Escribir y llorar

David Foster Wallace

 

A veces es difícil comprender que motiva a ciertas personas convertirse en escritores, por qué pretenden un oficio que nunca podrá procurarles lo que realmente persiguen.

No es solo explorar lo que contar e intentar hacerlo de otra manera o más bien de una forma que consideran mejor, superior a otras, distinta, moderna, comparable a los que consideran grandes.

Javier Reverte

 

No solo dedicar mucho tiempo a encontrar el equilibrio o desequilibrio de ánimo que permita bucear en un argumento, encontrar una posibilidad de trama, unos personajes, el tono justo, las palabras que no traicionen alguna forma de autenticidad que se considera esencial para que el resultado merezca mínimamente la pena.

No solo armarse de valor para exponerse ante otros que no tendrán compasión de ellos, que rechazarán el original con alguna frase educada o quizá solo con el silencio, o de críticos que, con suerte, liquidarán con un par de frases conmiserativas o feroces el libro que por fin se publicó en alguna editorial desconocida sin recibir mucho más que tenerlo entre las manos.

 

Jose María Guelbenzu

 

No solo eso. El escritor puede llegar a ser reconocido, seguir escribiendo un libro tras otro, siempre un poco más atormentado por los ojos que lo miran,por las expectativas de los que lo aprueban y lo desaprueban, por el calibre del arma que lo amenaza desde algún sitio muy cercano,  quizá desde dentro de sí mismo.

No solo escribir historias, sino vivir una vida propia, poder costearla,  y tener conciencia de que eso también cuenta, de que puede ser juzgado por cualquier cosa que hizo o no hizo, que opinó o que calló, por sus propias creencias de hace tantos años ahora en boca de otros, que solo necesitarán eso para disparar y liquidarle para siempre.

Y luego si con suerte ha cotizado para una pensión no poder cobrarla si sus libros se venden suficientemente bien, lo que es un milagro solo alcance de muy pocos.

Desde luego es difícil comprender por qué algunas personas deciden ser escritores en un país como éste….

 

Leila Guerriero

 

“¿No es genial que la gente hable de vos como de un escritor muy sólido?”. Foster Wallace lo mira con piedad y le dice: “Va a ser interesante hablar con vos en unos años”. “¿Por qué?”, pregunta Lipsky. Y Foster Wallace —recuerden, esto es la vida real: las cosas como sucedieron— responde: “En mi experiencia eso no es cierto. Lo peor que hay en el hecho de que todos te presten mucha atención es que también vas a tener ‘atención negativa’. Y si eso te afecta, el calibre del arma que te apunta ha aumentado de una 22 a una 45”. Después, se acerca a Lipsky y susurra: “No estoy seguro de que quieras ser como yo”. Y Lipsky, con un respingo, responde: “No. No quiero”. Pero miente. Y uno, entonces, sólo quiere arrodillarse y gemir y repetir como un mantra aquello que Foster Wallace dijo en una entrevista, mucho antes de 2008, el año en que se ahorcó: “Yo tuve un profesor (…) que aseguraba que la tarea de la buena escritura era la de darles calma a los perturbados y perturbar a los que están calmados”. Sabía lo que saben pocos: que, para algunos, no hay forma de ganar. Que para algunos, aún cuando se gana, todo está perdido.”

 

LEILA GUERRIERO “Rey David”

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8 Comentarios

  • El enlace con Reverte es revelador de la degradación del mundo de la cultura, asediado por Hacienda, ninguneado por Trabajo, despreciado por Cultura y ahogado por las ventas irrisorias. Que cuando generan derechos tardíos, te salen caros. Días pasados ya se quejaba Caballero Bonald y a Mendoza lo habían sancionado por esa duplicidad pensión/derechos de autor. Por eso, como dices, lo raro es escribir, cambiando el título de Martín Gaite ‘Lo raro es vivir’. Ampliable por demás, a tantos campos de la creación: cine, pintura, fotografía, música, teatro o arquitectura. No se podrá escribir, ni generar derechos; no se podrá vender un cuadro ni montar una exposición; no se podrá dar una conferencia ni participar en un debate. El silencio de los Jubilados o la pura marginación. No me explico cómo el director portugués Manoel de Oliveira pudo hacer cine hasta el borde del centenario. ¡Será Portugal diferente!

