Lo contrario de la soledad

Cuando parece que todo se escapa y sin embargo se supone que todo va a durar siempre. Cuando se tiene la sensación de que queda tanto tiempo, que todo comienza de nuevo y que muchas cosas van a ser distintas y azules esta vez. Cuando creemos poder conectar con tantos otros y queremos hacer tantas cosas si tuvimos la suerte de estar en el lugar adecuado justo en esos años.

Lo contrario de la soledad, Marina Keegan, aquella chica que murió tan joven y quería ser escritora…

 

 

«No tenemos una palabra que designe lo contrario de la soledad, pero, si la hubiera, definiría lo que yo quiero en la vida. Aquello que estoy agradecida y honrada de haber encontrado en Yale, y lo que me da miedo perder cuando mañana, después de la graduación, me despierte y abandone este lugar.

No es exactamente amor, ni un sentimiento de comunidad; es la sensación de saber que hay gente, muchísima gente, que está contigo en esto. Que forma parte de tu equipo. Cuando la cuenta ya está pagada pero no os movéis de la mesa. Cuando dan las cuatro de la madrugada pero nadie se mete en la cama. Aquella noche con la guitarra. Aquella noche que ya no recordamos. Aquella vez que hicimos, fuimos, vimos, reímos, sentimos. Los gorros.

Yale está plagada de diminutos círculos que ceñimos a nuestro alrededor. Grupos de canto a cappella, equipos deportivos, casas, sociedades, clubes. Esos grupitos que hacen que te sientas querido y a gusto y parte de algo incluso en las noches de más soledad, cuando vuelves trastabillando a casa, donde solo te espera el portátil; sin compañía, cansados, espabilados. El año que viene ya no tendremos nada de eso. No viviremos en el mismo bloque que todos nuestros amigos. No tendremos un montón de chats de grupo.

Y eso me asusta. Más aún que encontrar el trabajo o la ciudad o la pareja adecuados, me asusta descolgarme de la red en la que me siento atrapada. Ese escurridizo e indefinible concepto de lo contrario de la soledad. La sensación que experimento en este instante.»

MARINA KEEGAN «Lo contrario de la soledad»

 

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