Piglia por Renzi

Ricardo Piglia

 

Lo peor de toda muerte, de cualquier muerte, es su carácter imprevisto y su marchamo definitivo. Ya se, me objetarán algunos, que hay malos augurios que avisan de una deriva mortal. No sé si el caso de Ricardo Pligia (Adrogue 1940) afectado por una ELA en sus últimos años, puede encerrarse en esos malos augurios, que, en sus propias palabras, le limitaban y aún dificultaban la escritura.

Pese a ello, seguíamos leyendo su ciclo diaristico (Los diarios de Emilio Renzi) como si nada pasara , como si Piglia fuera el Renzi jovenzano e inquieto de sus años intrépidos de La Plata, Adrogue y Buenos Aires.

Tras un proceso de publicación de novelas memorables (Respiracion artificial, Plata quemada o Blanco nocturno) y de algunos ensayos certeros (Critica y ficción),  Ricardo Piglia, tras una estancia docente en Princenton, se transmutó en  Emilio Renzi, dando inició a la publicación (que no a la escritura, datada anticipadamente en los últimos cincuenta en un puñado de cuadernos inéditos) de los referidos diarios.  Una centralidad de los años cincuenta literarios, cruciales para entender muchas cosas: la llegada de Faulkner al sur del Sur y la llegada de Borges al norte del Norte.

 

 

La primera entrega de los diarios pliglianos,  cobijada en Los años de formación, mereció el crédito de mejor libro del año 2015 para el suplemento cultural Babelia. Como si ello fuera un reconocimiento tardío del valor literario de Piglia. Mientras que la segunda entrega, Los años felices, que apuro en tardes breves de luces frías,  no ha tenido la recepción de la primera parte, en el pasado año de 2016. Pero ello no quita, no debe de quitar, la importancia literaria debida al trabajo de Piglia. Ya que ese recorrido, viene a hacer una reconsideración de toda la literatura escrita en español tras la lógica internacional del Boom de los sesenta-setenta.

Hubo quien sostuvo la imposibilidad de ciertos registros escritos destacados, tras la ola inicial de los Garcia Márquez, Vargas Llosa, Onetti, Cortázar o Fuentes, dando por cerrado un episodio de difícil continuidad y de enorme relieve literario. Cuando bien cierto era, las diferencias existentes entre los distintos autores y las omisiones de otros nombres centrales en el devenir de las letras sudamericanas y, particularmente, las argentinas que se practicaban desde la recurrencia del Boom. Desde Borges a Roberto Arlt, desde Saer a Puig o César Aira.

 

 

Hay una visión de la literatura de Sudamérica que practica Patricio Pron, con un triángulo posible que transcurre entre Borges, Roberto Bolaño y César Aíra. Pero a ese triángulo inexplicado habría que agregarle algunas consideraciones añadidas, que irían desde el papel de  Macedonio Fernandez al influjo de los últimos autores post-Boom. Entre otras  influencias el papel de Faulkner, vía Onetti, que llegaría a Piglia. Por más que las vicisitudes estilísticas del americano y del argentino no parezcan coincidentes.

P.D. la coincidencia de las fechas de las muertes de Juan  Benet, el 5 de enero de 1993, y la de Ricardo  Piglia el 6 de enero de 2017, mantiene un hilo conductor en las influencias faulknerianas de ambos autores ,hermanadas ahora por la muerte.

 

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