Historias desde Starmus (III): Ecos del espacio

Viene de Historias desde el Starmus (I) y Historia desde el Starmus (II)

Hay quizá diferencias entre el temperamento que tiene un científico que investiga en laboratorios el origen del universo y el que deben tener los astronautas que tienen que meterse en un cohete espacial y salir al espacio. Es probable que compartan muchos conocimientos, pero quizá un astronauta deba tener la fiabilidad de un hombre de acción con alta tolerancia al estrés, un organismo privilegiado, un valor demostrado en misiones peligrosas, capacidad de concentración en medio de la incertidumbre y, desde luego, una gran confianza en sí mismo, con la percepción de tener una misión que justifica el riesgo. Al menos, en los primeros tiempos, cuando las misiones eran tan inciertas.

Walk Cunningham, astronauta del Apolo 7, reivindica los viejos tiempos de la conquista de la luna, cuando su país se unió en una aventura que suponía riesgo, pero también un avance de conocimiento y la posibilidad de unir a la sociedad en un sueño común lleno de esperanza. Eran los tiempos de Kennedyy la nueva frontera, donde existieron, según él,  los recursos, la tecnología y la voluntad necesaria para ir a la luna. Él era joven, requisito indispensable para los astronautas en aquella época, licenciado en física y piloto de combate, acostumbrado a trabajar con otros en situaciones complicadas. Se presentó a una selección muy competitiva en la que terminó siendo elegido. Dice que sólo temía fallar a sus compañeros o a la misión, pero no a lo desconocido, ni siquiera a la muerte. Cree que la NASA actual esta demasiado burocratizada y es el reflejo de una sociedad actual que tiene alergia al riesgo y que está demasiado basada en las elecciones a corto plazo que permiten a los que están en el poder seguir en el poder. Pero, según él, los riesgos, que tanto asustan a los políticos, nunca pueden eliminarse del todo, sólo gestionarse adecuadamente y, a veces, hay que tomar decisiones “correctas” aunque no sean populares. Anima a las nuevas generaciones a reivindicar su sitio en la historia, a lanzarse a por nuevos retos que lleven más allá la frontera de lo desconocido. Él ve claro el siguiente paso: llegar a Marte en este siglo. Existe la tecnología y va a ser posible desarrollar e inventar los medios que faltan. Lo importante es fijar el objetivo y lanzarse, poner la voluntad y los sueños al servicio del conocimiento. Y asumir riesgos. Nada nuevo y desconocido está exento de ellos.
Antes, otro astronauta que pisó la luna en el Apolo 16Charlie Duke también contó su experiencia, enseño alguna de sus fotos y terminó dando un giro y reivindicando la fé en dios, en los milagros, haciendo una interpretación sui generis de los signos del zodiaco, algo que sorprendió al auditorio. Por la mañana, en la rueda de prensa, también causó conmoción su negación del cambio climático causado por la actividad humana, tildando al calentamiento global como el mayor fiasco científico de todos los tiempos, lo que provocó la réplica de Harold Kroto, que explicó que estamos viviendo el periodo continuado más cálido en el último millón de años. Según Kroto, el calentamiento global no se basa en ninguna creencia, sino que hay pruebas científicas que lo sostienen.

Harold Kroto, premio Nobel de Química, planteó una de esas conferencias llenas de diapositivas ingeniosas que da gusto escuchar, pero que es difícil resumir. Habló de su infancia, de su primera juventud, cuando se interesó mucho por el diseño gráfico que sigue practicando, de la curiosidad espontánea y de la inteligencia de los niños si se los deja jugar, aunque sea con puzzles de moléculas químicas,y de cómo el juego, la experimentación, la creatividad, se puede aprovechar en el ámbito científico para conseguir grandes descubrimientos. Terminó hablando de su trabajo con moléculas de carbono que le dieron el Nobel. Un tipo con mucho sentido del humor que parece hacerlo todo sencillo y divertido y que tiene muchos intereses, lo que da gusto observar en gente muy especializada.
John Ellis es un físico de partículas que parece un físico de partículas con su larga melena, su barba blanca y su camiseta negra estampada de fórmulas matemáticas.  Trabaja en el CERN haciendo experimentos con el “Gran Colisionador de Hadrones”, un nombre casi intimidador para una gran instalación, el mayor proyecto científico desde las misiones Apolo que, al parecer, ha permitido identificar al bosón de Higgs, la partícula que se hizo tan famosa hace algunos meses y que, con su campo de Higgs, explicaría la razón de la masa en las partículas elementales, según el modelo estándar de la física de partículas. Algo muy misterioso para el público no iniciado.

La sesión termina hoy pronto porque hay una excursión para ver el observatorio del Teide a la que no conseguimos invitación. Pero disfrutamos viendo caer la tarde desde las terrazas del maravilloso hotel Abama, contemplando cómo se tiñe de rojo la isla de la Gomera, que flota silenciosa, frente a nosotros, allá a lo lejos.
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