“The Matrix” veinte años después

Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿acaso el aparente?… ¡No! , ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!

F. NietzscheCrepúsculo de los ídolos.

Apenas recuerdo la segunda parte de The MatrixMatrix Reloaded, sólo que aparecía Sion como una orgía primitiva y magmática y que había una suerte de Inteligencia Artificial lebniziana que calculaba todas las combinaciones de sucesos y de ahí derivaba una especie de “mejor de los simulacros posibles”, o algo similar. El resto eran peleas de inspiración japonesa, estilo La casa de las dagas plateadas, en las que la coreografía era muy artística pero nadie parece hacerse realmente nunca daño (ya sé, eso sí, que los Wachowski Bros. están en deuda con muchas ideas de animés como Ghost in the Shell). Tampoco me queda nada en la cabeza de la tercera parte, ni siquiera el título (¿Requetematrix? ¿La Matrix que me amo? ¿De Matríx al cielo?), excepto un gran duelo final en el que se venía a concluir que Bien y Mal se necesitan mutuamente y que el destino de Neo está enlazado al de su Némesis, el agente Smith, no en vano los dos visten casi igual y lucen las mismas Rayban cool de moda sin patillas.

De manera que si algún experto en el universo/Matrix lee esto, le ruego o más bien ruegolé que no sea cruel y deje en comentario las oportunas explicaciones que me ilustrarían, en vez de simplemente tacharme de ignorante alevoso y comemierda o acusarme de preferir otras sagas menos sutiles y arduas para consumo y devoración de adolescentes con problemas de acné –de los anillos me quedo también sólo con la primera, las secuelas y precuelas de Star Wars me parecen puro juguete de merchandising, y de los rápidos y furiosos creo que sólo he visto una que no protagonizaba Vin Diesel ni el otro cachas moreno. Únicamente, pues, puedo hablar con la autoridad tan liquida como posmoderna de un siempre aficionado de la primera Matrix, donde estaban todas las novedades visuales y argumentales importantes de la trilogía, y que se estrenó en 1999, dato que, por cierto, aporta Morfeo en la propia película, aunque sea para desenmascararlo a renglón seguido. Porque The Matrix no tiene lugar el último año antes del cambio de milenio, que es en el que cree que vive el incauto espectador, sino cien años después, casi terminado el s. XXI, lo que ocurre es que la civilización que tenemos proyectada coercitivamente en nuestros cerebros (en una cubeta…, como decía Hilary Putnam) recrea algo ya arcaico y legendario, el apogeo del imperio norteamericano, de igual modo que el s. XXII a. C. pudo haberlo sido del imperio egipcio, con la diferencia de que el New York de 1999 es mucho más representativo de la humanidad que, pongamos por caso, Akenatón, y por ahí quería yo empezar.

Resulta significativa la escena en la que el Judas de este evangelio que es The Matrix, Cifra, pacta con el enemigo una vida nueva mientras saborea un trozo de carne roja. Porque en el fondo tiene razón: incluso en el papel del Faraón, sería muy poco agradable vivir en el antiguo Egipto, donde un mal resfriado te puede matar, mientras que ser rico en la Gran Manzana a fin de milenio ofrece posibilidades de lujo y placer inconcebibles en cualquier otra época de la historia. Pero es que, insisto, Judas tiene razón, aún siendo un inmoral, y eso nos lleva directos al meollo ideológico de la película. ¿Para qué escoger la pastilla roja, que, como dicen bien claro Morfeo, tan sólo te ofrece la verdad, si luego llevas una vida de mierda, vistiendo monos ásperos y comiendo puré de avena? ¿Acaso por librar la batalla por la independencia de la humanidad, que han sido convertidos en pilas vivientes, en fuentes de energía esclavas o en mentes disociadas de sus cuerpos como en el San Junipero de Black Mirror? ¿Por qué lo que en aquel episodio era una bendición en The Matrix es una condena, si casi podríamos apostar el cuello a que el 99’999 por 100 de la población mundial (y no digamos del Tercer Mundo…) preferiría Matrix a esa gruta atávica o afgana de cuerpos sudorosos que parece ser Sion? De hecho, Morfeo, Neo, Trinity y los demás en absoluto renuncian a Matrix. Todo lo contrario: aprovechan todo lo que pueden sus ventajas, y son, en Matrix, una versión muy mejorada de sí mismos.

Y, de hecho, eso mismo que hacen los protagonistas con naturalidad es lo que hacemos ya todos entrado el s. XXI, es decir, justo después de ver con complacencia The Matrix hace ya veinte años. Neo no ha elegido la pastilla roja y no la azul, se ha quedado con las dos, de ese modo puede saber la verdad y abandonar la esclavitud, pero sin dejar de entrar y salir de Matrix cuando se le antoje. El Judas en cambio sí que elige, más honestamente en mi opinión: elige la pastilla azul, que simboliza el olvido, quizá porque piensa que qué le importa a él después de todo la servidumbre de su cuerpo si su mente goza libre por las autopistas de la sensación que le ofrece Matrix. Eso, creo yo, es muy parecido a lo que hace la mayor parte de la humanidad en la actualidad, si gobiernos y corporaciones se lo permiten. Ya nadie se plantea esos dilemas desgarradores propios de la filosofía occidental, desde la caverna de Platón hasta la “reificación” de la Escuela de Frankfurt, dilemas tremendos entre la realización o no de la Libertad de la Esencia Humana en la Historia.

