José Batlló, el Sur del Norte

José Batlló

 

Puede que, conocida la noticia de la muerte de Batlló (Caldes de Montbui, 1939-Barcelona 2016) muchos lectores generalistas de todos los medios no sepan situar a un personaje tan singular de las letras españolas. Tan singular y tan desconocido, pese a todo.

Singularidad y excepcionalidad que se acrecienta si advertimos sus orígenes familiares, muy alejados del universo literario, profesoral y académico. Lo cual hace más central y sorprendente sus aportaciones en el campo de la edición, de la poesía y de la producción escrita con sus antologías imprescindibles de poesía española. Antologías como la denominada Antología de la nueva poesía española (1968) y la publicada en 1974, como Poetas españoles poscontemporáneos. Género éste que prolonga, no sin polémica, las ya canónicas antologías históricas de Gerardo Diego Poesía española contemporánea (1934), las de José María Castellet, Veinte años de poesía española (1959) y Un cuarto de siglo de poesía española (1966) y la, posterior a la cronología batlloniana, de Juan García Hortelano de 1978 El grupo poético de los años 50. (Una antología).

 

 

Quiere ello decir que el trabajo como antólogo de Batlló, se ubica en unas precisas coordenadas históricas, que sin desdeñar los compromisos propios de la Poesia Social, no elude tampoco las nuevas formalizaciones y experimentaciones formales y lingüísticas que se van produciendo a lo largos de los años sesenta, y que adquirirían carta de madurez en 1970 con el giro antológico de José María Castellet y sus Nueve novísimos poetas españoles. Pero eso es lo visible, lo invisible es su largo viaje al Sur, al Mediodía donde se producirían sus primeras armas poéticas, lejos de su Cataluña natal. Viaje del Norte al Sur que cumple, pese a las carencias formativas de la época, un inequívoco aroma formativo.

 

 

 

Hijo de un jardinero barcelonés, que se traslada recién acabada la Guerra Civil a la Sevilla saturnal y agraria del general Queipo de Llano, dejando atrás la marcada Barcelona menestral y nacionalista, conquistada por Yagüe al que matiza otro triunfador, presente en la toma militar, como fuera Ridruejo, que lanza o hace lanzar como Secretario de Propaganda, panfletos redactados en catalán. Y aquí en esa Sevilla, polarizada por Queipo y el cardenal Segura, es donde José Batlló crece y se forma a trompicones e iluminaciones. Allí permanece hasta 1963, año de su regreso a Barcelona, una vez concluido el proceso formativo del joven Batlló.

 

 

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Manuel Vázquez Montalván

 

Llevando bajo el brazo de la experiencia sevillana, tanto su estancia en el colegio religioso Santo Tomás de Aquino (como recordara Víctor Márquez Reviriego, en su recuento de los colaboradores de la revista Triunfo); como la puesta en marcha, junto al librero Alfonso Guerra y al funcionario José Barrera  de la revista de poesía La Trinchera. Frente de poesía libre. Una rareza del Sur, como ya lo fueron en años pasados otras revistas poéticas como Hermes y Renacimiento. Una revista sureña y provincial, que cuenta en su consejo asesor con lo mejor y más granado del panorama literario y muy volcado a Cataluña: Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Jaime Ferrán y  Jaime Gil de Biedma. Más tarde vendrían los madrileños, como Félix Grande, Vicente Aleixandre o Gabriel Celaya. Y junto a esos devaneos literarios y escritos, otros frentes de agitación cultural y de empeños formativos, como fueran algunos escarceos teatrales tempranos. Montando obras de Samuel Beckett, como fuera Final de partida, junto al primerizo y aún desconocido Alfonso Guerra. Todo ello antes de dar salida Guerra, a la compañía teatral Esperpento primero, y luego Teatro del Mediodía. Y antes de su transformación política que arranca en 1974 en Suresnes.

 

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De lo cual cuenta algo, pero poco en los rincones de su primera entrega memorialística Cuando el tiempo nos alcanza. Memorias (1940-1982). Algo de ello se transparenta más en el encuentro del año 1981 (al filo de la escritura memorialística de Guerra) realizado por iniciativa de Cam de l’Arpa en su número 91-92 del mes de octubre, y recogido el encuentro por Estrella Molina. Y ya, en 1981, en el año del encuentro rememorativo, se perciben dos trayectorias que, coincidentes en el pasado de veinte años, hoy caminan por vías separadas. A un año vista del triunfo electoral del PSOE en 1982.

