El lugar seguro: una introducción a los refugios de montaña alpinos

La clásica postal bucólica de una cabaña de madera enclavada en un lugar montañoso remoto es algo por fortuna todavía real en la zona sur de Baviera, la región de Tirol en Austria o Suiza. Evidentemente, el boom turístico y deportivo también ha llegado con toda su fuerza a estas regiones, pero algunos rincones conservan aún un cierto espíritu montañés del que es fácil enamorarse. En Alemania o en Austria, el senderismo, la escalada, el esquí de travesía o el esquí alpino son deportes muy queridos y que la gente practica de modo generalizado desde hace muchísimos años. Esta llamada de las montañas es algo que quizás solamente se pueda explicar tras la primera noche que uno pernocta en los Alpes.

Desde principios del S.XX, se construyen en las regiones alpinas refugios de montaña, apoyados fundamentalmente por la Deutscher Alpenverein (DAV), la asociación de montañeros y alpinistas más numerosa a nivel mundial. Las características arquitectónicas del refugio de montaña han sido tradicionalmente más un manual de supervivencia a las extremas condiciones meteorológicas que el ejercicio creativo de un arquitecto. El concepto recuerda de alguna manera a la idea de la tosca cabaña de madera que Marc-Antoine Lauger cita en su Essai-sur-l’architecture (1753), un refugio iniciático que el hombre utiliza para protegerse del sol y de la lluvia. No en vano, entonces, la bonita denominación de refugios de montaña.

Todavía se conservan bastantes refugios con un carácter, por así decirlo, tradicional: -maderas oscuras, muros gruesos, chimeneas de cerámica- pero, como en todo, los avances tecnológicos y constructivos también han podido llegar a miles de metros de altitud. Los llamados High-Tech-Hütten, como el impresionante Monte Rosa-Hütte de los arquitectos Bearth&Deplazes, finalizado en el año 2009 y que contó con la colaboración de estudiantes de la ETH de Zúrich, serían la versión futurista y avanzada de este género arquitectónico. Naturalmente, la arquitectura alpina se ha planteado la cuestión de cómo optimizar en recursos y ahorrar en gasto energético. Temas como el abastecimiento o el aislamiento térmico de las fachadas, tienen en este contexto una importancia primordial, ya que los entornos naturales suelen ser de mucho valor y el objetivo es no dañarlos más de lo necesario.

Monte Rosa Hutte

En este punto es donde también arquitectos y propietarios se plantean la delicada cuestión de si restaurar o reemplazar. La pregunta no es solamente qué es más sostenible, sino cómo ha de ser esa nueva arquitectura: ¿qué es un refugio moderno? ¿Cómo se traduce la tradición alpina a la modernidad? La Deutscher Alpenverein (DAV) ha sustituido en los últimos años algunos de sus antiguos refugios por otros completamente nuevos. Los dos ejemplos más recientes son el Olpererhütte (2007) y el Höllental-angererhütte (2015). El primero, situado a 2400m de altitud en la zona de Zillertal, fue proyectado por el arquitecto y experto en construcciones en madera Hermann Kaufmann. Es una bella interpretación, aunque muy crecida, de los tradicionales tejados a dos aguas y fachadas de madera laminada. Sin embargo, es una construcción perfectamente moderna de elementos prefabricados de madera que fueron transportados en helicóptero, y que descansa sobre un zócalo construido con los materiales de derribo del antiguo edificio. Por el contrario, el Höllental-angererhütte, a 1387m de altitud tiene una forma exterior novedosa de cubiertas inclinadas en una sola dirección. El diseño de Stephan Zehl no es un mero capricho o la negación del estilo tradicional, sino una solución arquitectónica para protegerse de las avalanchas.

olperer huette

Ligado al debate arquitectónico formal aparece también el concepto del confort. El boom del wellness (termas, spa, yoga…), sobre todo en parajes alejados del mundanal ruido puede llegar a hacer pensar que todos los alojamientos han de disfrutar de comodísimas camas de dos metros, climatización y jacuzzi. Pero el refugio de montaña como tal ha de moverse en otros estándares de hostelería, pues su filosofía es distinta: grandes habitaciones con sencillos colchones en el suelo, un salón de huéspedes con chimenea, donde disfrutar de una buena cerveza, una terraza con vistas… todo gira en torno a compartir y comentar los pormenores de la jornada con el resto de huéspedes.

El reto arquitectónico no es solamente optimizar los recursos energéticos y reinterpretar formalmente una casa de madera tradicional. El refugio ha de ser ese lugar al que se llega para protegerse, la zona segura. En el sentimiento de protección es donde radica la magia.

 

 

 

 

 

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