  • Lo decía ya Larra, por otros motivos: “¡escribir en España es llorar!”. Pero es que, claro, es tan chollo la vida del escritor, reconocido socialmente y remunerado económicamente por hacer algo que a todos nos gustaría, airear nuestras filias y fobias y reorganizar descriptivamente el mundo a nuestro gusto, que sólo faltaba que fuera fácil. También el escritos necesita que mientras que él escribe, otro hornee el pan que come u otro más convierta la celulosa en papel. ¿O es que el panadero no tiene, a su vez, una sensibilidad que podría transcribir a la página en blanco? Si escribir es llorar, no escribir es supone esperar el autobús de las siete de la mañana en Plaza de Castilla para currar doce horas en el extrarradio. Mucho rollo tienen algunos…

  • Quizá en este “valle de lágrimas”, en este mundo donde la vida solo sea “un cuento contado por un idiota lleno de furia y de ira que no significa nada”, nadie tenga derecho a quejarse, incluso es sospechoso que alguien lo haga por lo que revela de su egoísmo, de su codicia, de su falta de respeto al dolor del mundo. Nadie es más que nadie; nadie tiene derecho a tener mejor posición social por sus cualidades, esfuerzo o logros; porque en el fondo no le pertenecen, porque solo es un sujeto dentro de una construcción social, porque son dones involuntarios; porque cualquier propiedad es un robo, porque el comercio solo es el instrumento de la alienación que produce el dolor y la  destruccion del mundo.

    Aquella frase que al parecer escribió Guide “Lo que me lleva al comunismo no es Marx, sino el Evangelio. Es el Evangelio lo que me ha formado. Son los preceptos evangélicos, la forma que han hecho adoptar a mi pensamiento, al comportamiento de todo mi ser, lo que me ha inculcado la duda de mi valor propio, el respeto del prójimo, de su pensamiento, de su valor, y que en mí han fortalecido este desdén, esta repugnancia a toda posesión particular y a todo acaparamiento”,.

    El gran argumento de aquel cura en aquellos “Ejercicios espirituales” donde algunos jóvenes perdieron la fe para siempre, quizá para darse cuenta, mucho tiempo después, de que la sustituyeron por otra religión aún más paradójica o incluso más cruel, depende de la anatomía, de los tiempos y de los contextos. 

    El gran argumento de la superioridad moral de los que dicen adoptar la “pobreza voluntaria” de los ebonitas o solo la fantasean para apuntalar su buena conciencia mientras gozan de los sacrificios del hedonismo burgués, siempre justificados por el bien de cualquier causa por venir. O aún peor, cuando no gozan de nada y les espanta la risa y el orgasmo como a aquel fraile ciego de “El nombre de la rosa”. 

    O el reto de lo que una persona puede conseguir con el esfuerzo, el azar y su talento. 

    Quizá no esté mal ser un joven “poeta y revolucionario” con la melena al viento y el horizonte de labios azules sobre el fulgor de los adoquines que ocultan la playa. Quizá otros prefieran morir jóvenes y dejar un bello cadaver o adentrarse en un río con los bolsillos llenos de piedras o ahogarse de alcohol en pocilgas infectas de barrios perdidos. Hay buenos escritores que lo hicieron, que lo seguirán haciendo, como también otros fueron destrozados muy pronto por la realidad de la utopía que no suele resultar ser tan amable y justa como esperaban.

    La vida es corta y puede vivirse de muchas maneras. Incluso se puede renunciar a ella para entrar en algún reino de los cielos donde los que lo consigan vivirán felices para siempre. Pero quizá algunos escritores ancianos solo pretenden seguir escribiendo en algún sitio cerca del mar y las palmeras o solo en un pequeño apartamento cerca del Retiro donde disfrutar la frágil belleza del mundo o tomarse una copa en algún bar donde no haga demasiado frío y la culpa quede ya muy lejos, con la serenidad de los que nunca más van a creer en ideas que operen como religiones, aunque estén dispuestos a colaborar en su círculo de influencia para que las gentes vivan la vida que les gusta y los viejos cobren pensión y las lunas sean, mientras duren, lunas de miel.

    En fin hay muchos gustos y escritores pero todos tiene que sufragarse la vida y no estoy seguro que sea verdad que sea una profesión tan valorada socialmente, ni que sea un oficio agradecido aunque se triunfe en él. Lleva mucho tiempo escribir un libro de cualquier cosa, no basta haber leído mucho, es incierto su futuro. No pasa nada porque algunos de los que lo hacen vivan bien de eso.  Vive bien mucha gente que da patadas un balón o que monta en moto o que se yo. Aunque ya se sabe que mucha gente vive peor o es infeliz en algún lugar del mundo. 

