El mapa sonoro de 2016

Fieles a nuestra tradición en esta revista, ya estamos aquí de nuevo para resumir y valorar lo que nos ha ofrecido la temporada musical, en un año que comenzó adoleciendo de una cierta pereza creativa, persistente durante su primera mitad, para despegar por fin en una segunda que recuperaba el terreno perdido sacándose casi todos los ases que guardaba en la manga.

GREATEST HITS

Comenzamos, como siempre, por la canción más omnipresente del año, que por regla general suele tener un punto de calidad por encima de la media del mainstream. Cheap Thrills, perteneciente al disco This is acting, de la australiana Sia, no es una excepción. Apuntalada por la buena voz de la cantante y con una base rítmica tan en la línea de otros triunfos actuales (a lo Major Lazer, pero mejor), a la canción le funciona todo para ser una la opción de escucha perfecta en cualquier contexto sin disgustar a nadie. El verano ha sido suyo. Mucho se ha prodigado también Starboy, la colaboración entre The Weeknd y Daft Punk. Con todo, ha habido otra canción aún más exitosa este año, pero mucho menos buena y más convencional: se trata de One Dance, de Drake, incluida en el disco Views. A día de hoy ha sido reproducida la friolera de 1000 millones de veces en Spotify. Ni los Beatles tienen ese récord (por ahora).

 

 

Sin embargo, a nivel comercial, lo que verdaderamente debe remarcarse como gran éxito de 2016 es Lemonade, el sexto disco de estudio de Beyoncé. Junto a otros tantos álbumes de pesos pesados de la industria, ha sido lanzado únicamente a través de plataformas digitales de pago, pero eso no le ha impedido venderse como la seda. La piratería que lógicamente ha acompañado su ausencia en medios de streaming gratuito no le ha causado grandes estragos. Además de los aspectos de mercado, los aspectos conceptuales de Lemonade también son muy definitorios del momento actual: el álbum se enmarca dentro de una nueva corriente de la música generalista que pretende huir de los singles de usar y tirar y ofrecer productos más cuidados y duraderos, con mayor variedad estilística a lo largo del tracklist y un cierto hilo temático que los justifique como conjunto, que pasa por tocar, aunque sea de refilón, temas de la actualidad social y política. Todo ello sin perder el gancho para las masas. Lemonade es el ejemplo más preciso de todo esto, y lo más importante: es además un señor disco. Por lo menos la mitad de sus temas rayan a un nivel muy alto. Freedom, su cumbre, es una barbaridad. No es de extrañar que la crítica no haya tenido reparos en ponerle la guinda al pastel.

EL GRAN AÑO DE LA MÚSICA NEGRA

Hemos hablado del triunfo de Beyoncé, pero ella no ha sido ni mucho menos la única que ha saboreado las mieles del éxito. De un tiempo a esta parte se viene notando, tanto en los medios periodísticos de referencia como por la respuesta del público, que la música negra está de moda y son sus artistas los auténticos trendsetters del momento, quienes poseen el sonido más acorde a las demandas de la modernidad. Caracterizados por su tendencia a la fragmentación, por un listado interminable de artistas invitados, por un sofisticado plantel de recursos musicales que fusionan rhythm and blues, jazz y hip hop con un generoso número de samples cada vez más rebuscados, y por la utilización del autotune y otros trucos de modificación de la voz, los nuevos álbumes de Frank Ocean (que se desdobla en el ultraestilizado Blond y el experimental Endless), Kendrick Lamar (untitled unmastered, colección de descartes su anterior y celebérrimo To pimp a butterfly), Solange (A seat at the table), Anderson .Paak (Malibu), A Tribe Called Quest (We got it from Here…Thank you 4 your service), Danny Brown (atrocity Exhibition) y Kanye West (The Life of Pablo), entre otros, han hecho las delicias de los críticos a la última y gozado de no poco predicamento popular. Paralelamente, los discos Konnichiwa, de Skepta, y 99,9%, de Kaytranada, se han hecho con los premios Mercury y Polaris frente a artistas más que consagrados con obras más que notables.

 

 

Todos estos discos no son solo atrevidos en lo formal, sus textos son de fuerte contenido político, como reacción necesaria a las tensiones raciales que han ido acrecentándose de forma alarmante en los albores de la era Trump. Un buen compendio lo encontramos en el último disco de Common: Black America Again. Disco en el que, por cierto, colabora Stevie Wonder.

