Esclavitudes

 

Los seres humanos somos expertos en esclavizar y esclavizarnos, en someter y someternos, en generar dependencias y en padecerlas. Tal vez por eso la esclavitud es una condición humana imperecedera, y también por eso los esclavos clásicos tendían a asumir su condición sin revelarse, incluso a no ansiar la libertad, pues allá dónde residieran, en la domus romana, en la mansión feudal o en la hacienda sureña, tenían cubiertas las necesidades básicas – casa, vestido, comida -, y otras no tan básicas, como protección, relación con semejantes y sentimiento de pertenencia. Eran valiosos y eran útiles, aunque casi siempre se sintieran utilizados, nada valorados y a menudo fueran maltratados.

Pues bien, si yo hoy quisiera tener esclavos, y que no se revelaran, ni me culparan por ello, haría exactamente lo que pone en el párrafo anterior. Cubrir sus necesidades primarias y secundarias, y luego hacer con ellos lo que quisiera. Vuelva leerlo por favor y reflexione.

 

 

Pues bien, ahora aplíquelo a cualquiera de nuestros jóvenes que empiezan a trabajar para una empresa. Es exactamente eso lo que sucede. Los asignan trabajos excesivos, agotadores, sin horarios ni calendario, con sueldos que apenas les dan para casa y comida, con disponibilidad absoluta e inestabilidad constante, con miedo a no cumplir con las exigencias del trabajo y pánico a ser despedidos. Es decir, con sometimiento absoluto a los avatares del trabajo y las pretensiones de las empresas. Y encima dando las gracias, porque al menos tienen un sueldo – dicen sus ingenuos padres -, y algo que hacer, y salen y se relacionan, y se sienten útiles por hacer algo valorable, aunque casi siempre son utilizados, y casi nunca valorados, y frecuentemente maltratados. ¿Todo encaja, verdad?

 

 

Acabaré parafraseando una de las sentencias más inspiradoras de Camus: el problema filosófico… social, humano, económico… más serio que tiene España es la juventud sometida, abusada, dependiente y sin futuro, pues si ellos no tienen futuro nada, ni nadie lo tiene. Por eso les pido, les exijo, a los representantes políticos que recientemente hemos elegido, que se pongan a resolver este problema con intensidad y constancia, porque o se ponen de verdad o ni siquiera ellos tendrán futuro. También les pido a los buenos empresarios que sean generosos y valientes en sus contratos, y a los esclavizadores les advierto, ¡ojo!, ándense con cuidado, no sea que venga un nuevo Espartaco que les dé lo que se merecen.

 

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6 Comentarios

  • El reciente trabajo de Sven Becker ‘El imperio del algodón. Una historia global’ muestra cómo la revolución industrial fue posible por dos razones de sometimiento : el esclavismo americano y la apropiación ingente de tierras indígenas. La tercera razón de esa expansión tiene que ver con procesos ajenos a Europa. De ello, de las dos razones violentas se nutrió el capitalismo originario. Hoy, extinguido el feudo industrial británico y abolido el esclavismo, la organización productiva del algodón ha vuelto a sus orígenes, con otras explotaciones consentidas, como la mano de obra depauperada de Bangladesh o de Vietnam.

  • Tras dedicarle algunos ratos ociosos, sólo se me ocurre una solución no ensayada todavía y que no pase por generar una pila de decenas miles de muertos, a la manera de las soluciones anteriores. Se trataría de desacreditar retóricamente a los esclavistas, mostrándoles que, a día de hoy, su vida es una mierda mucho más hermosa y pestilente que la que han llegado a permitir a sus esclavizados, como en el diálogo de “Los dos perros” de Robert Burns pero con los fabulosos medios que nos proporcionan las nuevas tecnologías…

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