Año Internacional Aristóteles, I: la crítica a Platón

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La Unesco ha declarado al 2016 como el Año Internacional de Aristóteles a partir de la iniciativa de una universidad griega y con motivo de los 2400 años del nacimiento del Filósofo (Aristóteles, en la Edad Media, era El Filósofo por antonomasia). Como la Modernidad filosófica y científica se construyó en contra del Aristóteles manipulado por la Iglesia católica, ha resultado muy difícil después separar al uno de la otra y apreciar la verdadera dimensión del de Estagira. Sin embargo, recuerdo que en una encuesta que hace unos pocos años se realizó entre los docentes de las universidades norteamericanas acerca de quién ha sido el mayor genio científico de la historia, Aristóteles venció sorprendentemente por encima de Newton y Einstein. Todos sabemos algo acerca de la obra aristotélica, aunque ese algo sea una minucia aprendida por obligación en el instituto. Me voy a apoyar aquí en esa minucia para tratar de de exponer sucintamente algunos puntos que en aquella enseñanza no quedaron claros, tal y como yo los interpreto. Puede servir, pues, de recordatorio o también de ampliación de lo que se aprendió en el Bachillerato; en todo caso, de aproximación al Filósofo cuyo nacimiento se celebra ahora, pero para lo cual hay que manejar mínimamente algunos rudimentos de su lenguaje técnico.

 

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L Escuela de Atenas, Rafael

 

Lo primero que me gustaría aclarar es que Aristóteles critica la ontología platónica por dos motivos: primero, porque las Ideas separadas no pueden ser causa de los seres sensibles (a un león le engendran sus padres, no la Idea de León), y, segundo, porque la Idea termina por ser un caso de sí misma, concreta y general a la vez, si es que hay que concebirla, como parece hacer Platón, como un ente, incluso como ente paradigmático. Entonces no hay por qué descartar el mundo eidetico, sin el cual la ciencia es imposible, sino ubicarlo en su justo lugar, que es el de representar la función conceptual del devenir. Entes, por tanto, tan sólo lo son la substancia y sus determinaciones, y podemos afirmar que nuestros conceptos sobre una y otras no son arbitrarios porque nuestra experiencia nos enseña que poseen un fundamento en la regularidad de las cosas sensibles. De hecho, mi concepto de león coincide en lo esencial con un león real cuando observo a éste en su télos, en su finalidad. Frente a un león adulto y bien conformado, del cual puede decirse que “no le falta nada” para encarnar a un perfecto espécimen de su especie, puedo predicar la Idea, y además señalar que no ha sufrido ningún accidente importante que haya perjudicado su crecimiento. Naturalmente, tal león envejecerá, contraerá enfermedades o se romperá una pata y finalmente morirá, pero eso no impide que en él se hayan consumado en acto todas sus potencias. Porque, efectivamente, mientras está en el apogeo de sus facultades el león ha sido capaz de cazar, reproducirse y exhibir su melena, lo que supone la presencia real de la esencia de la leonidad en el mundo sensible. Es verdad, desde luego, que ese león en particular en un poco más chico que otros, o un poco más malhumorado, pero ninguno de esos excesos o deficiencias malversan la esencia, antes al contrario la determinan conforme a la materia de ese león individual.

 

 

Platón desearía que ningún león empírico representase la leonidad, porque si no, para él, podría tomarse un rasgo individual de su materia por componente general de la especie. Pero según Aristóteles esto no ocurre cuando confiamos en la inducción, que raramente nos engañará respecto de que el león capaz de cazar, reproducirse y exhibir su melena es un león completo. La Naturaleza, por tanto, consiste en eso: en la eterna repetición de un prototipo perfecto de león que lleva a cabo íntegramente sus funciones aunque algunos leones particulares hayan perdido la vida o alguna de sus potencias en el intento de encarnarlo. Podemos estar seguros de que el prototipo se cumplirá en el futuro a través de una presencia natural, efectiva, captable por los sentidos, sin necesidad de sustraer la esencia de la leonidad del mundo para salvaguardarla celosamente en el seno imaginario de otro. La Idea de León de Platón no envejece, no sufre enfermedades o fracturas y por eso nunca muere, pero, a cambio, tampoco vive, puesto que no se forja en el movimiento, no atraviesa el riesgo del cambio, y, en consecuencia, obtiene su perfección sin mérito o esfuerzo, como un campeón olímpico que lo fuese sólo por existir, eternamente, sin lucha ni competición alguna.

 

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En definitiva, la crítica de Aristóteles a Platón no sólo es una crítica científica: también es una crítica a la concepción platónica de la areté, de la virtud. Esto es lo que me importaba destacar aquí. El león ideal de Platón siempre es el mejor de los leones posibles, y como nunca muere, jamás se baja de ese podio; los demás, los leones empíricos, tienen que fastidiarse todos por igual en su inferioridad ontológica y, por ello mismo, moral. En cambio, algunos leones aristotélicos, si tienen suerte además de arrojo en el agón, alcanzan una precaria esencialidad, una cierta excelencia no desdeñable en absoluto, puesto que “llegan a ser lo que se era” –to ti en einai: la definición aristotélica de “esencia”-, y aunque luego decaigan y mueran, sirven de ejemplo eterno y meta temporal a alcanzar a los demás leones sensibles (en primer lugar, a sus propias crías…)

Y por eso, finalmente, Aristóteles tiene mucha más estima ética que Platón a la lección heroica presentada por los poemas homéricos. Allí había, sin duda, gran cantidad de episodios de dynamis, energeia y, a menudo, entelecheía, y haberlo entendido así, más allá de la ciencia estricta, es una de las muchas grandezas del pensador de Estagira.

 

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3 Comentarios

  • Por fortuna, tenemos desde 2006 un manual introductorio muy bueno sobre toda la vida y la obra de Aristóteles, bastante actualizado en los estudios actuales sobre el filósofo, que es el de Jesús Mosterín en Alianza editorial. Asímismo, tenemos también sobre Platón el monográfico de Mario Vegetti que tradujo Gredos, que es realmente excelente. Fuera de estos no hay mucho más en castellano…

    • Si, es muy interesante. Si bien hay muchos sistemas filosóficos, siempre me han dicho que son 3 los que más destacan por su coherencia: El sistema Aristotélico, el sistema Escolástico, y el sistema Kantiano.

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