Luto nacional por Antonio Fraguas, Forges

Los centenares de miles de viñetas de Forges (yo recuerdo recopilaciones temáticas desde que era niño) son sin duda más España que el Himno Nacional, con rubia ripiosa al mando o sin ella. Pero, claro, no es España oficial, rimbombante e histórica, sino España oficiosa, con caspa y sin pedigrí. Este hombre ha estado aquí desde los tiempos de Fraga y Carrillo, dándoles caña a ambos por igual, poniendo mascarón de proa narigudo a la Santa Transición. Guardo un buen recuerdo de él: en la EGB del Ramiro de Maeztu nos lo trajeron un día a hablar de dibujo, y yo era un dibujante novel y tirando a malo. Le mostraron unos garabatos míos, uno de tema ecologista y otro de parodia de Star Wars, e hizo como que le gustaban. Además le hice una pregunta imposible, sin segunda intención de género: “¿cómo es que sus hombres son siempre iguales y en cambio las mujeres las hay tanto gordas como flacas?” No supo qué responder, le había salido así, que es lo que le pasa a los artistas. Un tipo amable, sin duda, que supo adaptarse al paso de los tiempos y al paso -de oca- de las diferentes figuras de la caricatura política hispánica con sensibilidad y recta conciencia. Su retrato de Aznar era antológico, y es que contra Aznar reíamos mejor. Cuando se injertó en El País, como un esqueje cómico, tuvo que sobrellevar la vitriólica y negra compañía de El Roto, y estuvo a la altura. Forges era más de lo que los expertos en tebeo denominan de línea clara, mientras que El Roto apenas dibuja, acuña conceptos, decapa verdades…

 

 

Recuerdo dos chistes de hace muchos años que he contado siempre que he podido en cuanto se presentaba la ocasión. Ninguno tiene que ver con política, y menos con actualidad de cualquier clase. El primero es un Mariano que camina junto a otro Mariano, y una beldad se les cruza en sentido contrario de la marcha. El primer Mariano exclama: “Esa me pilla a mí con veinte años menos y me paso una semana llorando…” El otro es peor, yo diría, más surrealista, pero igual de genial. Dos alpinistas escalan por una pared de montaña que se curva noventa grados, dejándolos a ambos cabeza abajo. Le pregunta uno al otro: -“Oye, ¿cómo se dice en nepalí socorro?”; -“Laleshe”; -“¡LALESHEEEEEEE!”; -No, no, digo la leleshe que nos vamos a pegar…” Aplausos. ¿Cómo puede uno estar frente al folio en blanco y ocurrírsele eso? ¿Qué van a clavar ahora los funcionarios en el mural de sus oficinas? No es el estilo de El Roto, ni de Chumi Chumez, ni de Manolo Summers, ni de El Jueves, ni de nadie, es Forges en estado puro, o sea, rescatar por el humor al españolito medio de su congénito patetismo. Tal vez ni Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias terminan de comprender eso: que los españoles ya no somos héroes, si es que lo fuimos alguna vez -como parece que le gusta pensar a Arturo Pérez Reverte-, que somos como nos veía Forges y por eso votamos lo que votamos y nos tragamos esa horrible televisión que nos imponen. Será la leche el día en que dejemos atrás esa condición rendida, aplastada, pusilánime, o, por mejor decirlo, con y gracias a Forges, será “¡LALESHEEEEEEE!”. Mientras, sigamos tirando y homenajeemos con gratitud a esa firma en arabesco en el ángulo inferior derecha, más nuestra que el cocido o la siesta, que nos ha dejado solos y sin contraprestación tierna y crítica alguna con el vértigo existencial de El Roto, y eso es algo que quizá el cuerpo no pueda aguantar fácilmente todos los santos días de buena mañana…

 

 

 

 

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4 Comentarios

  • Sastamente!
    Hoy había una viñeta homenaje donde dos remedos de blasillos comentaban que al amanecer de hoy le faltaba algo.
    Fectivamente. Faltaba la lluvia fina que ha ido calando a fuerza de seguir siendo el mismo durante años y años. Como el orballo.

  • Forges como humorista consuetudinario. Ni las aristas dolientes de Rabago/OPS/El Roto, ni la canela en rama de Perich. A caballo de los duros fúnebres como Chumy Chumez y de los siliconados inflables como Peridis o Summers.

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