Moore, Roger Moore, licencia para morir…

Siempre he tenido la impresión de que las películas de James Bond tiene algo de película porno. No por los tipos esculturales tan admirados del célebre harem-bond (decir que esta famosa saga es machista sería redundante: es machista y modelo de machismos…), de las que yo pongo por encima de todas a Eva Green, sino porque el argumento realmente no importa, sólo la acción. En este sentido, y como las otras mencionadas, sólo resultan plenamente interesantes para un público adolescente, que aún cree que el mundo real puede tener un remoto parecido con eso, pero sin embargo, y también como las otras, son consumidas por todos nosotros en nuestros ratos tontos…

 

Roger Moore
Roger Moore

 

Mi padre siempre dice que el verdadero James Bond fue Sean Connery, que es lo que corresponde a su edad. Según eso, yo debería decir que mi verdadero James Bond es Roger Moore, por cuestión de edad, y deber de ser en parte verdad. Moore es quien mejor entendió el papel, porque James Bond en realidad no es más un chulillo bien vestido y apenas armado que se lo pasa teta haciendo lo que hace, y Roger Moore supo expresar esa última vuelta irónica del personaje con encanto. Naturalmente, los puristas dirán de él que esa fue la peor de sus cualidades, y tienen en parte razón, porque las últimas entregas de Daniel Craig han demostrado hasta ahora que haciendo un Bond en serio te salen historias mucho más impactantes. No obstante, la larga temporada “bondiana” de Moore no buscaba drama y anagnórisis, sino únicamente espectáculo y diversión.

 

 

Supongo que los americanos van al cine a ver una de Bond esperando que la figura tradicional del espía imaginario quede atemperada por la distinción y la elegancia prototípicamente británicas, y esto es lo que Roger Moore aportaba satisfactoriamente al personaje. Porque James Bond, en sí, repito, no es gran cosa: sólo una cierta retórica para la ficción que trata de convencernos de que los triunfadores que lo tienen todo están del lado del bien, es decir, de nuestro lado, del lado de los valores de Occidente. Pierce Brosnan, exagerando a Moore, no conseguía mucho eso, y Timothy Dalton, echándole testosterona, tampoco demasiado, en mi opinión.

 

 

De modo que sólo nos quedan Sean Connery, luciendo sombrero y a Ursula Andrews, Daniel Craig, que me parece que se lo debe todo a sus guionistas, y Roger Moore, que era un tipo de ojos bonitos y bien plantado que simplemente nos lo hacía pasar bien. Lamentablemente, todos nacemos con licencia para morir…

 

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