Destellos

Recomendaciones

El fin del mundo se acerca

Melancolía y El árbol de la vida toman el pulso al mejor (y más polémico) cine de 2011

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El cine, como toda maquinaria artística y social, se mueve en nuestro tiempo a velocidad vertiginosa. El relativamente fácil acceso a la práctica totalidad de las obras que se producen en el mundo y el incremento sustancial del número de éstas respecto a pasados años hace que cada vez estén menos determinadas las pautas por las cuales una película perdura. La dimensión real de su alcance aún es solo determinada por el paso de los años, algo que por fortuna no logrará cambiar la evolución socio-tecnológica.

Urtain, derrota en el combate de la vida

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España miraba al cielo aquel mes de julio de 1992. Concretamente, al cielo de Barcelona, por el que volaba la flecha lanzada por Antonio Rebollo desde el centro del estadio olímpico, camino del pebetero que anunciaba el inicio de los que fueron llamados los mejores Juegos Olímpicos de la historia moderna. Aquello sucedió en la noche del 25 de julio. Cuatro días antes, el protagonista fue el azul de Madrid. El 21 de julio de 1992, un cuerpo volaba cielo abajo el madrileño verano en el barrio del Pilar.

Decadencia y melancolía

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La grandeza de una historia de amor estriba en la facilidad con la que ocurren cosas maravillosas. Por eso molesta tanto el tono grandilocuente en la narración de un romance, que no necesita énfasis alguno. El narrador tiene que hacernos creer en la naturalidad de la historia como los amantes creen, de hecho, en lo necesario de su amor. Éste es el fatum en un cuento romántico: si el amor entre los protagonistas no parece inevitable, el fatum no tiene potencia; en consecuencia, no nos creemos la historia y el relato se queda en hipócrita o cursi.

“C’était un rendez vous”, penetrando en el corazón de París a 200 kilómetros por hora

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“A las cinco de la mañana, París nos pertenece”. Ésa es la sensación que tenía el cineasta Claude Lelouch (París, 1937), sentado al volante de su Mercedes SLE 6.9, segundos antes de encender el contacto. Acababa de acoplar una cámara de 35 mm en el parachoques del vehículo y estaba listo para rodar, en una sola toma, “C’était un rendez vous” -“Era una cita”-, un cortometraje trepidante de 8 minutos que recoge su carrera para llegar puntual a una cita con su mujer. Desde los arrabales de París hasta su mismo corazón, la basílica de Sacré Coeur, a casi 200 kilómetros por hora.

Indiscreciones europeas

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Hace ya casi dos años desde que visité Suiza por primera y última vez. Fui un fin de semana de abril, justo al día siguiente de que el volcán Eyjafjallajökull entrara en erupción, con tan buen tino que la nube de ceniza no me impidió partir el viernes y no me permitió volver hasta el miércoles. Así que sí, estuve cinco días en Winterthur, perteneciente a uno de los cantones germanófonos. ¿O debería decir germanógrafos? Aunque el lenguaje escrito es sin duda alemán, no se puede decir lo mismo del lenguaje hablado, una variedad rústica de erres hiperruladas y consonantes guturales por la que un estudiante de alemán se siente traicionado. ¿No hablaban alemán en Suiza? No.

La vida sin revelar de una fotógrafa desconocida, Vivian Maier

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Recrear respuestas y situaciones es una de las pocas cosas que se pueden hacer para resolver dudas acerca de Vivian Maier, una fotógrafa norteamericana de la que sólo se conocen algunos datos sueltos que nos ofrecen una imagen a carboncillo de su vida. Esos trazos biográficos nos perfilan la historia de una niña francesa que llegó a Nueva York en 1926, con su familia judía, sin recursos y que dedicó toda su vida a cuidar niños. Desde ahí, el resto de su existencia es un misterio, sólo iluminado de forma fugaz cada vez que observamos una de sus fotografías, que la sitúan en un espacio y momento concretos. Justo cuando decidía que era necesario disparar su cámara para atrapar momentos de vida que pasaban ante sus ojos y que no podía dejar escapar.