Austerlitz, Austerlitz

 

Cuando muerto Rafael Chirbes en agosto de 2015, se supo a través de su último editor, Jorge Herralde, que había una obra póstuma del escritor, todo fueron parabienes e interrogaciones sobre el alcance de esas últimas páginas y sobre su valor como testamento literario. Testamento de alguien, que había adquirido notoriedad con sus  últimas obras publicadas en vida, como fueron ‘Crematorio‘ y ‘En la orilla’. Obras en las que practicaba un personal ajuste de cuentas con la España del ‘boom inmobiliario’ y de la cultura del pelotazo, y que suponía de hecho un colofón a toda su lectura anterior de la Transición, vista ya desde ‘La caída de Madrid’, que no en balde transcurría en las veinticuatro horas del 19 de noviembre de 1975. Justo el día anterior a la muerte de Franco, como si así y allí comenzara una historia novelable.

He dicho que Chirbes, con esas obras de 2007 y de 2013, de cierto éxito “practicaba un personal ajuste de cuentas“, social y político. Ajuste de cuentas y ajuste de memoria, por cuenta de alguien que  como tantos otros más, desde la militancia de izquierda y de más allá, del último franquismo habían llegado a la más absoluta de las decepciones y de las pobrezas ideológicas. El ajuste de cuentas literario, lo realizó  Chirbes a mi entender en 2002, cuando dio salida al bloque de ensayos de índole literaria y de valor desigual, bajo el nombre de ‘El novelista perplejo’. Donde asistimos tanto a la revisión y reivindicación (bien merecida, por cierto) de Max Aub, como a cierta reivindicación de los compromisos de la escritura y del escritor. Compromisos que Chirbes llega a identificar con determinadas formas estilísticas y formales próximas al realismo, y  por ende al realismo social.

 

Max Aub

 

Y ese es el carácter que más unanimente se ha subrayado sobre su escritura: su valor de compromiso social. Baste recordar lo afirmado por Marta Sanz, en el número de Babelia del 22 de agosto de 2015, con su texto ‘El novelista que lo hizo todo al revés‘. “En tiempos en que el valor social llega con la desideologización, Chirbes encarna una figura aparentemente imposible: la del escritor marxista que a la vez es un escritor comprometido con la belleza y la violencia de cada palabra. El impulso de su literatura no es sólo ético, sino también estético”. Por ello, concluye Sanz, Chirbes representa un caso de escritura a la contra.

Esa visibilidad del compromiso social del escritor, han vuelto a aparecer, por cuenta de los hermanos Goytisolo. Así, Juan Goytisolo en su ‘Homenaje tardío a Rafael Chirbes (El País, 24 septiembre, 2015), reconoce la lectura varada durante años largos de ‘Crematorio‘, y que parece haberse activado tras la muerte de Chirbes, incluso anota apetecer, dice al final, la lectura de ‘En la orilla’. De forma parecida, Luis Goytisolo escribe en El País, el 2 de febrero de 2016, su texto de recapitulación novelística: ‘La narrativa en sus transformaciones. Donde en el título del sangrado se reconoce el “buen momento de la novela española, impulsada por escritores como Marta Sanz y el recientemente fallecido Rafael Chirbes”. ‘La lección de anatomía‘ de Sanz, que vincula a ‘cierta corriente autobiográfica’ y la obra de Chirbes ‘En la orilla’, componen el ejemplo de esa mirada y de esa transformación.

 

Winfried Georg Maximiliam Sebald

 

Para el encuadre de la novela de Chirbes ‘En la orilla’, fija Goytisolo que: “Hace años leí una de sus primeras novelas y lo situé en la línea del realismo social de los años cincuenta. Es decir: un relato de estricto contenido social con un mensaje de lo más explícito. A mi entender, es la mejor novela sobre uno de los aspectos de actual crisis -la burbuja inmobiliaria- que he leído”.  Para concluir el texto, con la afirmación extraída de que el tono autobiográfico o memorialístico, trufado con la ficción de de ambas novelas de Sanz y Chirbes, no son esencialmente novedosos. Y por ello “Ni la novela de Marta Sanz ni la de Rafael Chirbes son ,así pues, propiamente innovadoras. Ambas se inscriben en tendencias ya existentes tanto en España como fuera de ella. ¿Puede considerarse novela ‘El Danubio’, de Claudio Magris? ¿ O no lo es acaso ‘Los anillos de Saturno’ de Sebald?¿ O las novelas en las que el relato incluye episodios explícitamente autobiográficos?”.

