El camino del éxito

El cuento de la lechera de un escritor a menudo dice, de forma más o menos consciente: si eres auténticamente A, inevitablemente tendrás B. Lo que tiene su correlato inverso: si no tienes B es porque no tienes auténticamente A. Si tienes auténtico talento, si realmente tienes algo que decir y una forma original de hacerlo, tarde o temprano, conseguirás el éxito Si no consigues ser un escritor reconocido ( o simplemente un escritor que escriba con facilidad) es porque te falta algo que no puede ser otra cosa que auténtico talento, porque si lo tuvieras vendría acompañado de la energía necesaria para abrirse paso. Es en ese momento cuando piensa en Picasso, que no era un escritor pero siempre es el primer ejemplo que acude a la cabeza.

La verbalizacion de este silogismo suele ocurrir cuando el escritor ya ha triunfado y mira su pasado como una sucesión de hechos causales que lo han llevado inevitablemente allí, cuando siente el deseo, un poco perverso, de afirmar un poder que en el fondo no esta seguro de poseer porque su siguiente novela puede ser un fracaso que lo suma en el olvido o que lo deje bloqueado para siempre con una agria sensación de resentimiento por los tiempos perdidos.

La verdad es hay gente muy dotada y que lo demuestra casi toda su vida o que en algún periodo de tiempo le brotan las ideas y es capaz de captar el aire social que permite el éxito y quizá la fortuna. Pero eso no es algo que nadie tenga en las manos. Nadie es capaz de predecir (ya les gustaría a las editoriales) cuando un libro va a ser un éxito de ventas. Nadie sabe cuando el “boca a boca” va a ponerse en marcha y a desencadenar una ola de lectores que vaya agigantándose con el tiempo. Ni qué libro seguirá vivo dentro de doscientos años.

No lo sabe nadie. Quizá por eso, solo hay que escribir si ello apetece. Si a pesar de las dificultades, de las dudas o de la falta de ideas de algunas mañanas, sigue apeteciendo o necesitándose de alguna manera. Otro problema es ganarse la vida con eso. Lo que lleva inevitablemente a no tener problemas para escribir en cualquier sitio, cualquier cosa, con la esperanza de conseguir que un artículo sobre boxeo se convierta en un reflejo muy afilado de la condición humana, como hizo Talese, o que la narración de un naufragio promueva colas interminables para comprar un periódico, como consiguió Garcia Márquez.

Como siempre Chadler se administraba los dardos con precisión, con la misma cadencia con la que bebía whisky, que era muy intensa…

 

Creo que el que es verdaderamente bueno tendrá un éxito razonable en cualquier circunstancia, que ser muy pobre y muy hermoso constituye más bien un fracaso moral que un éxito artístico. Shakespeare se las habría arreglado bien en cualquier generación porque se habría negado a morir en una esquina; habría aceptado a los falsos dioses para luego rehacerlos a su estilo; habría adoptado las fórmulas del momento para manipularlas y conseguir con ellas algo que los hombres inferiores habrían considerado imposible. Sí viviera hoy es indudable que escribiría y dirigiría películas, obras de teatro y Dios sabe qué más. En lugar de decir “este medio no es bueno”, lo utilizaría y lo haría bueno. Si alguien hubiera dicho que parte de su obra era vulgar (y parte de su obra lo es), no le habría importado un pepino, porque sabría que sin un poco de vulgaridad ningún hombre esta completo. Habría odiado el refinamiento como tal, porque representa un obstáculo, una restricción, y era demasiado duro como para dejarse restringir por nada.” 


RAYMOND CHANDLER “Carta a Hammish Hamilton” 22 de Abril de 1949.

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