 

ADAPTARSE A LOS TIEMPOS

Y si hablamos de cómo suena el presente, tenemos que citar unos cuantos trabajos provenientes de veteranos que de un modo u otro huyen del apoltronamiento al introducir sutiles modificaciones en su estilo para darle nuevos matices y ponerlo al día sin perderlo. De este modo consiguen adaptarse a los tiempos y mantener su peso como artistas en un panorama en continua evolución.

Es, por ejemplo, el caso de Radiohead. Para A moon shaped pool, su mejor disco desde Hail to the thief (del ya lejano 2003), la banda de Abingdon ha mantenido las texturas sintéticas de sus últimos trabajos pero les ha añadido unos oportunos arreglos de cuerda producto de la experiencia acumulada por Jonny Greenwood en el campo de las bandas sonoras. La apuesta ha sido retomar el concepto de Kid A y Amnesiac vistos con perspectiva, y el conjunto de todo ello es un trabajo exquisito.

 

 

Un reto mayúsculo tenían ante sí los australianos The Avalanches. Cuando tu debut es un fenómeno de culto y su continuación llega 16 años después, la presión es máxima. Pero Wildflower, sucesor de Since I left you, solventa la papeleta como solo ellos saben hacer: tirando de samples inesperados y nada obvios, armando con ellos un colorido mosaico con el encanto retro propio del grupo, y quitando peso al beat electrónico típico del 2000 para concedérselo a las bases de rap más propias de esta era.

Menos veterano pero también reseñable por su capacidad de integrar tendencias en su ADN artístico es Justin Vernon, quien ha roto el silencio de un lustro para su proyecto Bon Iver con 22, A Million, disco que, como sus predecesores, no parece definitivo en primeras escuchas pero se crece en los detalles, miles de pequeños destellos que se descubren con el oído atento, llenan las canciones y son los que empastan la aparente dispersión formal para dar sentido de conjunto. Eso es lo que hace a la música de Bon Iver tan arraigada a su tiempo pero a la vez tan perdurable.

 

 

Quien también se muestra preocupada por expresarse en términos muy actuales es ANOHNI, que aparca su era como hombre con Antony and the Johnsons para abrir una nueva en su primer álbum como mujer, HOPELESSNESS. Su estilo sigue siendo intenso y apasionado, y su influencia se deja notar en otros trabajos como el desarrollado por Douglas Dare en su segundo y fantástico largo, Aforger.

En el lado opuesto de esta balanza tenemos unos cuantos contraejemplos, grupos de toda la vida que, o no han querido o no han podido ofrecer algo distinto a la costumbre, transitando por sus zonas de confort sin ofrecer nada estimulante. Aquí caben, por citar algunos, Red Hot Chili Peppers (The Gateaway), Primal Scream (Chaosmosis), Kings of Leon (Walls), Green Day (Revolution Radio) o, ay, Wilco (Schmilco).

 

OPUS CASI PÓSTUMOS

En el apartado anterior ha faltado citar a quien hizo de la transformación seña de identidad durante toda su carrera: David Bowie. El Duque Blanco inauguró el año entregando un disco de tonos sombríos y desolados en clave de free jazz, llamado Blackstar. Su muerte a los tres días de la publicación acentuó su carácter lúgubre y doloroso, dejándolo para la posteridad como el soberbio testamento de una de las figuras más grandes e influyentes de la Historia del pop/rock.

 

Cuando creíamos que la maniobra de entrada en la eternidad por parte de Bowie tendría un carácter único, llegó Leonard Cohen. No quisimos hacer caso del escalofriante “I’m ready, my Lord” que jalona You Want it Darker. Pero así fue, Leonard estaba preparado y nosotros no. Se fue regalándonos un último disco según su costumbre: sereno y precioso, profundo y trascendental. Me resultó muy reconfortante comprobar que todos los textos de agradecimiento y memoria que leí tras su muerte eran transparentes y sinceros, además de bellísimos: Leonard Cohen había conseguido sacar lo mejor de quienes le admiraban. No me detendré aquí a glosar las virtudes de su música y su literatura, creo que basta con decir que gracias a figuras como la suya (y la de Bowie) tenemos un mundo mejor.

 

Quien aún está vivo, por suerte para todos, es Nick Cave. Sin embargo, la sombra de la muerte de su hijo planea impregna cada segundo de Skeleton Tree, un disco hecho con las tripas, delicado y estremecedor al tiempo que firme y resoluto.

Lejos de la relevancia de las tres leyendas que acabo de nombrar, hay que citar aquí también otro caso luctuoso que se ha cobrado 2016. Es el de la banda Viola Beach, quienes tenían un notable potencial practicando un pop luminoso y despreocupado de ecos tropicales. Su álbum homónimo es su primer y último disco, ya que todos los integrantes de la banda junto con el manager fallecieron en un accidente de tráfico, tragedia que no debería empañar el optimismo de su música.

