Can Lis, Utzon en Porto Petro, 1972

Jörn Utzon  (1918-2008) nació en Copenhague. Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de la capital danesa. En 1945 abrió su propio estudio en esta ciudad, y en 1957, sorprendentemente, ganó el concurso para la construcción de la Ópera de Sídney. Después de estar nueve años trabajando en el controvertido proyecto ganador, dimitió de sus cometidos en la obra en curso, al considerar que no había sido tratado con el respeto debido, al tratarse de un joven arquitecto desconocido y al que los convocantes del concurso veían superado por la obra que había diseñado y que, finalmente, se concluyó sin la participación de Utzon.

Pese a estas desavenencias entre Utzon como autor del diseño inicial, los promotores principales, los constructores, los consultores y asesores, en 2007 el edificio ha sido incorporado a la lista del Patrimonio de la Humanidad. Igualmente, en 2007, Jörn Utzon recibió el premio Pritzker. Otra paradoja de esta sinuosa historia se produjo cuando se inauguró  la Ópera de Sídney y no se mencionó el nombre del arquitecto autor del memorable diseño. La ciudad de Sídney ha intentado remediar este olvido, años más tarde.

 

 

La casa de Porto Petro, en la isla de Mallorca, puede ser vista y leída como una pieza más en la secuencia de las cuatro residencias de la familia Utzon. Secuencia resolutiva en la que Utzon va sopesando y analizando diferentes ideas espaciales y constructivas, en torno al problema de la habitación. Así la primera levantada tempranamente en Helebaek en 1952; la segunda proyectada, y nunca construida. en Bayview en 1964, durante los años australianos; la tercera, la citada Can Lis mallorquina de 1972 y, finalmente, Can Feliz en 1994, nuevamente en la isla balear.

 

 

De todas esas soluciones construidas y proyectadas, pueden extraerse algunas ideas básicas y generadoras de ese universo tipológico del espacio familiar y del pensamiento espacial de Utzon. Así desde el concepto de Arquitectura aditiva, al más transversal del Muro como generador del espacio. Una Arquitectura aditiva, concebida como agregación de partes, verificada de forma inversa al concepto de espacio predeterminado, cerrado y compartimentado y en conexión con algunas de las propuestas del Organicismo. De igual forma que la traza dispuesta del Muro generador, anticipa secuencias sutiles que se desprenden desde el gesto primario de la disposición de un muro separador del exterior y del interior. Finalmente, anotar el concepto integrador del paisaje de modo amplio, en su relación con la propia construcción. Un paisaje entendido desde la particularidad integradora de los materiales procedentes del entorno propio. Incluso el reconocimiento de la universalidad de ciertos procedimientos constructivos, que viajan desde Grecia a México, desde las Islas Baleares al Norte de África. Como se hace patente en la idea captada por Utzon de los Espacios articuladores, espacios complejos que descubre, como es conocido en 1949, durante su viaje a México la plataforma como elemento arquitectónico, y lo publica tiempo después en el famoso artículo de la revista Zodiac: ‘Plataformas y mesetas’.

 

Jörn Utzon

Tras abandonar Australia en 1966 y con la decepción a cuestas,  Utzon y su esposa la escultora Lis descubrieron Mallorca a finales de los sesenta. La pareja que amaba el mar quedó enamorada de la belleza de la isla y compró una parcela en la costa rodeada de pinos y arrayanes, cercana a Porto Petro, surcando unos acantilados del este de la isla y constituyendo una meseta privilegiada.

En Can Lis (puso a la casa el nombre de su esposa)  quiso recrear la sensación de refugio y solidez. Concebida como un espacio delimitado por el muro exterior y cuatro pabellones de piedra enlazados por una tapia pétrea como elemento organizador. Frente a la trasera del camino surcado por pinos y algarrobos, la delantera dispuesta por los pabellones  que miran al mar sobre los silenciosos acantilados. El material principal para la construcción fue la piedra de marés, piedra local que es dorada o rosácea, según la incidencia solar y que dispuesto sobre paredes y cerramientos da la sensación de ser una cueva natural. En los pavimentos se utiliza otra piedra local, la de Santanyí; teja cerámica en la cubierta y pino mallorquín en carpinterías. Con todo ello, Utzon verifica con elocuencia y con recursos limitados de procedencia local, una reflexión sobre la auténtica dimensión del Habitar.

 

 

Dimensión del Habitar que se hermana con la presencia tenue de la forma edificada, dispuesta en la naturaleza. De aquí, de esta soberbia indolencia de la piedra detenida, bajo la luz y en el paisaje, se deriva la sensación de ingravidez y de eternidad. Por lo José Antonio Sumay ha llegado a fijar cierta condición clásica en Can Lis. “Entendido el clasicismo, no como una cuestión formal o de estilo, sino como una voluntad de permanencia, de eternidad y que, en este caso, no proviene del natural viaje por las orillas del Mediterráneo, entre el oriente de Gracia y la isla de Mallorca, sino que recorre Europa desde el renacimiento italiano y las villas de Palladio, hasta la obra de sus, maestros Erik Gunnar Asplund y Alvar Aalto”.

 

 

El pabellón principal que contiene el comedor y la cocina da a un gran patio que junto al muro posterior articula todo el complejo de habitaciones. En el pabellón más alto están la sala de estar de doble altura, y con una disposición de huecos concebidos para contemplar el mar y el cielo desde diferentes posiciones; el resto son habitaciones para la familia y un bloque para invitados. Los tejados son de vigas de hormigón cubiertas de tejas, el mobiliario es fijo, de obra y acabado en azulejos. La carpintería de las ventanas está montada en el exterior de los muros y no se ven desde el interior.

En 1994 el arquitecto y su esposa decidieron vivir en  Can Feliz, también en Mallorca, situada en las montañas, lejos de la humedad de la brisa marina y Can Lis pasó a ser habitada por sus hijos. Jörn Utzon consiguió  crear con Can Lis un nuevo  modelo de casa mediterránea, cuidando los materiales, el emplazamiento y la utilización del patio como elemento habitable. Lo más sorprendente de este caso, es que la lección de la casa mediterránea, nos la proponga un arquitecto nórdico.

 

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