La muerte de Gregg Allman y el mutis de “Despacito”…

Lejos de mi alegrarme de la muerte acaecida ayer de Gregg Allman, cuyo grupo sólo me ha producido alegrías, pero algo de bueno ha tenido, porque gracias a eso hemos podido oír por la radio algo distinto a la presencia constante, como una hidra musical de mil cabezas, del Despacito de Luís Fonsi. En alguna emisora, por ejemplo, he oído ese temazo en señal de homenaje,Rambling man. Es otra cosa, desde luego, y no es que Despacito esté ni mucho menos mal, tan solo da un poco de miedo por todo lo que planea hacer Fonsi a esa pobre chica, como la pille. Los Allman Brothers band, en cambio, ha sido una formación caótica, que ha muerto y renacido más veces que el proverbial Ave Fénix, pero que ha producido una gran cantidad de joyas del rock. “Rock sureño”, como lo llaman allí, en una variante geográfica y adjetival que parece que a los de la banda no les gustaba mucho, por aquello de que el Big South faulkneriano tiene resonancias de atraso, mundo rural y dejes racistas que nadie querría para sí. A mi, sin embargo, excepto lo del racismo, lo de “sureño” no me parece tan nefasto: ¿porqué no conocer qué música, qué modo de existencia germina también en un entorno así, atrasado, rural y casi orgulloso de sus derrotas? De hecho, fue ese orgullo el que movió a los Lynyrd Skynyrd a componer esa maravilla, Sweet Home Alabama, donde lo que se trataba era de responder al insulto que habían recibido de los sofisticados grupos del Norte. ¿Que hacemos música de paletos? ¡Tomad un himno jubiloso, entrañado, con bandera confederada de fondo pero que dará la vuelta al mundo, de parte de unos paletos!

 

 

Los Lynyrd Skynyrd son herederos de los Allman brothers, como tantos otros. Yo suelo oir a los Goverment Mule, a los Drive-by Truckers, a ZZ Top, claro, y a la Tedeschi Trucks band, pero debe haber miles…

 

 

Lo que pasó con los Allman es que hacían eso que me han contado que solía decir Joaquín Sabina a los íntimos: “yo es que soy como el sol, salgo y me pongo, salgo y me pongo…” Tanto se pusieron, que no ganaban para clínicas de rehabilitación. El hermano de Greeg, Duane Allman, que apuntaba para genio de la guitarra (fue el responsable, por cierto, de la larga coda final del Layla de Eric Clapton), se mató del modo más absurdo -más camusiano– interponiendo su cuerpo entre su moto y un camión, pero la banda sobrevivió. El resultado de todo ello es que del sur de USA debe preocuparnos lo que votan en una urna, pero no lo que tocan en un escenario.

 

 

Gregg Allman, fallecido ayer por secuelas de sus excesos de antaño, era de los últimos pioneros de esta corriente musical, casi su subgénero de la música popular para tipos que aman beber cerveza y dejarse los pelos largos, como yo. Dejaron por el camino prodigios como este, que a mi, personalmente, y sin la ayuda del éxito de Luís Fonsi, días como hoy me arranca gritos, casi me hace olvidar mi apellido y sin duda me hace exclamar “¡ay, Bendito!”:

 

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