Cuando supe, finalmente, que esas páginas póstumas y escasas de Chirbes, verían la luz bajo la denominación ‘Paris Austerlitz’ no pude por menos que pensar, en el escritor ya citado por Goytislo: Winfried Georg Maximiliam Sebald y su texto extraordinario ‘Austerlitz‘. Me deleité de forma imaginaria en la espera, pensando equivocadamente, que las últimas páginas de Chirbes, enlazarían con ese caudal que la voz que deriva de Austerliz, era capaz de sugerirnos. Tanto el pueblo moravo de Austerlitz, cerca de Brno y de Olmütz; como la batalla sostenida el 2 de diciembre de 1805 por las tropas napoleónicas contra rusos y austríacos en las campañas de la ‘Grand Armé’ por Centroeuropa. Tanto la rememoración que hiciera Stendhal en su ‘Vida de Napoleón’ como el singularísimo periplo de Jacques Austerlitz, en la novela de Sebald, por el siglo convulso que ha jalonado a Europa, desde 1914 a 1945.

 

 

Cuando por fin en febrero de 2016, pude leer el ‘Paris-Austerlitz’ de Chirbes, pude captar y captura mi desengaño, como ya he podido anotar en mi colaboración de ‘Doble dirección’ del día 12 de febrero: “Termino de leer ‘Paris-Austerlitz’ póstuma novela de Rafael Chirbes con una sensación de fracaso cierta. Y con un deseo evidente de ‘acabar cuanto antes’, pese a lo reducido de la escritura del libro, que se queda en las 150 páginas generosamente paginadas. Y eso es mala señal, y eso es un indicio  de la sensación de que algo va mal. Incluso de la extrañeza de que Chirbes, como se afirma en las solapas, hubiera dado por concluido el proyecto. Lo que podría haber dado para un apunte liviano, un cuento ligero, un boceto fugaz, no puede constituir una novela corta, por más que se quiera y así se promocione. Y por más que se quiera estirar con viajes innecesarios desde Madrid-Chamartín a, justamente, Paris-Austerlitz. Que esa es la razón de su nombre. Lejos del memorable ‘Austerlitz‘ de Sebald”.

Nada que ver pues, con todo lo esperado; incluso percibir eso: un texto apresurado en su brevedad y confuso en su  planteamiento. Incluso, lo afirmado por el editor de que  “Rafael Chirbes dio por terminada Paris-Austerlitz en mayo de 2015, meses antes de su fallecimiento, tras veinte años de escritura abandonada y retomada intermitentemente“, sonaba excesivo y parecía encontrarse más cercano de cierto oportunismo comercial que de una anotación estrictamente literaria. Veinte años de trabajo y de escritura, deberían dar para más que lo presentando en esas engordadas, por márgenes y espacios generosos, 151 páginas. Incluso la historia homoerótica de “un joven pintor madrileño de familia acomodada y afiliado al Partido Comunista, rememora, a modo de urgente confesión que posiblemente se deba a sí mismo, y en la que a ratos parece justificarse, los pasos que le han llevado al último trayecto de su relación con Michel”. El pretendido tono confesional de las breves páginas, no debe hacernos perder de vista el carácter fallido de la propuesta de Chirbes. Por más que haya existido una rara unanimidad crítica, sobre las virtudes literarias de tan exiguo trabajo. Sólo alguna anotación leve, como la de Patricia Millán, “Rafael Chirbes ofrece una novela directa, sincera, descarnada, bien contextualizada en un espacio que oscila entre Madrid y Paris y en un tiempo que no se menciona”, deja entrever una de las extrañezas más visibles. ¿Cómo se puede utilizar un ‘tiempo que no se menciona’, con las dosis necesarias del repetido compromiso social? O dicho de otra forma ¿De qué París hablamos? Y ¿desde que España está escrito ese texto de larga duración, más que de  largo aliento? Incluso el carácter circular, tras ‘La larga marcha‘ de la trayectoria de Chirbes, disuelve el tono de la reivindicación social. Como ha fijado Pozuelo Yvancos en ABC-Cultural, del 7 de enero de 2016 sobre te repetido texto de Chirbes. “‘Paris-Austerlitz’ ,que elige otra vez la forma de novela corta, y que en cierto modo actúa de cierre de un círculo, pues si ‘Mimoun‘, su opera prima, ambientaba en Marruecos, situaba como fondo el tema de la relación homoerótica, en ‘Paris-Austerlitz’, que se publica póstuma, vuelve a ese asunto, pero para darle la vuelta”.