 

Nick Cave

 

 

AJENOS A LA MODA

Del mismo modo que hay quienes se muestran inquietos por la innovación, otros no la necesitan en absoluto para dar a luz propuestas con interés, bien sea porque tienen el talento, la habilidad o la inspiración suficiente para lograrlas.

Hemos hablado de mitos que ya no están entre nosotros, pero otros de su misma alcurnia siguen aquí, ampliando su impagable legado cada uno con su personalidad indiscutible: Paul Simon en Stranger to Stranger, Neil Young en Peace Trail y los mismísimos Rolling Stones de vuelta al origen, Blue & Lonesome (ya que hablamos de auténticos tótems, no está de más recordar que Bob Dylan ha sacado disco otro disco de versiones en 2016, Fallen Angels, y con no poco revuelo se ha llevado a casa el Premio Nobel de Literatura).

 

 

También están PJ Harvey con su faceta más combativa y política en The Hope Six Demolition Project; Teenage Fanclub, puro power pop en Here; los siempre delicados The Jayhawks, con Paging Mr. Proust; Neil Hannon o lo que es lo mismo, The Divine Comedy, deliciosamente anacrónico como siempre en Foreverland; los íntimos y confesionales Damien Jurado con Visions of us on the land, Cass McCombs con Mangy Love, M.Ward con More Rain, Eric Bachman con su álbum homónimo y King Creosote con Astronaut meets Appleman; los psicodélicos Kula Shaker en K 2.0 y Jim James en Eternally Even; Ray LaMontagne realizando una increíble resurrección sonora de los primeros Pink Floyd en Ouroboros; Andrew Bird, que ha entregado una preciosidad llamada Are you serious, o los que pasan tanto de la moda como de lo clásico y van a lo suyo, los neoyorkinos Swans y The Glowing Man, su nuevo mamotreto de música antediluviana. En un término medio se han situado Woods, que puestos a no repetir la fórmula del pop sesentero que tan lejos los llevó en su anterior álbum (mejor disco del año para esta revista en 2014), para City Sun Eater in the river of light han optado por darse un toque étnico que les sienta de maravilla. Uno de sus antiguos miembros, Kevin Morby, vuela ahora en solitario y también ha tenido mucho que decir, en Singing Saw.

 

SAVIA JOVEN

Todos los nombres que he citado en el apartado anterior son gente con bastante, cuando no mucha trayectoria a sus espaldas. De los que vienen a continuación algunos también atesoran un considerable catálogo, pero comparten con los demás el ser parte de la generación más nueva en el mundillo, la que aún lo tiene todo por andar, y también la que decide expresarse en términos atemporales, estilos clásicos que siguen ahí y siempre se pueden seguir explotando.

 

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Ocho años después del extraordinario The Age of the Understatement, la dupla Alex Turner /Miles Kane ha resucitado The Last Shadow Puppets con un disco que por quedar lejos de la excelencia de aquél ha recibido peores críticas de las que merecía. Se llama Everything you’ve come to expect y es tan chic como cabía esperar. A modo de complemento navideño, han adjuntado el EP de versiones Dream Synopsis. Si este dúo tiene su razón de ser en los años 60, hasta los 50 se va el francés Gaspard Royant para su agradecido Have you met Gaspard Royant?, y también el norteamericano Nick Waterhouse con el chispeante Never Twice. En el glam-rock de los 70 se basa fundamentalmente el poderoso debut de Kyle Craft, Dolls of Highland, y en la americana de siempre los homónimos de Max Jury y Marlon Williams. Por caminos más pop se van The Goon Sax en Up to anything, Glass Animals en How to be a Human being, The Lemon Twigs en Do Hollywood y Quilt en Plaza, y hacia la psicodelia miran The Besnard Lakes (A Coliseum Complex Museum), Mystery Jets (Curve of the Earth) y Cool Ghouls (Animal Races). Pero si nos metemos en este terreno nos topamos con unas bestias hiperproductivas llamadas King Gizzard and the Lizard Wizard. 5 años de carrera, 8 discos. Preparan otros 5 para el próximo año. El último y mejor de todos es una locura de 41 minutos a todo tren donde se entrelazan unos temas con otros entre guitarras rugientes y baterías desbocadas. Y para rematar, el disco se cierra sobre mismo uniéndose el final con el principio y vuelta a empezar (esto no es nuevo, ya The Wall era así). Su título, Nonagon Infinity.