    Aunque como fantasía tampoco está mal la de ese escritor que no escribe y es mantenido de una bella y madura dama (o caballero, seamos políticamente correctos) como el que interpretaba George Peppard en aquella película, donde además vivía esa vecina tan grácil que tocaba la guitarra en el tejado, muy, muy cerca del cielo, del único cielo que sabemos que existe.

    En fin como dice Wislawa

    “Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
    Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
    Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
    Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
    por alto a cada segundo.
    Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
    el primero.
    Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
    Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.”

    http://amediavoz.com/ventanas.htm#BAJO%20UNA%20PEQUE%D1A%20ESTRELLA

  • ¡Bueno, en tal caso, quiero postularme el primero para las subvenciones, mecenazgos, sinecuras e incluso ayudas psiquiátricas que pudieran ofrecerse para las ya-no-tan-jóvenes promesas que pudieran ofrecerse! ;-P

  • Claro, ahora entiendo por qué Cervantes fue recaudador de impuestos, Machado profesor rural y Juan Benet ingeniero de caminos…

  • “Durante unos años de finales del siglo pasado, en los tiempos más estimulantes de la democracia, pareció que ese maleficio empezaba a corregirse: se ampliaba la educación, se fundaban bibliotecas, escuelas de música, orquestas, auditorios, se alentaba algo la investigación científica. Ahora volvemos a toda velocidad a nuestro habitual oscurantismo. La demagogia política se ceba con un escritor, un músico, un artista que vindique sus derechos legítimos, casi siempre modestos, mucho más agresivamente que con un futbolista multimillonario que comete un delito fiscal. La derecha mira con desprecio todo lo que no produzca un beneficio comercial inmediato. La izquierda desconfía del mérito como una prueba de elitismo, ignorando la tradición de esmero y excelencia en el trabajo que siempre formó parte de la cultura popular. Para unos y otros la cultura se confunde con la ostentación o con el adoctrinamiento ideológico, casi siempre con una pulsión autoritaria debajo del igualitarismo. La libertad radical de conciencia, que es la base del pensamiento crítico y de la creación estética, despierta siempre el recelo de los comisarios políticos.

    El último escarnio es la persecución gubernamental de los escritores jubilados que cobran una pensión y siguen obteniendo remuneraciones por su trabajo literario. España tiene menos inspectores de Hacienda que la mayor parte de los países avanzados, y según todos los indicios el fraude fiscal es escandaloso, igual que los privilegios de las grandes fortunas sobre las rentas del trabajo. Pero una parte de los esfuerzos recaudatorios y punitivos del Gobierno están dedicados a perseguir a escritores que casi siempre reciben pensiones escasas e ingresos inciertos por conferencias, recitales de poemas, colaboraciones, derechos de autor. Antonio Colinas es uno de los nombres mayores de nuestra literatura, pero ellos y muchos otros están siendo tratados como delincuentes. Quizás a lo que aspiran estos Gobiernos bárbaros que padecemos, y que llevan tantos años propagando la ignorancia y la hostilidad hacia el conocimiento, es a que los escritores vuelvan a quedarse de pie ante los que mandan como sirvientes obsequiosos, o a sentarse como indigentes en el suelo.”

    ANTONIO MUÑOZ MOLINA
    http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/20/babelia/1453305944_585924.html

  • Pensándolo mejor (tengo vocación de ocioso, en el sentido de Nietzsche), a mi los que me importan más son los escritores muertos y los estudiosos vivos. Llamo “estudioso”, a falta de nombres actuales adecuados, a esos tipos que, sin ser especialistas que publican sólo para los de su materia, demuestran un gran interés por cosas que saben de sobra que van a atraer a poco público. No trabajan preocupados por los beneficios, porque no los va a haber en general, pero escriben tratados divulgativos sobres las migraciones prehistóricas, la Atenas clásica o la física de Kepler por amor al conocimiento. Pese a su desinterés crematístico, ese tipo de libros, cuando están bien hechos, sobreviven holgadamente a décadas de novedades editoriales de ficción, y siguen apareciendo en las bibliografías aunque nos hayamos olvidado de la última película que ganó un Óscar. El otro día en un inmundo Vips vi uno acerca de cómo se determinó la composición del aire, narrado como si respirásemos un enigma que tiene sus aventureros y sus decepciones… Eso vale oro, pero costaba 4 euros y pico. Es como aquel de la historia de la cirugía que leíste, Ramón, un auténtico periplo humano acerca de algo muy real. Libros no equivale a novelas, leer no es sólo entretenerse, hay que decirlo más.

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