 

Juan Goytisolo

 

Más allá de algunos topónimos parisinos utilizados, el título ‘Paris-Austerlitz’, sólo designa la estación parisina a la que llegan los trenes procedentes de España; trenes de la emigración o trenes del exilio. Pero poco más. ¿No será esa la visión de Marta Sanz de ‘El novelista que lo hizo todo al revés‘? Olvidar lo principal en su estructura literaria de compromiso social, como fuera la  pretensión de eludir el tiempo.

Para cerrar la indagatoria sobre el celebrado  ‘Paris-Austerlitz’, quise releer el ‘Austerlitz‘ de Sebald, que había leído en noviembre de 2002, un año más tarde de la muerte de Sebald en accidente de tráfico, acaecida el 14 de diciembre de 2001, año por demás de la edición alemana y española de la obra. Me enfrentaba pues, a la lectura de dos textos de escritores desaparecidos, con lo que pudieran tener ambos de documento testamentario o de obra póstuma. Al menos en el caso de Chirbes, se ha insistido mucho en ello, realizando a mi juicio un flaco favor con ese empeño reiterado de señalar un colofón literario. Cosa diferente, fue lo ocurrido con Sebald y con ‘Austerlitz‘, pese a la potencia literaria del último trabajo publicado en vida, rara vez fue interpretada la novela como el final de algo o como un mensaje definitivo de su literatura.

 

Rafael chirbes y Jorge Herralde

 

Ya sé que el modelo narrativo de Sebald es inimitable, en su estructura y en su fundamentación formal. Donde es llamativa la doble línea discursiva del texto escrito y de las imágenes fotográficas que lo acompañan, y que ha dado lugar a múltiples indagaciones e  incluso han originado películas sobre esas peculiaridades del texto paralelo, como resultan paralelas las coincidencias de principios y de finales, en torno a la Centraal Station de Amberes. Peculiaridades que se tensan, desde la concatenación de voces narrativas, todas en primera persona, pero todas diversas. De ahí, la repetición del recurso discursivo “dice Ágata, que dijo Austerlitz“; para componer tanto una suerte de narrador en sinusoide, como de narrador opacado por el propio discurso.

Y es que la capacidad de sugerencias, no sólo de las imágenes borrosas y faltas de definición, sino de los trayectos discursivos en Sebald, permiten una superior identificación del apellido de Jacques Austerlitz, con los enclaves que llevan el mismo nombre: ya pueblo, ya batalla napoleónica, ya texto stendhaliano ya estación de ferrocarril. Y así  salpimentadas entre las páginas finales, emergen visiones del Jardin des Plantes y la Gare d`Austerlitz, del Pont de Tolbiac y de la misteriosa Galéries d`Austerlitz. Una estación que no solo viajaba hacia la España del Sur, sino que compuso un almacén de materiales y bienes personales, requisados a los judíos parisinos y franceses, antes del viaje de su deportación y exterminio hacia el Este.

 

Gare Paris-Austerlitz

 

 

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