Josep Lluís Sert. Casa Sert, Cambridge, Massachusets, 1958.

En 1939 Sert llega al exilio de los Estado Unidos, tras haber trabajado  en la realización del Pabellón de la República, para la exposición  universal de Paris de 1937, junto a Luís Lacasa. Este optaría, finalmente, por el exilio soviético, frente a la vía americana de Sert. El Este y el Oeste. Lo cual da cuenta de sus diferencias, no sólo formales, ideológicas y estilísticas. Sert había trabajado junto a Le Corbusier, mientras que Lacasa criticaba en el número de La estafeta literaria de 1927,  al arquitecto suizo por cierto esnobismo formal. Y es que frente a la línea formal y formalistas propias del Purismo francés seguido por Sert, Lacasa preferiría la sobriedad germana, donde había recalado formativamente y formalmente.

 

 

Pero todo ello no impide reconocer el papel decisivo de Sert en la definición de prototipos de viviendas de matriz mediterránea en la órbita creativa de Le Cobusier, que se harían más evidentes a partir de los años 40-50. Bien diferentes de las villas diseñadas en los años veinte, más atentas al Purismo geométrico que a cierta esencialidad constructiva mediterránea. Baste recordar el protagonismo de Sert en la publicación de Casas populares de las Islas Baleares en la revista AC durante los años treinta.

La llegada de Sert a USA se relaciona más con el urbanismo en diferentes facetas y cometidos que en asuntos de arquitectura. Hasta que en 1953, es nombrado decano de la Facultad de Diseño de la Universidad de Harvard, trasladando su residencia a Boston. Allí dedica la mayor parte de su tiempo a la enseñanza  y a los importantes proyectos que le encarga la propia universidad.

 

Jose Luis Sert

Entre 1957 y 1958 construye para sí mismo una vivienda  en Cambridge,  situada en una parcela de terreno llano, cedido por la Universidad de Harvard y muy cercano al campus. El propio Sert  comentaba  “Cuanto más escasos y más caros van siendo los terrenos en las zonas urbanas, más atención deberíamos prestar a los tipos de casa mediterránea con patio (…). Las razones son bien sencillas: colocando unas vallas prácticamente encima de los límites de la parcela se aprovecha mejor un terreno que ha pasado a ser muy valioso. Además, tanto los espacios interiores como los exteriores son más privados y tranquilos. Y por último, todas las habitaciones pueden tener vistas agradables, independientemente de lo que haya más allá de los muros.”

 

 

La vivienda, siguiendo estas directrices compositivas, está volcada al interior,  al modo de  una domus romana o de un monasterio de celdas monásticas alrededor del  claustro. De esta forma se da la espalda por completo a la calle urbana, para lograr la máxima privacidad de la vida familiar.  La planta se desarrolla, consecuentemente,  alrededor de un patio central al modo del impluvium romano. La llegada principal a la casa se produce lateralmente por un espacio amplio y ambiguo que da a este patio, y que a su vez funciona a modo de biblioteca, con lo cual el concepto de hall o de pasillo no existe en la casa, desde aquí se puede acceder tanto a la zona de día girando a la derecha,  como a la zona de noche girando a la izquierda.

 

 

El patio central de la casa es el centro visual principal de la vivienda e interactúa con todas las estancias. Está pavimentado con bloques de hormigón y completado con una superficie de guijarros lavados. Como los demás patios de la casa, tiene poco ajardinamiento. Sin embargo, toma prestada la vista de las copas de algunos árboles que se asoman por encima del tejado. Todas las imágenes ilustran el flujo visual de un espacio a otro y del interior al exterior que era el principal objetivo perseguido por el arquitecto. Dicho patio, inaccesible en invierno, se encuentra un nivel menor con un escalón de 25 cm que prevé la posible acumulación de nieve. En cuanto al uso, su papel original es de sala sin techo.

 

 

La amplitud, la luminosidad, la calidad del arte presente en todos los rincones, los objetos expuestos, las alfombras y los muebles y, por último, las dimensiones ligeramente reducidas de mesas, puertas, repisas y demás elementos, conjugan el ambiente ideal para el bienestar. Las mejores vistas transversales son las que pasan a través del patio interior, particularmente la que atraviesa el dormitorio principal y permite, volviendo la mirada, contemplar el patio noroeste, la sala de estar, el patio interior, el dormitorio y el patio sureste, con la valla decorada por un mural de Constantino Nivola. Esta secuencia, con los contrastes de luz entre interiores y exteriores, inversos entre el día y la noche, multiplica la dimensión real y crea una ilusión óptica de gran espaciosidad. Son las ventajas de haber proyectado los tres patios alineados, siguiendo un eje longitudinal.

El resultado formal hacia el exterior es muy austero, sin que esto le preocupase para nada a Sert. La realidad es  que nos encontramos con un proyecto sin fachada principal, es más se podría decir que se trata de un proyecto sin fachadas al no disponer de prácticamente huecos en ellas.  Se podría decir que nos encontramos con una casa mediterránea fuera de su entorno, una casa latina en el Boston anglosajón. Pura nostalgia de un mar desaparecido y de una vida alterada.

 

 

Recordando  las palabras irónicas  del propio Sert al hablar de su casa  “Como un puente entre los ríos Tigris y Charles, he aquí las vistas de mi casa de Cambridge, en el área de Harvard. Tiene dos lados, como una gabardina reversible. El exterior es de ladrillos rojos e incorpora unas vallas de madera; son los materiales más comunes en la ciudad. En el interior, en cambio, es completamente blanco. Antes de decidirme por una casa con patio de una sola planta estudié varios tipos. Gracias a los muros que los protegen, los patios se pueden utilizar perfectamente en días fríos y ventosos pero soleados. (…) Es una casa que debía entenderla como un queso gruyere –con mas agujeros que queso, mas patios que casa.” (…) “Un periodista quiso saber a qué estilo de casa creía que pertenecía la mía, y le contesté: ¡Escriba casa-rancho pompeyana!”. Bromas catalanas en Harvard. Un cruce del Este mediterráneo con el Oeste texano, en una suerte de extraña mixtura de miradas y secuencias. Aunque no sólo eso. Es una casa introvertida por otra parte, una especie de sistema de interiores, con y sin techo, realizada según las dimensiones humanas. Así, Sert materializaba en la lejana tierra americana, el ideal albertiano, según el cual “toda casa debe ser como una ciudad pequeña y toda ciudad, como una casa grande”.

La casa se construyó en muy poco tiempo, a juzgar por la fecha de los planos de licencia de la obra, del 1 de julio de 1957, y la aseveración de Sert, según la cual empezó a vivir en ella a principios de 1958. Esta rapidez podría ser mérito del conocido sistema americano de construcción balloon frame, utilizado en esta casa con algunas ventajas de simplificación, economía e instantaneidad.

 

 

 

 

 

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