Uno simplemente nace (“se nos cultiva”, se dice en la película, lo cual está a muy pocos años de ocurrir…), ve qué panorama le ha caído en suerte, calcula si le compensa entregar la mayor parte de su energía a cambio de ocasionales bocados de carne roja de mentirijillas y toma su decisión. Es una decisión pragmática, en ella no tiene ninguna cabida la consideración por las venerables verdad o libertad. A Neo la verdad y la libertad le convienen mucho, porque él es el Elegido, y adquiere superpoderes asombrosos dentro de la arquitectura interactiva de Matrix, pero a Cifra eso no le sirve de nada, para él la verdad y la libertad no consisten más que en reclutar nuevos voluntarios en la guerra de lo feo contra lo bello, de la mala vida contra la buena vida, del tosco Sion frente al moderno New York. Un inmigrante, hoy, asimismo, no se pregunta por la emancipación general del hombre o por las raíces de su patria chica, sencillamente sale por patas de su país en cuanto tiene ocasión, pero no porque no sea un intelectual o un buen patriota, sino porque lo que nos importa ahora a todos antes que nada es vivir bien, es poder cuidar a nuestros hijos, es poder tener un casa y un coche y si eso jugar a los bolos el fin de semana con los vecinos pseudo-clónicos de la urbanización.

Se cita mucho la secuencia de la Vida de Brian en la que los cuatro perroflautas del Partido de Liberación Judaico reniegan de otros partidos disidentes que son idénticos a ellos, pero es igual de genial y se olvida a veces esa otra escena en la que los mismos personajes examinan lo que deben al dominio romano. Sin querer hacen una lista y les sale muy favorable al aborrecido imperio, y ridícula respecto de lo que son capaces de hacer por ellos mismos. La pandilla de Morfeo podría haber hecho esa misma comparativa, para terminar apoyando la decisión escandalosa por conservadora de Cifra, pero no lo hacen porque ellos no tienen al pobre Brian en sus filas, sino al mismísimo Cristo en la figura de Keanu Reeves. No obstante, Neo en su apoteosis no viene a acabar con el mundo aparente en nombre del mundo verdadero, no es el Elegido porque vaya a destruir Matrix. Es el Elegido, ojo, porque va a conseguir una alianza ventajosa con Matrix de tal manera que ya no exista una distinción entre mundo verdadero y mundo aparente, entre diversión y trabajo, entre el puré de avena y la chuleta de buey, entre saber karate y bailar, entre tu voluntad y el entorno, o entre una lluvia de caracteres verdes sobre fondo negro y el cuerpo gracil y futurista de Trinity.

Me parece que la película The Matrix, al filo del s. XXI, trataba de eso, de forma consciente o inconsciente. Trataba de hacernos creer que no debemos sentir vergüenza de que exista la ciudad New York a la vez que existe el país de Sierra Leona, porque todo es una ilusión que podemos modificar a nuestro deseo. El ser humano no está en ningún sentido “alienado” por sus propias producciones materiales y sociales, el ser humano tiene la fuerza suficiente como para liberarse de la peor de las tiranías, siempre que su rebelión coincida estrictamente con su integración. Es una idea difícil, pero que sin embargo damos por hecha un poco todos en la práctica diaria: este mundo que habitamos jamás será un paraíso sin mácula (el agente Smith dice que Matrix se diseñó en un primer momento como una utopía y la humanidad lo rechazó), pero tampoco un infierno sin remisión, hay que amoldarse a él haciendo a la vez que él se amolde a nosotros. 

The Matrix, la película, fue estéticamente rompedora, pero en realidad no acierta en nada. Hay teléfonos fijos, cabinas, móviles que parecen walkie-talkies e Internet ni se divisa. Eso se mezcla con cosas mágicas o vetustas como la vieja oráculo, que realmente no pinta nada aunque actúe bien, o la habitación donde se desarrolla la primera e impresionante conversación de Morfeo con Neo, que es como de otro siglo, más amplio, más oscuro y más noble –las zonas de transición entre la realidad y Matrix suelen estar en penumbra. Pero todo ello produce un resultado inquietante, muy americano (en el sentido de que parecen entender que la libertad consiste en esclavizarse a sí mismos), y muy característico también de las ensoñaciones del movimiento trashumanista actual: no hay distinción real, tampoco, entre la libertad y la esclavitud del hombre, o dicho de otra manera, esa distinción es obsoleta, santurrona, metafísica, a mí qué me importa que comercien con mis datos, por ejemplo, o que el coltán se extraiga con sangre, mientras que pueda bajarme un montón de aplicaciones fantásticas…

Si alguna vez has pensado así, en esta y muchas otras cuestiones semejantes, o sencillamente lo has dejado correr, no te culpes a ti mismo, no es más que un signo de los tiempos, un cambio imperceptible pero brutal de mentalidad, una forma de cinismo o de hedonismo compartido; a veces te molesta, sientes que algo falla, que no todo está en su sitio, pero es que, quieras o no, 20 años después, the Matrix has you…    

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2 Comentarios

  • Nos tienen. Nos han atrapado como a Cifra, por la comodidad. Ni glorias ni oropeles, nada de causas justas, amor o juventud. Al final nuestra alma valía una poltrona y una app para pedir comida a domicilio.
    …pues claro! animales somos.

    *casa de las dagas voladoras, no plateadas (aunque lo fueran también)

  • No somos animales y lo sabes. Los animales no dividen el átomo ni hacen películas. Pero sí tienen alma, donde nosotros tenemos la vanidad…

    Voladoras, voladoras, qué fantasmada…

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