The modern life

París, 8.30 AM. Un hombre con una maleta en la mano y yo nos miramos sobre el andén. El tercer RER A se detiene bruscamente delante de nosotros y un aluvión de gente nerviosa lucha por encontrar su camino hacia el borde de la plataforma. Un hombre con chaleco fluorescente da un paso y nos empuja hacia atrás. Parece un guardia de seguridad y nos impide entrar a ese tren.

París y los gatos perdidos

“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua (…). Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. (…)”.

¡Qué gran batalla! (What a battle that was!)

Whoosh! El sonido de la almohada golpeando directamente tu cara. La sensación no es tan placentera como uno imagina; si pensamos que es un impacto de suave algodón relleno de plumas, la realidad es que ¡¡duele!! Y bang!! Otro golpe en la espalda. Esto es lo que ocurre cuando te encuentras en el medio de una salvaje batalla de almohadas con decenas de personas, ¡¡y ni siquiera las conoces!!