Zaha Hadid. In memoriam

 

 

La muerte prematura de la arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid, de 65 años, sucedida en Miami, no quita extrañeza a su propia trayectoria profesionbal muy publicitada en medios generalistas. Una trayectoria, la de la bagdadí, que se compone de diversas facetas destacables, que van desde su procedencia originaria árabe, hasta su posterior integración inglesa; sin olvidarse de dos aspectos relevantes y definitivos: su formación en la muy experimental escuela de la Architectural Association de Londres, y su posterior estancia en el Office for  Metropolitan Architecture (OMA) junto a Rem Koolhass y Elia Zenghelis que habían sido sus profesores y que a mi juicio, marcarían el mundo formal de Hadid, tanto como los registros de esplendor de su Irak natal.

 

Estación de bomberos Vitra en la ciudad alemana de Weil am Rhein,

 

Y estas son las claves centrales de todo el imaginario formal que vendría después y no tanto, como se insiste a veces, su condición de ‘arquitecta-famosa-árabe-feminista’ próxima a cierto ‘star-system’ de la arquitectura internacional. Condición ésta ajena a los valores señalados antes como inclusivos, por más que se quiera ver el lado rosa y excluisivo  de su trayectoria, y  por más que se añada su carácter mediático y glamouroso, que explota y destaca, fuertemente, con la consecución del Premio Pritzker de 2004. Sin olvidar que ya en 2003, obtuvo por alguna razón de peso, el menos publicitado Premio Mies van der Rohe

 

Heydar-Aliyev-Centre-Zaha-Hadid-Architects
Heydar Aliyev Center. Baku, Azerbaijan

 

Aunque diez años antes del Premio Pritzker ya había destacado por uno de sus trabajos más equilibrados y luminosos, como fuera la Central de bomberos en Weil am Rheim, para la casa Vitra, donde de codea ya con todo el Olimpo arquitectónico mundial, que trabaja en diversos temas de las instalaciones de Vitra. Trabajo, éste de Weil amRheim, que señala y anticipa ‘in nuce’ toda la trayectoria que se abriría después. Trayectoria que para algunos autores representa una prolongación exaltada de toda esa amalgama de la imaginación árabe, propia de las ‘Mil y una noches’, con la sistematización argumental del mundo fractal y deconstruido teorizado por Koolhass, tras las huellas de Derrida y tras cierta globalización de la Internacional Arquitectónica.

 

 

Trabajos los de Hadid que prolongan, consecuentemente, esa obsesión postmoderna y postliberal, por las formalizaciones brillantes y tersas como escualos y como naves espaciales, como ocurriera en el Pabellón-Puente de la Expo de Zaragoza en 2008. Que más allá de sus críticas constructivas y estructurales, obviando elementalidades, optaba por el guiño de la espectacularización temática y formal. Donde sucedía, en su recorrido, una rara inmersión en espacios desconocidos e inquietantes, como si se buscase una geografía de lo imposible; que es lo que ha venido prolongando en Azerbaiyan o en Seul.

 

seul

 

Formalizaciones brillantes y pulidas,  próximas a la joyería (donde también se desenvolvió con soltura) y a los universos surreales que rascan en la piel del sueño. Trabajos muy diversos en escalas y soluciones, presididos por una fuerte formalización a caballo de sinuosidades y plasmaciones curvilíneas, que dejaban empequeñecidos los prolegómenos de los Organicistas de los años 60. Donde tal vez se mirase a través de un espejo de lapislázuli y plata.

 

 

 

Pabellón-puente. Zaragoza

 

 

La Academia Evelyn Grace de Brixton, Londres

 

 

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4 Comentarios

  • Una omisión estruendosa. No he leído apenas comentarios en prensa sobre Hadid, ni de arquitectos, ni de críticos, ni de historiadores. Sé que Hadid incomodaba y quizás esa sea la falta de respuesta. Contrasta que, ayer, un medio generalista como El País, vuelque hasta cinco notas sobre el Nobel Imre Kerstez y una sola, de la habitual Zabalbescoa, sobre la Pritzker Zaha Hadid.

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