Johnson y la Glass house, New Canaam, 1949

16 March 2016 19:42

Glass House

 

La gloria arquitectónica le llamó temprano a su puerta y no sé si repitió esa llamada más veces. No hizo como el cartero de James M. Cain de la novela: llamar dos veces. Philip Johnson fue el primer responsable del departamento de Arquitectura del Museo de Arte Moderno (MOMA) de New York, acometiendo ya en 1932 la exposición, junto a Henry-Rusell Hitchcock, ‘Modern Architecture – International Exhibition ‘. Elaboración y catálogo de la muestra que acabaría siendo presentado en forma de libro de vida sostenida e influyente, bajo la denominación El estilo Internacional. Y esta oportunidad temprana, de codearse con los arquitectos europeos más destacados del momento de entreguerras, marcó su primer tramo profesional, en cercanías de esas posiciones reconocidas como ‘Estilo Internacional’, al cual acabaría traicionando a modo y manera. Antes de ello, hay que citar que en 1947 Johnson es el responsable del catálogo de la exposición que el MOMA dedica al arquitecto alemán Mies Van der Rohe, a quien había conocido durante su viaje alemán de 1930. A quien llega a encargar el amueblamiento (¡…!) de su apartamento neoyorquino de la calle Oeste 52. Y puede decirse por ello, que aquí nace un rara relación entre Mies Van der Rohe y el dandi Philip Johnson, así llamado por Jean Louis Cohen. De ese encuentro de 1947, producido dos años antes del diseño de la Glass house, Terence Riley dice que: “Los esfuerzos de Johnson y Mies fueron complementarios entre sí, pero no necesariamente equivalentes”. Equivalencia, no sólo referida a la exposición citada, sino a otros aspectos.

 

 

Lo que vino más tarde, en su ejercicio ya asociado con John Burgee, y luego coronado con el primer Premio Pritzker de 1979, fue la otra gloria: la gloria mundana y la gloria económica. Año además este de 1979, en el que fue portada de la revista Times del mes de enero, proeza sólo conseguida anteriormente por el venerable Frank Lloyd Wrigth. Dando pie a que en la Biennale de Venecia de 1980,  Johnson ocupara, como ‘ospite d’ onore’, un espacio visible y privilegiado, en lo que fuera llamado, enfáticamente, como ‘Puesta de largo del Posmoderno’. Y  él, el antiguo defensor del ‘Estilo Internacional’, apareciera como “leader della squadra americana degli architetti Posmodern“. Donde se visualizaban perfiles tan diversos y variados como los de Frank Gehry, Robert Stern o Michael Graves. Movimiento cultural arquitectónico, construido además con la inquina norteamericana encabezada por el crítico e historiador Charles Jencks, y obsesionado con el ajuste de cuentas con el llamado Movimiento Moderno y con toda su  carga ideológica de redención social. En esa  ‘squadra americana’ junto a los citados antes, debían de anotarse dos figuras relevantes que además contaban con presencia visible en ‘La Strada novissima’, cual pasarela afamada del Posmodern. Me refiero a Charles Moore y, sobre todo, a Robert Venturi, quien había vapuleado críticamente a la monotonía estilística del denostado  ‘Estilo Internacional’ y a sus ‘Glass box’, Cajas acristaladas, desde las páginas de su texto temprano de 1966 ‘Complejidad y contradicción en arquitectura’. Es decir un miembro de la ‘squadra americana’, era capaz de sacar los colores del ‘capitano‘, quien en el pasado había realizado justamente una de esas ‘Glass box’. ¿Pero, a estas alturas, tenía colores ‘il capitano’ Johnson? ¿No  sería ya un capo?

 

 

De aquí que el trabajo de Emilo Battisti del catalogo de la muestra veneciana, ‘Philip Johnson. Imaggini’, sea capaz de enunciar su argumento como “la traición verificada del ‘Estilo internacional’ y de la poética purista de Mies Van der Rohe“. Ese carácter fue destacado por Luís Fernández Galiano, cuando trazó su obituario en 2005, bajo la denominación de ‘El maestro infiel’. Aunque ahora sea una infidelidad sin ética, como quisiera entre nosotros, y a propósito de lo literario, José María Castellet. Una infidelidad política, como recuerda Fernández Galiano, de alguien capaz de concurrir en Núremberg a la concentración multitudinaria del  Partido Nacional Socialista (NDASP) de 1932 en su temprano viaje alemán; para acabar construyendo más tarde, Sinagogas para la comunidad judía americana. Pero también una infidelidad estilística como veremos.