 

 

En un registro luminoso se ubica el muy estimable Brilliant Sanity, de Teleman. Por derroteros del synth-pop y querencia ochentera encontramos a Shura y su Nothing’s Real, a Pillar Point en Marble Mouth y a los eclécticos y muy entretenidos Prince Rama con Xtreme Now. M83 también pasaba por aquí, aunque con un trabajo muy irregular llamado Junk. Y Justice, que se han puesto muy retro y muy disco en Woman.

Dentro del pop/rock más genuino hay que destacar dos propuestas españolas que han traspasado fronteras apareciendo reseñadas en los medios anglosajones más importantes, ahí es nada. Se trata de las madrileñas Hinds con su álbum Leave me Alone, y los también madrileños The Parrots, con Los Niños sin miedo. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, hago un inciso para citar algunos de los nombres que han dado que hablar esta temporada en el panorama español, desde los muy alabados (cosa que no comparto) Triángulo de Amor Bizarro (Salve Discordia es su último trabajo) a Novedades Carminha (Campeones del mundo) y Corizonas (Nueva Dimensión Vital), pasando por los recién llegados Pasavento (Tuvo su momento), los eclécticos Ljubliana & The Seawolf (Vaine House) y los consagrados Manel, en busca de nuevos horizontes en Jo Competeixo. Nombres muy conocidos como Sidonie (El peor grupo del mundo), Love of Lesbian (El poeta Halley) o Fangoria (Canciones para robots románticos) también han sacado material fresco este año. Aunque sin duda, si hay que quedarse con alguien es con Las Bistecs, ese dúo barcelonés de quienes hablamos el año pasado, que gracias a su merecido éxito en youtube han sacado adelante, vía crowdfunding, un disco titulado Oferta, con viejos y nuevos hits de su particular y divertidísimo universio.

 

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Cierro paréntesis y volvemos a donde estábamos, a esos artistas emergentes que recogen el testigo de estilos clásicos para seguir transformándolos y expandiendo sus fronteras. De éstos, ha habido dos en 2016 que se han desmarcado notablemente del resto, cosa que les ha reportado muy altos elogios críticos. A sus 29 años, Angel Olsen ha abandonado el folk puro de sus primeros discos para electrizar su sonido haciéndolo más crudo y penetrante. Su voz mantiene la suavidad que la caracterizaba pero también se vuelve más inquisitiva. Esto, sumado a unas cuantas canciones soberbias, hace de My Woman un disco emocionante e ineludible. En su misma órbita se mueven otras artistas muy prometedoras como Itasca (Open to chance), Weyes Blood (Front row seat to earth) o Margo Price (Midwes Farmer’s Daughter).

Por su parte tenemos a Will Toledo (sí, se llama así), que es el principal artífice de Car Seat Headrest. El chico tiene 24 años y un talento que no le cabe. Teens of Denial, que hunde sus raíces en la new-wave y la Velvet Underground más toxicómana, es un monumental álbum que para una banda cualquiera supondría el culmen, la suma de sus mejores esfuerzos, pero para él es solo la versión sublimada de lo ofrecido en sus 5 (han leído bien) discos anteriores. La única diferencia es que aquéllos fueron autoeditados, mientras que éste ha contado con el respaldo de un gran sello, lo que redunda en mayor calidad de producción. No dejen pasar estos 70 minutos, son una joya tras otra.

 

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OTRAS MODERNIDADES

En este resumen tan enfocado hacia la búsqueda y el significado de la modernidad no puede faltar una rama unida a ella in solidum: la electrónica, o todo cuanto se acerca a ella. Uno de sus pioneros, Vangelis, ha retornado para homenajear a la sonda espacial más famosa de los últimos tiempos: Rosetta. Y Brian Eno, autoridad histórica del ambient, también ha alumbrado una nueva obra, The Ship.

Pero son los herederos quienes definen el estado actual del género. Hay que destacar en primer lugar el maravilloso trabajo de Floating Points en Kuiper, especialmente durante los 18 minutos de la suite titular. El interesantísimo Sirens de Nicolas Jaar, Varmits, de Anna Meredith o Tooth, de Raime, han sido otras de las propuestas más innovadoras. También se ha hecho un hueco Kaitlyn Aurelia Smith, con dos álbumes de naturaleza muy diferente: el primero, EARS, firmado en solitario, y el segundo, FRKWYS Vol 13. Sunergy, reclutando a la que otrora fuera una de las reinas del new-age, Suzanne Ciani.

