Contra el Buenrrollismo (de buen rollo, ¿eh?)

“Creer que la vida te va a tratar bien porque eres una buena persona es como creer que un tigre no te va a atacar porque eres vegetariano.”

    Bruce Lee

Hoy habíamos quedado con una pareja de amigos buenrrollistas, que iban a pasar por casa para llevarse un mamotreto de carácter cultural para su hija. Ya de paso, y dada la hora a la que habían anunciado su llegada, también íbamos a invitarles a comer. Pues justo a la hora de comer mandan un mensaje para decir que no, que vendrán más tarde. Menos mal que no nos ha sobrado mucha comida. Luego el “más tarde” se convierte en nunca, porque les han salido otros planes y además ya no quieren el mamotreto, que se han dado cuenta de que no les cabe. Habrá que llamar, ahora, a los demás pretendientes al obsequio, a los que habíamos dicho ingenuamente que ya estaba adjudicado. Y todo porque está feo anticiparse demasiado a lo que uno va a hacer, y tampoco hay que ser demasiado formales. Encima el mamotreto era densamente cultural, como digo, y los buenrrollistas aman la cultura, pero sólo la que esté a la mano y sea ligerita, para ambientar la vida. Gastarán dinero en cultura, desde luego, pero en aquella cultura que les confirme el buenrrollismo, que el resto son pecios del pasado, mamotretos pesando sobre la arena de la playa…

 

Fotografía Dennis Stock

 

Yo no sé muy bien de dónde procede el buerrollismo. Puede ser un remanente del hipismo mezclado con New Age, Teoría de Gaia, nudismo, anarquía y quién sabe qué más. Los buenrrollistas son buena gente, no cabe duda, y en caso de producirse una lucha futura para impedir que el mundo se convierta en una completa basura, estoy convencido de que ellos estarán de la parte de la solución, no de la del problema. Pero, mientras, resultan a veces desesperantes, cuando no imposibles de tratar. Piensan que al planeta sólo le sobran unos cuantos egoístas con corbata para ser un paraíso, y en eso puede que no les falte razón, pero creo firmemente que sería un paraíso demasiado pasivo. Me recuerda a esa escena del inicio de Interstellar, donde el protagonista, cansado de ser agricultor a la fuerza, le dice a su padre que la especie humana no sirve para quedarse atada a la tierra y subsistir con lo que obtenga, sino que los hombres y mujeres somos pioneros, somos aquellos que van por delante siempre y abren nuevas posibilidades. Esto en parte es verdad, porque lo ha sido históricamente, y en parte es propaganda pro-capitalista en la película, como no podía ser menos, pero merece ser escuchado. Yo, personalmente, sí entiendo que la globalización es un proceso que debería llevarnos a cierta detención, es decir, que tanta expansión está pidiendo ya a gritos freno y reflexión. Y que hay que empezar a habitar sensatamente el planeta Tierra, una vez concluido el periodo de su feroz conquista. En lo que discrepo, sin embargo, es en la manera. Los buenrrollistas parecen pensar que no hay que pensar, que basta con no desear más que lo que se tiene. En este sentido, el himno oficial del buenrrollismo en España sería esta canción de Macaco que ya tiene unos cuantos años:

 

 

Moving, all the people moving,

one move for just one dream
We see moving, all the people moving,

one move for just one dream

Tiempos de pequeños movimientos…
movimientos en reacción
Una gota junto a otra hace oleajes, luego mares…océanos
Nunca una ley fue tan simple y clara:
acción, reacción, repercusión
Murmullos se unen forman gritos,
juntos somos evolución

Moving, etc.


Escucha la llamada de “Mama Tierra”,
cuna de la creación
Su palabra es nuestra palabra,
su “quejío” nuestra voz
Si en lo pequeño está la fuerza,
si hacia lo simple anda la destreza
Volver al origen no es retroceder,
quizás sea andar hacia el saber

Moving, etc.