Bastaría recordar, como emblema central de la trayectoria de Batlló, la creación de la colección de Poesía El Bardo, dentro de la editorial Libros de la Frontera  junto a su amiga de Sevilla Amelia Romero, en 1964; experiencia que durará hasta 1974, dando paso a otras tres  etapas añadidas, una vez adquirida la colección poética por editorial Lumen y pasando a estar dirigida por Carlos Sahagún.

 

Juan Benet, Josep Batlló, Per Gimferrer

 

Ocho años más tarde de la fundación de El Bardo, en 1972, junto a Juan Ramón Masoliver, daría salida a la revista literaria Cam de l’ arpa, la mejor revista de literatura de la segunda mitad del siglo XX en España, en palabras de Jordi Gracia y Domingo Ródenas.  Revista que finalmente sería dirigida por alguien tan próximo a Batlló, como fuera Manuel Vázquez Montalbán. Proximidad dictada por la coincidencia del año de nacimiento de ambos al filo del final de la Guerra Civil; por su coincidencia poética, no en balde los primeros libros de poesía de Manuel Vázquez Montalban, Una educación sentimental y Movimientos sin éxito aparecieron en la repetida colección de El Bardo. De igual forma que entre 1970 y 1976, ambos coincidirían en las páginas del semanario de referencia, como fuera el Triunfo de todas las batallas, el Triunfo de Ezcurra y Haro tecglen. Batlló, bajo el seudónimo de Martín Vilumara y Manolo Vázquez Montalbán, con ropajes diversos, desde sus propio MVM a Luis Dávila, desde  la Baronesa D’ Orcy a Sixto Cámara, dieron cuenta de esa fraternidad literaria y política. De alguien que viajó del Norte de Cataluña al Sur de Andalucía en un trayecto formativo e inicial, y de alguien más, que fue a morir justamente en los Mares del Sur. En un raro hermanamiento de principios y finales.

 

 

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2 Comentarios

  • Creo que comocí la revista muy al principio de llegar a Madrid, quizá el año 76 o 77. Recuerdo que iba a buscarla cada mes a uno de esos kioskos maravillosos que estaban casi todo el día abiertos y tenían todas las revistas, incluso en las provincias recónditas, como la que yo vivía en los veranos, donde había uno al lado del mercado donde era era posible encontrar también “Camp de l’arpa”.

    Tengo ahora un ejemplar en las manos de junio de 1978 que entonces valía 100 pesetas, dedicado a “Literatura y erotismo”donde había artículos de D.H Lawrencw, George Steiner, Susan Sontag, Alberto Cardin o Eugenio Trías. El director de la revista era Manuel Vázquez Montalban y en el comité asesor estaba Jose Batlló y gente como Carlos Barral, Jorge Herralde, Beatriz de Moura, Jaime Salinas o Marta Pessarrodona.

    De pronto me doy cuenta de todo lo que le debemos a esa generación que ya está desapareciendo, lo importantes que fueron como referentes para los que nos gustaba leer y cómo, a veces, tengo la sensación de que no están siendo sustituidos por otros a su misma altura o parecido talante.

    Además muchos no fueron demasiado conocidos pero, como Batlló, fueron esenciales para el surgimiento de revistas o proyectos editoriales que con el tiempo nos parecen extraordinarios y también recuerdan otro aire social, mucho más mestizo y abierto culturalmente, en aquella Barcelona que nos parecía tan cosmopolita y deseable.

    Magnífico tu recuerdo de Batlló. Alguien que merece ser recordado en una revista como ésta.

  • Creo Ramón, que las circunstancias que describes dan cuenta de una proto-transición cultural, anterior a la política y de mejores efectos. Da la sensación que todo ese caudal de ideas, gentes, proyectos e iniciativas fueron sepultados por la visibilidad triunfal de lo político. Habrá que rememorarlos por hacer justicia a esos tiempos grises pero esperanzados. Hay quien mantiene que adquirida la normalidad política, todo el bagaje de información y cultura carecía de sentido. Ello explica la desaparición de Triunfo, Cuadernos para el diálogo, Camp de l’arpa, Ozono, Diwan, y tantas otras.

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