La mirada limpia de Gombrich

Aquellas tardes, a lo largo de los años, en que abría el libro como quien abre el cofre de un tesoro y me ponía a leer un ratillo, con tanto placer, acechado por exámenes o clases o cosas del trabajo o esa soledad pegajosa de no vivir en el sitio donde hubiera preferido hacerlo. A veces haber tenido la suerte leerlo en un museo casi vacío, frente a un cuadro memorable, o en esos jardines cercanos donde parece que la vida es tan amable y el tiempo pasa tan deprisa.

Desde que conocí la Historia del Arte de Gombrich nunca he dejado de tenerla cerca, he vuelto a ella muy a menudo, la he regalado a mis mejores amigos. Me parece un refugio de placer asegurado ahora acrecentado por poder tener tan a mano las imágenes en sitios como Google Arts, que permiten observarlas minuciosamente, con perspectivas que incluso no es fácil vislumbrar donde están expuestas.

No es un libro académico, lleno de datos y de reglas. Es un libro que contiene la información necesaria para aprender a gozar personalmente la experiencia de mirar una obra de arte, que trata de proteger de ese esnobismo tan frecuente de los que quieren aparentar sabiduría y musitan de continuo “muy interesante” ante obras que no entienden o no les gustan, pero que se suponen que están de moda o valen mucho dinero.

Imaginad agosto en una piscina con césped en los pies o en un patio fresco con una parra virgen y aspidistras o en algún sitio frente al mar ya con poca luz. Una tumbona cómoda, quizá un gin tónic azul, una música coherente. Y sólo tener que decidir si comenzar a releer el libro entero o visitar a Veermer o a Caravaggio o revisar los planteamientos de la Bauhaus. Cuando además todo eso cabe dentro de una tableta muy fina que se puede llevar a todos lados.

Cómo me gusta agosto ahora que se puede ir a tantas partes sin moverse del sitio…

“El antiguo refrán de que “sobre gustos no hay nada escrito” puede ser verdad, pero no debe negarse el hecho comprobado de que el gusto puede desarrollarse”.

“Me gustaría ayudar a abrir los ojos, no a desatar las lenguas. Hablar diestramente acerca del arte no es muy difícil, porque las palabras que emplean los críticos han sido usadas en tantos sentidos que ya han perdido toda precisión. Pero mirar un cuadro con ojos limpios y aventurarse en un viaje de descubrimiento es una tarea mucho más difícil, pero también mucho mejor recompensada, es difícil precisar cuanto podemos traer con nosotros al regreso”.

ERNEST H. GOMBRICH. “Historia del arte”

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2 Comentarios

  • Yo también adoro este libro, gracias a él descubrí lo mucho que me gusta el arte precisamente por esa invitación suya a dejar el esnobismo a un lado y mirar las obras con inocencia, que es lo que me permite disfrutarlas.
    Por cierto, también me encanta el cuadro que has elegido para ilustrar el artículo. Una simple vista de un río, y sin embargo tiene algo que me encandila, tan realista y fantástico a la vez… Qué grande Vermeer.
    Gracias por este artículo!
    Un saludo

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