Isozaki, Pritzker 2019, piedra modificada

Arata Isozaki (Oita, 1931) galardonado con el Premio Pritzker 2019 con 88 años de edad, es el octavo arquitecto japonés que obtiene el galardón que premia obra y trayectoria. Trayectoria en la que se la han anticipado otros colegas más jóvenes, desde Tadao Ando (Pritzker 1995) a Toyo Ito (Pritzker 2013).

Fruto de la devastación de la Segunda Guerra Mundial producida en Japón, le tocó crecer en un país asolado por los efectos de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, Por ello resulta creíble la afirmación del propio Isozaki: “Mi primera experiencia de la arquitectura fue la ausencia de la arquitectura”; sin que ello fuera Minimalismo. Experiencia común, por cierto, en otros arquitectos nacidos en años próximos a los de Isozaki. Otra cosa será indagar en la esencialidad de la desnudez primaria de esas piedras vacías y calcinadas, y su posterior deriva poliglota, en un salto complicado de conjeturar.

Arata Isozaki

Titulado como arquitecto en 1954 por la Universidad de Tokio, comenzó su aprendizaje profesional bajo la tutela de Kenzo Tange (Pritzker en 1987) y padre de la moderna arquitectura japonesa, que dio pié al llamado movimiento del Metabolismo. En Kenzo Tange se superponen las reflexiones de las importantes tradiciones seculares niponas con las lecciones aprendidas cerca de Le Corbusier. Podría advertirse que también Lloyd Wright se había aproximado a ese universo figurativo del arte japonés; aunque resulto ser la Arquitectura Metabólica, esa hibridación de Brutalismo a la japonesa de la mano del segundo Le Corbusier, la fuente nutricia de Isozaki.

Edificio Disney en Florida

En 1963 abrió su propio despacho, inicialmente construyendo a escala reducida, dentro de su ámbito local para comenzar pronto una expansión que le ha llevado a construir ampliamente en todo el mundo. De estos años son obras menores como la Casa Nakayama (1964) o la Biblioteca de la Prefectura de Ōita (1966). Aunque fue su intervención en la Expo 70 de Osaka, con el diseño del Festival Plaza, la puerta de salida a su reconocimiento internacional.

Tsikuba Center Building, 1983

Su proyección internacional adquirió una marcada intensidad durante la década de los 80, llegando a participar activamente en la Biennal de Venecia de 1980 en la denominada Strada Novísima, considerada como el manifiesto del Posmodernismo de los años 80. En ese momento, Isozaki, en que recibe su primer encargo para un edificio fuera de Japón: el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (1981-1986). Planteando ese movimiento de apertura internacional una suerte de globalización estilística y una pérdida de las matrices formativas. Globalización estilística que le ha acercado a posiciones propias del Posmodernismo, como el citado Museo de Los Ángeles deja de manifiesto. Situación esta del lenguaje Posmoderno que se tensa en la Biblioteca de Kitakyushu.

Palau San Jordi

En España Isozaki ha construido en diversas ciudades. Desde el primitivo Palau San Jordi de Barcelona (1991), La Casa del Hombre (Coruña 1995), el acceso a Caixa-Forum (Barcelona, 2002), los Baños Termales (Arties, 2004), los edificios Isozaki Atea (Bilbao, 2009), las Bodegas La Horra, Burgos, 2008) y el edificio D-38 (Barcelona, 2011). Todo ello, permite entender que Isozaki es un premiado muy conocido en España, al margen de la valoración final del conjunto de su obra.

MOCA. Los Ángeles

De aquí el tono de confesión de las declaraciones de Isozaki sobre su proceso formativo: “Mi única opción era construir a partir de las ruinas, ese nivel cero donde no quedaba nada. Me formé en varias técnicas y artes occidentales y las combiné con diversas tradiciones japonesas que apenas sobrevivían. Mediante esto, mi inclinación metodológica tendió a buscar problemas situados en las fronteras de las oposiciones dialécticas: real/irreal, material/virtual, sujeto/otros, tiempo/espacio, este/oeste… Y me atreví a seguir un camino que podía describirse como poco original, híbrido y ecléctico, ya que no me era posible aferrarme a un único estilo para poder solventar esos problemas”.

Domus. La Coruña

Consideraciones advertidas por el jurado del Pritzker que ha entendido que en la arquitectura de Isozaki “esa actitud le ha llevado a no copiar meramente el statu quo sino a esforzarse por lograr una arquitectura ‘con valor y significado’, con visión de futuro, en la que se reinterpreta las sinergias globales y que, por estar en constante evolución, desafía cualquier acotación estilística”.

Art Tower Mito

Estas consideraciones fueron puestas de manifiesto en la lejana entrevista del número de Babelia del 27 de abril de 2002, al advertir Isozaki que “Prefiero tener ideas que tener estilo”. Entendiendo el estilo como el dogal que pudiera atenazar y obligar a un solo esquema de visiones y figuraciones. Aunque no todo fuera siempre así. Pero pese a todo ello, el lamento por la pérdida de los primeros años japoneses, se visualiza en pequeños fragmentos que escapan del control de la forma, estilizada o no, como el tributo de una memoria atribulada. Visibles esos sesgos de duelo y dolor, en la premonitoria Tsukuba Centrer Building (1983) y en los aledaños construidos/no construidos de la Casa del Hombre de Coruña.

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