 

Fotografía August Sander

 

Pequeños movimientos, “Mamá Tierra”, la fuerza de lo pequeño, volver al origen, just one dream… Así no adelantamos nada, sólo ejercemos una cierta cara de no-violencia frente a las brutales transformaciones del presente. Hay, por el contrario, que seguir siendo pioneros, pero sin que este carácter aventurero (aventurero del conocimiento y de las relaciones sociales, sobre todo) sirva únicamente para beneficiar a los amos de la Tierra. Pioneros científicos, pioneros jurídicos o pioneros estéticos, todo aquello que requiere esfuerzo y que podría ayudar, más allá de simplemente negarse a colaborar con el “sistema” y tomarse un ron tumbado en una hamaca rodeado de amigos. No estoy recurriendo al viejo argumento facha de que los hipis son meramente unos vagos -yo mismo soy bastante vago y algo hipi-, pero sí afirmando que el estudio no es completamente inútil, ni la cultura un modo sofisticado de darse palmaditas en la espalda. Mucha gente hace arduas cosas, sosteniendo con ello el mundo. Hacen puentes, levantan un tendido eléctrico, reparan fotocopiadoras, matriculan a sus hijos o programan Linux. Es la fuerza de las pequeñas cosas, como canta Macaco, de acuerdo, pero no veo que tenga nada de retroceso a lo simple ni a un presunto origen. No hay ni habido jamás simplicidad alguna, todo es y ha sido complicado y jodido desde el principio, y no hay origen imaginario, todo ha sido construcción humana y construcción sumamente elaborada en la que hemos colaborado todos (hoy en día, por cierto, se sabe que los peones de la pirámides de Egipto no eran necesariamente esclavos, sino que había también trabajadores contratados, pero sabemos también que la esclavitud, en general, ha sido la responsable encubierta del avance de la civilización moderna).

 

Fotografía August Sander

 

 

Es cierto también, que si el mundo se salva a cada momento es por la confabulación secreta de las buenas personas, que hacen bien su tarea sin dañar a nadie. Es “secreta” esta confabulación porque no la perciben ni ellos, que se limitan a arrimar el hombro en lo que les toca y con ello participan sin saberlo de una red mundial de personas honradas que impiden que todo se vaya al traste. El tipo que tira el papel en la papelera, la tipa que paga sus impuestos, el funcionario que no falta a su trabajo, el policía que no se deja corromper, la pescadera que vende fresco, el  alcalde que se preocupa por su ciudad… Ellos son la sal de la tierra, y, afortunadamente, la inmensa mayoría. El buenrrollista puede que sepa esto, pero no parece tenerles en demasiada consideración, como si representasen la infame “burguesía” de la que hablaban Marx o la Contracultura. Y en eso se equivoca: no hay  por qué ondear una bandera para coadyuvar en el soplo de viento que la empuja. Esa gente buena, o normal (no pretendo ofender a nadie con este adjetivo, que utilizo sin especial intención), no sueña ni mucho ni poco, a menudo ni siquiera es otro-mundo-es-posibilista, simplemente se comportan como es debido, con sus horarios, sus costumbres convencionales y su corbata o falda si se la exigen en el trabajo. Claro que “otro mundo es posible”, cómo no, pero lo que es seguro es que no va a consistir en una playa interminable, ni en una canción de Macaco repetida indefinidamente, ni, en general, en confiar únicamente en los buenos sentimientos. Habrá que alzarse sobre lo que han hecho nuestros padres y mirar más lejos, interesarse un poco por todo y no por mera ociosidad, evolucionar, pero hacia la acción multitarea, que requiere concentración y constancia, confiar en la tierra, pero saber que también produce terremotos, e incluso, siempre que se pueda, llegar a tiempo a las citas y ser consecuentes…

Pero de buen rollo lo digo, ¿eh?

 

Fotografía: August Sander
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7 Comentarios

  • A poco que ocurra un nuevo apocalipsis… pero no uno de esos de países lejanos… sino apocalipsis de barrio, de esos otros tan cercanos que bañan de sangre nuestras propias aceras… descubriremos otra vez asombrados, que el buenrrollista y ese terrible enemigo de todo lo bueno que es el que mira la hecatombe sin hacer nada… son el mismo melifluo, necio, arrogante hijo de la gran puta (con insignificantes diferencias)… es más… no será el meteorito, ni la epidemia, ni el sol con sus rabiosas explosiones… será el buen rollo el que nos mate de una vez por todas.

  • No es problema, mucha gente no tendría inconveniente en morir de buen rollo. Por cierto, me dicen que “buenrollismo” es con una sola “r”…

  • Ay!,ese mundo tan contradictorio de los hippies.
    Yo también me identificaba con los”hippies” en mi ignorante adolescencia.Ya perdí esa inocencia.
    De todas formas todo ese “buen rollismo” y amor libre del que.hacían gala se acababa cuando afloraba el”instinto animal”,y el varon solo creía en una idea,la”poliginia propia”y no compartida.(Ahora se llama celos).

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