 

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Otro campo que suele reportar experimentos estimulantes es el de la world music, en el que se enmarcan Channel the Spirits, de The Comet is coming, y Last Evenings on Earth, de Melt Yourself Down.

Por último, están aquellos músicos que buscando lo desconocido se mueven por terrenos difícilmente clasificables. Tenemos a Lambchop en una masa densa llamada FLOTUS, al spoken-word de Kate Tempest (Let Them Eat Chaos), a Massive Attack en formato EP (Ritual Spirit) + single (The Spoils), y tenemos a Archive (The False Foundation), pero el caso más llamativo de la temporada es el de Let’s Eat Grandma, dos chicas de 17 años (!) que han facturado un debut tan extremadamente raruno como delicioso llamado I, Gemini.

EL DISCO DEL AÑO

Como siempre, cerramos el extenso sumario de lo que ha dado de sí el año reservando el lugar de honor para el disco que se lo ha ganado. Comenzábamos hablando del rotundo éxito de la música negra y continuábamos haciendo hincapié en la viveza de la escena joven. Pues bien, Michael Kiwanuka es muy joven y es de raza negra. Al contrario que la de sus compañeros americanos, la música de Kiwanuka, que es británico, es de un clasicismo arrebatador, puro y sin adulterar. Soul en todo su esplendor. El suyo es el triunfo del reposo, de las canciones que se cocinan a fuego lento tomándose los minutos que sean necesarios para emocionar de raíz, para desarrollar unos profusos arreglos orquestales donde se nota la mano del productor, Danger Mouse. También es el triunfo de una voz que declama sin alardes unos textos muy simples, pero con una autenticidad que los vuelve completamente emotivos. En lo melódico, se cruzan las melodías dilatadas de Elbow, de concepción más nueva, con las esencias inmortales de Marvin Gaye u Otis Reading. Love & Hate es el sencillo título que resume las 10 canciones con las que Michael Kiwanuka ha entrado por derecho propio en el olimpo de su generación.

 

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Ya saben que toda esta palabrería no tiene ningún sentido sin los sonidos a los que alude. En la lista adjunta, lo más importante de todo este resumen, podrán adentrarse en todos ellos y les invito a que los exploren. Veremos con qué nos sorprende 2017.

 

 

LOS 50 MEJORES DISCOS DE 2016

1. Michael Kiwanuka – Love & Hate

2. Car Seat Headrest – Teens of Denial

3. Andrew Bird- Are You Serious?

4.King Gizzard and the Lizard Wizard- Nonagon Infinity

5. Nick Cave & The Bad Seeds- Skeleton Tree

6. Bon Iver- 22, A Million

7. Beyoncé- Lemonade

8. Nicolas Jaar- Sirens

9. Leonard Cohen- You Want it darker

10. David Bowie- Blackstar

11.Radiohead- A moon shaped pool

12. Floating Points- Kuiper

13. Nick Waterhouse – Never Twice

14. Woods- City Sun eater in the city of light

15. Angel Olsen- My woman

16. Las Bistecs- Oferta

17. Douglas Dare- Aforger

18. PJ Harvey- The Hope Six Demolition Project

19. Paul Simon- Stranger to Stranger

20. Max Jury-Max Jury

21. Ray LaMontagne- Ouroboros

22. The Avalanches- Wildflower

23. Damien Jurado- Visions of Us on the Land

24. Kyle Craft- Dolls of Highland

25. Teleman- Brilliant Sanity

26. Quilt-Plaza

27. Viola Beach- Viola Beach

28. The Comet is Coming- Channel the Spirits

29. Common- Black America Again

30. Frank Ocean- Blond

31. Kendrik Lamar- untitled unmastered

32. Teenage Fanclub- Here

33. Kanye West- The life of Pablo

34. Weyes Blood- Front Row Seat to earth

35. Let’s Eat Grandma- I, Gemini

36. Gaspard Royant- Have you met Gaspard Royant?

37. Anna Meredith- Varmints

38. Itasca- Open to chance

39. Marlon Williams- Marlon Williams

40. Cool Ghouls- Animal Races

41. The Last Shadow Puppets- Eveything You’ve come to expect

42. The Goon Sax- Up to anything

43. Glass Animals- How to be a human being

44. Kaitlyn Aurelia Smith- Ears

45. Swans- The Glowing Man

46. The Divine Comedy- Foreverland

47. Margo Price- Midwest Farmer’s Daughter

48. The Jayhawks – Paging Mr. Proust

49. Mystery Jets- Curve of the Earth

50. Justice-Woman

 

 

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