Casa Canoas, 1951, Niemeyer en Rio de Janeiro  

CANOAS NIEMEYER

 

La Casa propia de la familia Niemeyer, más conocida como Casa Canoas, tiene tal carácter festivo y lúdico en sus visiones, que es posible verla convertirse en pasarela de un desfile de modas, en set de rodaje de algún anuncio afamado o en sede de algún reportaje sobre la arquitectura del arquitecto brasileño más destacado del siglo XX.

Hay pese a todo ello una extrañeza al menos, en este relato de la casa emergente. En mayo de 1974, la recién aparecida revista ‘Arquitectura Bis’ publicaba en su número 1, un artículo de Federico Correa, denominado ‘Impresiones de un arquitecto catalán en una primera visita a Brasil‘. Sólo el tono del comienzo anticipaba lo que vendría después. “Para quien vivió y estudió arquitectura en los cuarenta, Brasil significa principalmente dos cosas de entonces: ‘Saludos amigos’ de Walt Disney y el número ‘Bresil’ de ‘L’Architecture d’ aujoudhui’“. En su esfuerzo por equilibrar el resumen realizado, Correa fijaba que de esas dos referencias “la primera como resumen de un folklore que con la política panamericanista de Roosevelt, los Estados Unidos se ocuparon de presentar en su país y en el resto del mundo. La segunda como testimonio de la primera plasmación de las teorías del CIAM y más concretamente de Le Corbusier en las realizaciones a gran escala y con un sentido popular en un país de bajo nivel de industrialización hasta entonces inmune al funcionalismo europeo“.

 

 

Pero el viaje de Correa se verifica ya en 1974, no en los aludidos cuarenta, con esa visión bifronte y limitada que suponía Brasil en la década de los cuarenta. Y en esas consideraciones viajeras, Niemeyer apenas existe, o cuenta poco. Sobre todo cuando Correa se halla cercas de Barra de Tijuca, lugar donde se asienta la citada vivienda. Sólo, en la estancia carioca, advierte Correa sobre el llamativo Hotel Nacional: “Esta gran torre circular con una planta baja gigantoide que creí debida a la mano de algún mediocre arquitecto estadounidense, resulto ser obra nada menos de Oscar Niemeyer“. Para advertir a continuación, que tras una estancia italiana en que pudo observar los nuevos edificios de la ENIT y de la Alfa  Romeo, de Albini y Gardella respectivamente, “En la confrontación con ellos es, más sorprendente la ruina de la vieja gloria de la arquitectura brasileña“.

 

 

No es casualidad, por tanto, la omisión que pudiera verificarse con la Casa de Canoas, habida cuenta de la valoración ruinosa que Niemeyer le merece a Federico Correa a la altura de 1974. Valoración que extiende incluso hasta la misma Brasilia; donde mantiene que “la catedral destaca por su falta de imaginación”, que luego acota como “una de las tantas dificultades de llevarlas a cabo fue la decisión de realizar este edificio partiendo de una mera propuesta muy esquemática de Niemeyer“. Y todo ello, viene a subrayar la valoración crítica sostenida en los primeros setenta por la arquitectura de Niemeyer; donde aún pesa la dificultad de su ubicación y de su valoración correcta.

 

 

De unos orígenes ‘funcionales‘ ubicables en el Movimiento Moderno, tanto en sus  colaboraciones con Le Corbusier como con Lucio Costa, hasta una etapa que algunos llaman ‘Organicista‘, presidida por el mundo de las curvas y sus expansiones expresivas. Y es esta  deriva en su trayectoria, la que dificulta su ubicación exacta. Hay que esperar, por tanto, a la liberación de la forma canónica del Movimiento Moderno, para poder estimar y valorar todo el legado Organicista, presidido por sinuosas manifestaciones y ondas curvas. Los autores del Canon Moderno, habían ladeado tales cuestiones y habían eludido cualquier intento analítico por explorar tales raíces formales, obsesionados como estaban por la caja universal de acero y cristal. Y por la forma que seguía a la función, en la mejor tradición funcionalista.

 

 

Así Siegfrid Giedion en su obra fundamental ‘Espacio, tiempo y arquitectura, sólo produce una anotación lateral al revisar el universo formal de Alvar Aalto y del Organicismo. Universo formal que vinculaba a los fiordos fineses o a los ramajes de los bosques nórdicos, para explicar el despliegue curvilíneo del maestro finlandés. De igual forma que en el trabajo editado por Nikolaus Pevsner en 1976, ‘The antirationalist. Art Nouveau Architectura and design, no hay una sola marca a propósito del Surrealismo y de las fragmentación como ejes temáticos y compositivos, capaces de influenciar en la figuración de la Arquitectura moderna. Trabajo este de Pevsner, producido a contracorriente de lo expresado en su obra anterior de 1936, ‘Los pioneros del Movimiento Moderno: de Morris a Gropius, y que trata ahora de dar cabida a algunos aspectos inexplorados o marginados antes en los momentos fundacionales de la Historiografía moderna. Aspectos que viajan desde el Art Nouveau más denso de Guimard, hasta el Expresionismo de Hans Poelzig; incluso se indaga en el Cubismo checo o en el legado vítreo e inmaterial de Paul Scheerbart.

 

 

Es decir, a la altura de esa revisión historiográfica de 1976, podían establecerse nuevos criterios y nuevas lecturas que pusieran en valor la Arquitectura Orgánica y de rebote, la Casa Canoas y la arquitectura producida de espaldas a los esquemas formales de los años veinte y del más estricto Funcionalismo. Y es que el valor planimétrico más que altimétrico, que propone la Casa Canoas puede ser leído tanto desde la mirada Organicista, como desde la elaboración Surrealista. Un principio Organicista capaz de articular lo natural del promontorio rocoso pasante, con lo artificial de la envolvente de las estancias vivideras; un principio compositivo que bebe tanto de la fluidez del grafismo mironiano, como de las aguas del estanque verdoso habitual en climas templados, lejos del calvinismo refrigerado de la Europa nórdica. Formulando una imagen del confort templado y de cierta sensualidad climática y corporal, ajena a las cristalinas aguas del canon europeo. De aquí que Le Corbusier pudiera decir de Niemeyer que “llevaba las montañas de Brasil metidas en la cabeza“. Llevaba Niemeyer, prendidas en su alma las curvas de  Brasil como contra-argumento al Racionalismo triunfal.

 

Oscar Niemeyer y su esposa ne la casa de Las Canoas

 

Por eso resulta creíble lo afirmado por Álvaro Siza Vieira, a propósito de la arquitectura de Niemeyer, al afirmar. “Yo elijo su vivienda en Canoas. ¿Cómo podría expresar con palabras lo que significa esta vivienda? Se quedarían cortas… Es una vivienda en medio de un paisaje frondoso, perfectamente articulada y que se implica en el medio sin el menor ruido. Es ligera“. Hay una foto temprana, de los primeros sesenta, en donde se ve al matrimonio Niemeyer, sentados en esa ligereza húmeda del interior templado de la casa; que participa en su seno tanto de la luz, como de la vegetación, tanto del agua entrevista como de la roca saliente.  Y que compone una imagen simultánea de ayer y de mañana. Como si el tiempo se hubiera concentrado en una curva sinuosa. E inexplorable.

 

 

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