Carme Pinós, casa Vallcarca, Barcelona 2003

El caso Pinós, si es que podemos llamarlo así, refleja las dificultades que las mujeres han tenido en el trabajo arquitectónico para destacar frente al protagonismo masculino, cuando han sido colaboradoras activas. Baste recordar la invisibilidad de unas frente a la visibilidad forzada de otros. Charlotte Perriand y Eileen Gray quedan opacadas por Le Corbusier o Jean Badovici; de igual forma ocurre con Lilie Reich y Ludwig Mies van der Rohe. Por no citar otros casos relevantes y más próximos en el tiempo, como los de Alison Smithson versus Peter Smithson, y Dennis Scott Brown frente a Robert Venturi.

Carme Pinós (Barcelona, 1955) es conocida sobre todo por su trabajo con Enric Miralles (1955-2000) formando pareja y equipo, desde la finalización de sus estudios hasta 1991 fecha de su separación. De su etapa inicial con Miralles, además del Cementerio de Igualada, las obras más reconocidas son: la Escuela La Llauna, (Badalona, 1991), el Centro Social en Hostalets de Balenyà (1992), las instalaciones de tiro con arco en Barcelona (1991), el Pabellón Pedro Ferrándiz (1993), el Centro Social La Mina (1993) y la Escuela-Hogar en Morella (1993). Por esta última obra recibieron el Premio Nacional de Arquitectura en 1995.

Carme Pinós

Tras alcanzar reconocimiento internacional por su etapa anterior, funda su propio estudio en 1991 bajo el nombre de Estudio Carme Pinós, que despega después de ganar el concurso para el Paseo Marítimo de Torrevieja (1996), pero que no impidió prácticamente una década en blanco, como ella misma ha relatado en 2015.

Esa dificultad de rehacerse como profesional ha condicionado la visibilidad de su trayectoria, frente a la de  Benedetta Tagliabue, quien hereda los trabajos del desaparecido Enric Miralles, continuando con algunas de sus obras más destacadas. Ya en solitario, Carme Pinós realiza el edificio de departamentos de la Universidad de Económicas del Nuevo Campus de Viena; la Torre Cube II en Guadalajara (México) y el centro cultural y de exposiciones CaixaForum de Zaragoza (España); y el conjunto compuesto por la plaza de la Gardunya, la Escuela Massana, un edificio de viviendas y la fachada posterior del mercado de La Boquería, en Barcelona (España).

La particularidad de la casa de Vallcarca viene dada por la excepcionalidad del tema de la vivienda, poco usual en la carrera conjunta y luego individual de Carme Pinós. Igualmente, es de destacar las características que definen su ubicación y, finalmente, por las características propias de la parcela donde se asienta. Un entorno que determina en su trasera, fuertes pendientes del terreno que hace visible una superposición de planos de fachada superpuestas, de los que Pinós trata de diferenciarse y abstraerse. Una parcela de escaso fondo que permite la disposición de la vivienda vertiendo luces a dos calles diferentes; volcando los huecos a la vía principal y limitando las aperturas a la calle posterior en un ejercicio de hermetismo y de cierre a las traseras, a la que dan un complejo de superposiciones edificatorias faltas de interés.

Situada, por otra parte, en contigüidad de una pieza histórica del segundo modernismo barcelonés construida en ladrillo, el diseño ha mantenido la continuidad de alturas y líneas de cornisas, aunque se exprese con volúmenes diferenciados de hormigón, tratando de establecer un diálogo difícil con la pieza preexistente. Retomando la discusión, fijada por Ignasi Sola Morales, en los criterios de Analogía y Contraste para los casos de intervenciones singulares en el patrimonio construido. Más visible esta disposición de contrastes compositivos, resulta en la fachada posterior, dispuesta en tres grandes paños de hormigón visto que se articulan en huecos muy camuflados y controlados por cerrajería, que mantienen el carácter de cerramientos secundarios de la propiedad.

Moviéndose Pinós en unos principios compositivos que delatan su pasado de colaboración con Miralles y sus modalidades de representación y de análisis de la forma construida en planos oblicuos y distorsiones geométricas. Igualmente y propiciado todo ello por el tono doméstico de la intervención, se hace visible la pasión de Pinós por la costura y por la jardinería.

Más allá de ello, destaca el interés por dotar a la vivienda de cierta visibilidad urbana, al tratarse de un solar entre medianerías que no por ello va a limitar la expresión autónoma del proyecto, y que se configura por la relación con la medianería izquierda con un patio abierto a fachada.

El programa funcional esta resuelto en dos plantas principales, la primera destinada a zona de día y la segunda donde se disponen los dormitorios. A ellos se superpone una terraza mirador y un pequeño sótano. Dadas las características dimensionales y el programa funcional acotado, el interés de la arquitectura se enfoca en lo realizado en los exteriores y en la disposición de la escalera, como elemento de conexión y eje estructural y estructurante entre las distintas parte de la casa.

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