeza por un proyectil de mortero mientras corría por una zanja para llegar a su tanque. Murió al instante. Había sido el tipo raro de un regimiento de pequeños terrateniente. No cazaba, no era aficionado a montar a caballo y no mostraba interés alguno por las cosas del campo.en su poema sobre el regimiento titulado “Aristócratas”, había escrito:

¿Cómo vivir entre esa gentil y anticuada
Estirpe de héroes y no llorar?

No obstante , el regimiento siempre recordaría a Douglas por su coraje, así como por sus torpezas. En cierta ocasión, en el Norte de África, Douglas había abandonado su puesto en El Cairo, arriesgándose a ser acusado de deserción, para reunirse con su escuadrón en el momento en que el combate alcanzaba su máxima intensidad. “Me gusta usted señor”, le dijo su asistente. “Usted es de los que aciertan o la cagan, pero siempre se arriesgan”.

Christopherson cuenta lo siguiente en su diario a propósito de Douglas: “En acción demostraba un valor indomable y siempre mostró una gran iniciativa y total indiferencia por su seguridad personal. En ocasiones parecía un poco temerario, tal vez debido a su miopía, que lo obligaba usar gafas de gruesos cristales. El capellán del regimiento Leslie Skinner, que recordaba la conversación mantenida con Douglas el domingo anterior al Día D, cuando el joven le hablo de su muerte inminente, lo enterró junto al seto en que había caído.”

ANTONY BEEVOR “El Día D. Crítica, 2009

 

 

*La fotografía es de Robert Capa.

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