Hasta pronto, Chris Cornell

Con esa voz llena de cicatrices y una guitarra que parecía tener siempre a mano, Chris Cornell, el músico y líder de grandes bandas de rock como Soundgarden y Audioslave, ha atravesado mis últimos 25 años -he hecho cuentas varias veces para comprobar que es la cifra correcta- dándome estribillos para habitar carreteras felices, noches de calles largas y algún tropiezo.

 

Chris Cornell, en una fotografía de Jeff Lypsky.

Es una obviedad decir que se ha ido demasiado pronto, pero también que, con 52 años, ha tenido una vida intensa, de la que se baja justo después de un concierto, y que nos deja un bellísimo cadáver, además de una lista interminable de buenas canciones.

 

 

En estos años, ha sido el caballero de larga melena que pasó de dar el primer empujón al grunge, esa mirada melancólica y deliciosamente sucia hacia el rock, junto a Nirvana, Pearl Jam o Alice in Chains, a perder y recuperar la voz mientras batallaba con el alcohol y las drogas, sin dejar por ello de plantearse una carrera de largo recorrido, mientras tantos otros se iban quedando atrás.

 

 

Cada una de sus nuevas canciones seguía siendo un acontecimiento feliz para muchos y un acto de coherencia en estos tiempos llenos de actitudes líquidas, reaggeton y versiones flácidas de éxitos que nadie recuerda ya. Esa coherencia incluye su canción para ‘Casino Royale’, que tan bien se ajustaba al traje del último Bond, Daniel Craig, o esa emoción derretida entre los rizos mientras subía a un escenario de Nueva York con su hija Toni para cantar ‘Redemption song’, de Bob Marley, el pasado año 2015. Maravillosas variaciones con guitarra.

 

 

La ventaja de haber hecho buena música es que quien la canta nunca se va del todo; la pérdida, que no podré comprar esa entrada de Soundgarden que siempre estuve a punto de tener entre los dedos para disfrutar de su fuerza en directo.

Descansa en paz, Chris.

 

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