​​Casa Mantegna, en Mantova, 1476

10 December 2015 20:19

Casa Mantegna. Óculo Cámara

 

La presencia de Andrea Mantegna en Mantova, está vinculada sobre todo a su trabajo como pintor de Cámara de la Corte de los Gonzaga, a donde llega procedente de Padova en 1458, lugar donde se había formado en el taller de Squarcione.

 

Casa Mantegna

 

Mantegna, pese a su carácter visible de ‘Pintor Cortesano’ de los Gonzaga, aspira a una autonomía funcional y a un estatus diferente como pintor. Aspiraciones propias del artista moderno del cuatrocientos, menos atado al Príncipe Benefactor y que expresa las nuevas relaciones que surgen entre artistas y clientes. Relaciones que se manifiestan  también en aspectos espaciales novedosos. Y por ello los ‘nuevos artistas’ que nutren las pequeñas cortes italianas de los Este en Ferrara, de los Gonzaga en Mantova, de los Montefeltro en Urbino o de los Médicis en Florencia, aspiran a contar con Casa Propia como signo de su independencia y de autonomía. En una secuencia de la alteración del mecenazgo, que se prolongaría en la misma ciudad ducal deMantova, con la casa de Giulio Romano (1538), también en Roma con el proyecto de Bramante para la Casa de Rafael (1582), o incluso las piezasconstruidas para el mismo Rafael, en Villa Borghese, y sólo reconocibles por su reguero pictórico. En todo caso, lo que queda claro es el carácter anticipador de la Casa Mantegna en ese proceso de definición de la ‘autonomía del artista‘ respecto al Señor y comitente.

 

 

En tal sentido Mantegna, consigue la donación en 1476 por parte de Ludovico Gonzaga,, en conformidad con su contrato primitivo, de un solar cercano a la iglesia de San Sebastián de León Battista Alberti, donde vendría a edificar su casa. Una casa que, en la medida de lo posible, sería ya considerada como una ‘Casa -Taller’, que permitiría entender el concepto del espacio de trabajo del nuevo artista, como ‘Gabinete de trabajo’ o como un ‘Studiolo‘ personal y novedoso, a la manera del realizado para Federico de Montefeltro en Urbino, el mismo año de 1476.  Ya no, por tanto, el Taller como un campo de trabajo añadido al conjunto de otros oficios manuales concurrentes, sino como unarepresentación de un nuevo orden social y cultural emergente. De ello da cuenta la rotulación de la ‘testata‘ del patio, que señala ‘Ab Olimpo’, de claro carácter Neoplatónico y de rigurosa novedad.

 

Mantova-Casa_del_Mantegna OCULO

 

La disposición realizada en dos plantas, supone la diferenciación entre la planta baja pública (taller, zona de exposición, ‘Studiolo‘) y la planta superior, propiamente residencia privada del artista y su familia. Más destacable resulta la estructura compositiva en planta, con la introducción de un patio circular en el seno de una planta cuadrada. Planta que sería idealmente cubierta por una cúpula con óculo central, a la manera del Panteón romano y que enlazaría con la propia pintura en escorzo de Mantegna en la ‘Cámara de los esposos’ del Palacio  Ducal.

 

Camara de los esposos. Andrea Mantegna

 

La imputación de algunos autores, de ese diseño a Francesco di Giorgio Martini, se sustenta tanto en la relación sostenida con Giovanni da Padova, que trabajaba en Mantova en esa época; como con la publicación en su ‘Tratado‘ de una solución planimétrica análoga a la visible en Mantova. Con la salvedad significativa, de que el ‘Tratado de Arquitectura, Ingeniería  y Arte militar’ de Giorgio Martini es de 1482, es decir seis años más tarde de la solución de la Casa Mantegna. Lo que sí es cierto es que Di Giorgio publica, tempranamente, esquemas de viviendas para ‘Artesanos y artistas’; más allá de los registros de viviendas tardomedievales y renacentistas, señaladas por Ettore Camesasca en su ‘Historia ilustrada de la casa‘, como ‘Viviendas para la guerra’, ‘Viviendas para el comercio’ y ‘Viviendas para artesanos’.

 

Mantova-Casa_del_Mantegna (1)

Cansa Mantegna. Mantua

 

En ese juego probabilístico de autorías posibles del diseño de la Casa Mantegna, se despliegan los dos citados arquitectos, junto a Luca Fancelli; sin hacer hincapié en los sobrados criterios propios del mismo Mantegna. Criterios que para algunos autores, como para Ettore Camesasca, son tremendamente especulativos; toda vez que Mantegna, aún en vida, abandona la casa, y ya en el XVIII, ese espacio experimentó  diversas transformaciones “muy imaginativas“.

 

CASA MANTEGNA2

 

Todo ello, todas las dudas posibles sobre disposiciones, autorías e inacabados materiales, no quitan el carácter anticipador de la propuesta, tanto en lo temático (‘Casa de artista‘), como en lo tipológico (‘Dispositivo de planta central’). Una disposición tipológica de largo recorrido  visible en los grabados del ‘Tratado de Arquitectura’ de Di Giorgio, así como en la posterior tratadística palladiana de ‘Los Cuatro libros de Arquitectura’.  Una formulación, por otra parte, de ‘Geometrías ideales’ de estirpe Neoplatónica y de las ‘Ciudades ideales’ de matrices utópicas, propias del Renacimiento, como habían ensayado las representaciones de Piero de la Francesca, de Luciano Laurana y del mismo Francesco Di Giorgio a finales del cuatrocientos.

 

 

 

‘Geometrías ideales’ que aparecen en los fondos pictóricos de la obra del mismo Mantegna, y que vienen a demostrar su interés por la arquitectura  pintada y no sólo pintada; también por la arquitectura construida. De aquí que se señalen entre otras razones, los datos aportados por Giorgio Vasari, de la ‘Casa Propia’ de Mantegna, así como del Proyecto de Capilla cubierta para los Gonzaga.

 

 

 

Pero en todo caso y más allá del debate posible, hay en esta pieza muda y modestamente revestida de ladrillo tosco, una elocuencia callada y un discurso sereno de la forma, que viniendo desde 1476, llega con cierta sonoridad hasta nuestros oídos contemporáneos. En esos años, cuando en España aún se guerrea por el final de la larga Reconquista, el sonido ambiente es estremecedor: de espadas que entrechocan, de gemidos de la herida o de campanas tañendo a duelo.  Por eso la música de Mantova nos transporta al cielo del proyecto del Humanismo renacentista. Nos transporta  ‘Ab Olimpo’. Como un Claudio Monteverdi anticipado.

 

 

 

 

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