La muy humana Comedia de Dante

"Dante y Virgilio en el infierno". Eugene Delacroix

La península itálica de la primera mitad del siglo XIV se encontraba inmersa en un permanente refrendo de sí misma. Los estados italianos pujaban entre conservar su independencia política o apostar su pervivencia como aliados de las potencias militares de la Europa de su época, que aspiraban a controlar la región desde los Alpes y desde Sicilia. Por otra parte, los Estados Pontificios, en la mismísima Roma, intentaban compaginar su soberanía espiritual del mundo cristiano con sus inquietudes de expansión política y militar, aspirando a controlar Italia o, al menos, parte de ella. Este escenario incierto no se limitó a la vida interior de palacios y cuarteles, sino que involucró directamente a la población civil, quien se dividió en bandos en favor ideas y proyectos políticos diversos. Y como siempre que hablamos de política, ya sea en el pasado o en nuestra actualidad, la violencia y la perversión humana se incorporan casi irremediablemente en su juego.

Retrato de Dante Alighieri por Sandro Botticelli

Dante Alighieri sufrió el peso de la convulsa época que le tocó vivir. Quizás por eso sabía mirar en el interior del ser humano con una brillantez al alcance de muy pocos eruditos a lo largo de la Historia. Él, que vio la derrota en los ojos de su padre y que la abrazó durante el exilio de su amada Florencia natal, el que le acompañó hasta su muerte en Rávena en 1321. Al caótico y perecedero orden terrenal humano se oponen el arte y la mirada filosófica. Dante sabía bien que la cultura no es ancla, sino horizonte, una fina y etérea línea visible únicamente mediante nuestro intelecto que nos reta y nos guía hacia el desarrollo personal y conjunto de un modo de vida en sociedad más justo y desarrollado, también más cercano al ideal ético y cristiano de belleza. La palabra, edificada en la actividad literaria, se convierte así en un vehículo capaz de atravesar el tiempo y de inquietar y transformar con sus contenidos y su vigencia fuera de los límites de la época en la que fue escrita.  

El arte y el pensamiento se revelan, entonces, como el camino que sirve de esperanzador escape al ser humano de las asperezas de su vida terrena hacia un mundo mejor. ¿Son acaso el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, los distintos estadios que aparecen en la Comedia de Dante, los símbolos de las etapas por las que debemos transitar en nuestra existencia humana, desde el aprendizaje de las tareas rutinarias y pueriles hasta la elevadísima y casi mística meta de los filósofos? ¿Cuántos de nuestros semejantes vagan indefinidamente en su infierno o en su purgatorio personales sin conseguir alcanzar el paraíso de la excelencia? Fueran como fueren los planteamientos más profundos que encerró Dante en su Comedia, al releer sus versos no puedo evitar recordar las siguientes líneas que Platón atribuye a su maestro Sócrates en Fedro: «Perdóname, amigo querido, pues yo soy un amante del saber. Los campos y los árboles no desean enseñarme nada; quienes lo hacen son los hombres de la ciudad». La Comedia se vertebra sobre una sucesión de personajes que acompañan al protagonista-transeúnte en su recorrido por el sendero que lo dirige del infierno al cielo hasta alcanzar la divina iluminación final. Porque, ¿qué acaba siendo toda actividad vital, y en concreto la filosófica y también la espiritual, sino el camino obligado entre la incertidumbre que produce el desconocimiento y el eterno gozo del fin alcanzado? Por eso su obra no es tragedia conforme al canon clásico, sino comedia, ya que nos conduce con brío hacia el esperanzador Paraíso al margen del sombrío eterno retorno humano. Así nos lo sugiere el propio Dante en los primeros versos del Canto XXIV de su Comedia: «El decir y el andar no se estorbaban: / conversando avanzábamos deprisa, / como nave con viento favorable; (…)». 

«Dante y los tres reinos»Domenico di Michelino

Editorial Acantilado ha reeditado en castellano la Comedia de Dante en una edición exquisita y sublime. El filólogo y traductor José María Micó, quien se ocupa en esta ocasión de prologar, comentar y traducir al castellano la obra, realiza un trabajo de una pulcritud impecable: con fidelidad al texto y su estructura original, y acompañando sus aportaciones con colmada sabiduría y un lenguaje claro y pulido, deposita en nuestras manos un libro capaz de hacer las delicias de cualquier lector. He de añadir que el público curioso y bibliófilo también tendrá la ocasión de disfrutar con enorme placer de los versos originales en italiano florentino que Micó ha dispuesto al pie de cada página. Es por ello que les recomiendo con entusiasmo esta edición de la Comedia. Tanto si tienen por lecturas de cabecera las obras de Dante como si todavía les queda pendiente descubrirlas disponer de casi tan perfecta edición será, sin duda, una de las mejores decisiones que podrán realizar para su goce lector y su patrimonio intelectual.

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4 Comentarios

  • Acerca de enmendar el sobrenombre de «divina» o no hacerlo no me pronuncio, Óscar, y tampoco lo hago ahora, porque a mi juicio es una tarea fuera de lugar. Boccaccio, como erudito inmediatamente posterior a Dante, describió la obra cumbre de su compatriota florentino con un epíteto que él consideró adecuado por la excelencia de la ‘Comedia’ y fundamentado en el contenido narrativo. Un juego simbólico para defender una obra más que destacada y más que admirable. Lo que sí hago, en cambio, es aprovechar que la edición de Acantilado utiliza el título original, a secas, para defender el profundo carácter humanista de la obra, más allá de la interpretación de otros significados, que los hay. De ahí que titule a la reseña como «muy humana».

  • Me pregunto si Acantilado edita la Metafisica de Aristóteles cómo la titularía, prescindiendo de Andronico de Rodas…

    Buena reseña.

  • Imagino que igual que la tituló Andrónico de Rodas, que ya de por sí hizo un trabajo fino al compilar la obra de Aristóteles. ¡Magnífico apunte, compañero! Me alegra mucho que te guste la reseña.

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