Warhol, el pasado del futuro

 

 

Aprovechando que el Manzanares pasa por Madrid y el Tajo por Toledo, algunos medios han aprovechado el treinta aniversario de la muerte de Andy Warhol (Pittsburg, 1928- New York, 1987), para ofrecernos visiones contrapuestas y alteradas. Unas en exceso, complacientes y obsecuentes, y otras más secas e irónicas. Eludiendo en ambos casos las posibilidades de ubicar el fenómeno del Pop Art en la historia cultural del siglo XX y en el ascenso a los altares de la denominada Cultura de masas.

 

Autorretrato 1967 Andy Warhol

 

Un fenómeno que cuenta con tantas fechas de nacimiento como interpretes haya. Así  desde los que afirman que el Pop Art nació un 20 de enero de 1958 en la galería Leo Castelli, con la exposición de Jasper Johns, hasta los que sitúan el evento en el invierno de 1954-1955, con la firma del pacto de Varsovia, como responsable de la ironía del capitalismo artístico. Otros fijan en la pieza de Richard Hamilton This is tomorrow expuesta en 1956 en la Whitechapel Art Gallery de Londres, como el acta de nacimiento. Incluso, los más retrasados y morosos hablan de la doble exposición de 1962, en Los Ángeles y New York denominada New realists.

 

 

Lo que sí parece cierto, es que el nuevo santuario de imágenes coloridas, populares, irónicas, repetidas, banales y deformadas, tenían que ver más con el supermercado, la televisión, los grandes magazines, los centros comerciales y las comedias rosas de Hollywood, que con los Museos, la historia consagrada, la crítica de arte y las Universidades. Lo que también resulta cierto es que el caudal de imágenes banales y veniales del Pop Art, supuso la clausura y muerte del Expresionismo Abstracto, que había ocupado todo el espacio artístico de la Guerra fría. Incluso, de la Guerra Fría cultural.

 

 

Años todos ellos los citados antes, en los que Warhol se desempeñaba como ilustrador comercial. Ilustrador hipnótico de imágenes propias de un supermercado en formación, desde donde despegarían las imágenes seriadas y repetidas de gestos icónicos de la sociedad que estaba en trance de plenitud y del Life style. Unos gestos de plenitud y zozobra que en la vieja Europa estaban a punto de ser historiados por Umberto Eco en 1965, bajo la forma de Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas.

 

Bob dylan y Andy Warhol en la Factoría

 

Si alguien hubiera leído, primero el texto hagiográfico sobre Warhol, de Luis Antonio de Villena  y luego la imagen trazada por Ruiz Mantilla (El País, 21 de febrero) pensaría que estaban hablando de dos personas diferentes. Tan distantes como diversas: uno de origen esloveno nacido en Pittsburg, y el otro un producto de New York puro y contrastado. El primero, el de Villena, extraído de un disparatado elogio que se cobija con el título rimbombante de El mago de la transgresión, y que da cuenta de una pasión irrefrenable e irrepetible del autor por AW. Sin que aporte un gramo de visión crítica sobre sus obras y sus  métodos. Todo superlativo, su cine, sus pintura, su Factory y su revista Interview de la que dice que “todo lo moderno pasará por ella”.

 

Andy Warhol en la Factoría

 

Tan poco crítico de Villena, como para no reconocer que su trabajo New York/Babilonia, que le legitima para hablar de la Gran Manzana  y del Gran Gurú, copia el título de un lejano trabajo de Juan Benet que llamara New York Babel revisada y publicado en 1967 en la revista Triunfo. Obviamente, Benet no perdió el tiempo en asuntos menores y baladíes por muy transgresores que se presumieran. Y eso, que en esos años el Pop Art, movimiento de pertenencia warholiana, estaba en pleno apogeo y escalada. Un apogeo visible en la larga nómina de nombres que desfilan junto a Warhol: Allen Jones, Jaspers Johns, James Rosenquist, Claes Oldenburg, Tom Wesselmann, Roy Lichtenstein, Peter Phillips, Mel Ramos y Robert Rauschenberg.

 

 

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La Factoría por Richard Avedon

 

La segunda visión, referida al tiempo real de su visita española de 1983 nos presenta a un singular personaje que expone en la galería madrileña de Fernando Vijande y que aprovecha el hueco para viajar a Toledo. En una rara peregrinación de la capital moderna, presa de la Movida, a la antigua capital imperial. El año de su exposición en Madrid Warhol, el sumo sacerdote del Pop Art, viajó y bajó a Toledo y allí fue fotografiado por Teresa Nieto. En un movimiento repetido y de amplios predecesores desde Barrès a Zuloaga, desde Stewart Dick a Sigfried Giedion, desde Buñuel a García Lorca.

 

 

El viaje, si es que puede llamarse así, de Warhol a Toledo, no estuvo dictado por la pintura de El Greco como pudiera pensarse, o por las visiones verdegrises de Los Cigarrales. Tampoco por la captura de un perfil o de una silueta que se dibujaría en trazos rápidos en un cuaderno apaisado de viaje. El móvil warholiano, por lo contado y relatado, tuvo que ver con esa arquitectura masiva, militar y de gusto totalitario; Fascista dice Nieto. Y así se le retrata, no marcial sino paradójico y deseoso de conocer el Valle de los Caídos. Pura paradoja del transgresor, pura impertinencia de modernos desfasados.

Un viaje acompañado de una corte inefable de modernos y de secretarios, y de su inseparable cámara fotográfica Chinon, que dispara de manera imparable y casi balística, tanatológica. Un viaje sin trascendencia y sin referencias. Tal vez para componer una escena memorable de fondo sin forma. Una escena del pasado o unas visiones de sus laterales Pinturas de muerte, o del lado triste de su personalidad brillante, como llamara Estrella de Diego a su ensayo Tristísimo Warhol. Una tristeza como anverso del brillo sideral del supermercado. Una melancolía del pasado, aunque se camufle de oropeles púrpura y rosa de un futuro acelerado. Un futuro designado por Warhol, cuyos frutos hoy son visibles de la mano de Jeff Koons, como heredero de la magia del escaparate.

 

 

Obra de Andy warhol en Google Arts Project

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5 Comentarios

  • En la tercera de las Men in Black, guionizada por Joel Cohen, sacan a la Factoría y sacan a Warhol filmándo continuamente. Resulta que eran todos extraterrestres, y Warhol un agente encubierto del gobierno que los espiaba. Parece creíble…

  • El secreto de AW era ese: filmar continuamente lo que fuera. De ahí Sleep, por ejemplo. O las series infinitas de sus retratos: variaciones ilimitadas de Mao, Elvis, Marilyn, Isabel II, la sopa, el tomate Campbell o el mismo. Uno y lo diverso.

  • El secreto era EEUU exactamente en ese momento histórico: Andy llega a ser noruego, alemán o español y no se come ni medio rosco…

  • Estoy leyendo las memorias de Philip Glass ‘Palabras sin música’ y salen todos los del Expresionismo Abstracto y los del Pop Art, menos AW. ¿Porqué será? Además PG viñvio dos años en Pittsburgh antes de irse a París.

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