Adam o el ardor: en la belleza ajena

La literatura polaca de los últimos 50 años vive un gozoso momento, por lo menos dentro del mundo editorial en castellano, que se está volcando en acercarnos a toda una cantera de escritores nacidos del muy doloroso siglo XX que le tocó en gracia a ese país. Escritores inevitablemente ligados al devenir histórico y a la memoria, pero que precisamente por ello parecen adquirir un grado inquebrantable de compromiso con su labor, que reivindican en cada palabra la necesidad de la literatura como foco que ilumina la vida en medio de la grisura.

Animado por el entusiasmo de muchos y sus recientes visitas a España, me sumergí en las páginas de En la belleza ajena, libro de pensamiento, experiencia y recapitulación vital de Adam Zagajewski. Como él mismo indica, nació cuando todo había acabado o cuando sólo acababa de comenzar: 1945, a tiempo de crecer desde cero junto con su tierra. Sin embargo, pronto su mente voló más allá de los estrechos límites establecidos por el régimen comunista, y antes que darse a la exaltación o a la beligerancia, se confió al poder de la palabra, a la revolución discreta, al refugio de las letras y el arte.

La lectura de este libro nos transmite el profundo amor a la vida de Zagajewski, que nunca toma como desgracia las vicisitudes de su circunstancia sino que busca siempre ese destello de belleza que dé sentido a cada vivencia, ya sea el canto de los pájaros (magnífica la semblanza del mirlo), la contemplación de sus ciudades de acogida (Cracovia, París), el rememorar personas, lugares y situaciones, la plena confianza en el conocimiento (estudió filosofía), la religión (gran mérito del autor, católico, es  no conceder a su creencia la verdad absoluta sino respetar las demás perspectivas y abogar por su convivencia), el poder de la música (una persona que elige la séptima de entre las sinfonías de Beethoven verdaderamente ama y admira la música), y, por encima de todo, la poesía, como elemento que traspasa el lenguaje y traduce el mundo, como prueba última de bondad humana, como punto de encuentro entre la realidad y todo lo que la supera.

A la manera en que se comporta nuestra conciencia, donde todo se mezcla y superpone, el libro no se estructura en bloques temáticos ni cronológicos, sino que deja libre su discurso en consonancia con su honestidad. Leerlo es no sólo encontrar constantes perlas de formulación literaria, es recorrer  porciones de nuestra vida iluminando los puntos oscuros, celebrando que gracias a gente como Adam Zagajewski se puede creer en las personas, se puede alcanzar la armonía, se cuida del mundo.

 

 

 

Cuidar del mundo: leer un poco, escuchar algo de música.”

“Quien quiere comprender pero renuncia a la expresión, nada podrá comprender. Quien quiere expresar pero no busca la comprensión nada podrá expresar. ”

“No seamos esclavos de la historia. No consideremos que pudo haber sido de otra manera, tanto en la historia política como en la del arte, la música o la literatura. Acordémonos de las enormes provisiones de lana de las que se cortan los trajes. Los gruesos fardos de esa lana, bien preservados de la destrucción, descansan en almacenes cuidadosamente vigilados. Y me parece que en esos almacenes se halla no sólo la lana para las próximas centurias, sino también la lana de los tiempos antiguos que no llegó a gastarse, la lana de los acontecimientos que nunca fueron, de los estados que nunca surgieron, de las ciudades que no llegaron a construirse, la lana de las personas que nunca nacieron, la lana de aquellos que murieron demasiado pronto y de aquellos cuya vida no se logró del todo, y la lana de los poemas y sinfonías nunca escritos, la lana de otros no creados cuadros y de pensamientos que a nadie se le pasaron por la cabeza, la lana de un mundo cuyos destinos fueron otros. La lana de una humanidad algo diferente, menos envidiosa y menos mezquina. Esa lana nos da fuerza. No la vemos y no se nos permite tocarla, pero ella irradia y nos brinda fuerza y alegría. No sabemos cómo ocurre eso, cómo es posible que a través de las bóvedas de esos sólidos almacenes nos lleguen señales secretas y rayos, pero así es. La lana de los Argonautas. El vellocino de oro.”

“La imaginación -esa misma imaginación que llama a la vida a la poesía y a la música- no es perfecta ni autónoma. Con cuánta frecuencia se equivoca, errática; tal vez especialmente en nuestra época, cuando más de una vez sufre las incitaciones de locas ideologías. Necesita apoyarse en la honestidad, en el sentido común, en la razón; ¡con tal de que no sean ellos los que ganen la cima! ”

“La vida es para cada uno, para todos. ”

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