 

Philip Johnson

 

Y  es que los dos hitos fundamentales y previos en el hacer de Johnson, serían la Glass House y el rascacielos del Seagram, realizado este último en colaboración con Mies Van der Rohe en 1956. No en balde, el mismo y con el desparpajo y el cinismo que le caracterizaron habitualmente, espetó años más tarde, al Financial Times, ya en 1989:  “Soy una prostituta y me pagan muy bien por los rascacielos“. Como demostraría trabajando en esos años  de la proclama para el magnate financiero y candidato republicano en 2016, Donald Trump, en su International Hotel; al tiempo que promocionaba la muestra de ‘Arquitectura de la deconstrucción’ en el MOMA en 1988, tras la onda de Derrida introducido en la arquitectura USA por Peter Eisenman.  De esos años de prostitución y dinero fácil, son el señuelo más visible que queda hoy de Johnson. Por lo que la pregunta pertinente es ¿cómo pudo ser? y ¿cómo pudo pasar? ¿Cómo fue posible?

 

 

Entre esos comienzos engagés y acristalados, y los finales de celosías bancarias y de derrotes posmodernos, acontece una derrota de su mirada y de su pensamiento. Todo lo cual no es óbice para destacar una obra temprana e irrepetible como fuera su casa propia, levantada en New Canaam, Connecticut, en 1949 y conocida como Glass house. Como hemos dicho ya en estas mismas páginas “En esa fundamentación de la mirada de la nueva arquitectura de los Estados Unidos, los destinos de las Casa Farnsworth se superponen cronológicamente con otra pieza análoga de ‘vivienda en el bosque’, como fuera la Casa de Philip Johnson en New Canaan, Connecticut, levantada en 1949“. Lo que sí parece cierto, más allá de la coincidencia temporal de ambas obras y de sus similitudes formales aparentes, es que lo que en Mies Van der Rohe, era ya consecuencia colmatada de su trabajos precedentes, en Philip Johnson era una joya aislada en el claro del bosque. Y ello dicho en el doble sentido. Johnson experimenta con las valencias de la abstracción miesiana en un trabajo que tiene un doble registro: es, por una parte, su trabajo de tesis en la Universidad de Harvard, y constituye por otra parte, su propia vivienda cual ‘bijoux‘ memorable. Aunque esa coincidencia estilística de Farnsworth y Glass House, fuera vista por Alejandro de la Sota con el lógico desdén, como “la indignidad del discípulo, respecto al maestro“.

 

Seagram building

 

El carácter de indagación de esa ‘indignidad sotiana’ en los recursos puestos en juego en el bosque de New Canaam, no sólo cuenta con la similitud de la ‘Planta libre’ y del ‘Espacio fluido’, de la casa Farnsworth. También lo hace con otra obra casa coetánea de Johnson y de características bien diferentes, como fuera la Rockefeller Guest House de New York (1949). Con la importante salvedad, de que ésta pieza, se levanta entre medianerías de una zona de alta densidad urbana, y la Glass House, con recursos similares de visión, continuidad y transparencia, se ubica en una plataforma natural de un pequeño bosque de arces y abetos.

 

Andy Warhol en The Glass House

 

En una demostración de la creencia de la universalidad de los recursos puestos en juego por Johnson, como emblemas centrales del ‘Estilo Internacional’. Haciendo buena esa demostración, la afirmación posterior, de 1989, del arquitecto cuando fijaba que “La arquitectura es básicamente el diseño de interiores, el arte de organizar el espacio interior“. La mejor demostración de ello, es la comparación de sus dos trabajos de 1949; donde justamente la similitud más intensa es la que se produce desde la visión de los interiores.

 

Philip Johnson and John Burgee, AT&T Corporate Headquarters, New York, 1978-83

 

Otra cosa será evaluar el grado de sinceridad y de autenticidad de esas soluciones de 1949, a la vista de todo lo que Johnson fue capaz de alterar y de proponer en su época posterior. No sólo el rascacielos de Pittsburg para las industrias PPG (1984), emulando el gótico del Parlamento inglés, por la estela de Charles Barry y Augustus Puguin; la sede de la AT&T en New York (1978-83), como el frontal de un vehículo de alta gama y en conflicto con la visión del Seagram Building; o la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Houston (1985), cual villa medieval en Toscana con toques ledouxianos. Sino sobre todo,  la propuesta de Casa Propia (¡otra vez!) en Big Sur, California, en clave de ‘cottage‘ rústico y de silueta conservadora. Donde todo el pasado resulta irreconocible, por más que el mismo Johnson hubiera afirmado solemne: ‘No podemos ignorar la historia’.

Ahora Philip Johnson, desde la solemnidad de la Historia reconsiderada, que abría y consagraba  el Posmodernismo, llegaba a ignorar su propia historia. En una alteración de su  propia frase sobre que “La arquitectura es el arte de desperdiciar el espacio“. Ahora también, de nuevo, podríamos decir que ‘la arquitectura es el arte de desperdiciar la memoria’.

 

 

 

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