El impulso de escribir

El impulso que lleva a escribir es siempre dudoso, porque escribir tiene un proceso que comienza mucho antes de ponerse a hacerlo. Hay que vencer resistencias que siempre están ahí, que sólo levemente se apaciguan con el oficio: hay que convencerse que se tiene algo que contar o que decir; que eso merece la pena de alguna manera y, sobre todo, de que brotará algo cuando se intente, siempre después de pelear mucho. Porque si no se consiguen unas líneas que permitan alimentar la esperanza de que se tiene una historia o un artículo la sequía puede durar mucho tiempo. Aunque hay que saber que el truco consiste sólo en ponerse a escribir, aunque parezca que no se consigue nada, porque inusitadamente, la mayoría de las veces, sale algo que ni siquiera sabíamos que teníamos dentro.

“Un escritor puede compararse con un pozo. Hay muchas clases de pozos como las hay de escritores. Lo importante es que haya buena agua en el pozo, y es mejor sacar de él una cantidad regular en lugar de dejarlo seco y esperar a que vuelva a llenarse. (…). El pozo es donde esta el “jugo” de uno. Nadie sabe de que esta hecho, y uno mismo menos. Uno sólo sabe si lo tiene o si tiene que esperar a que vuelva.”

Ernest Hemingway

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