Refutación del feminismo radical

Fotografía Bruce Davinson

“Los movimientos de masas pueden surgir y extenderse sin la creencia en un Dios, pero nunca sin la creencia en un diablo”.

Eric Hoffer,The True Believer


“Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado”

Voltaire 

“Para saber quién manda sobre ti simplemente averigua a quién no te está permitido criticar

Voltaire

Este articulo es una reseña del libro Refutación del Feminismo Radical, de Javier de la Puerta, un libro que realmente ofrece lo que dice en el título: una buena serie de preguntas y argumentos dirigidos a refutar los postulados del feminismo radical. En él voy a hacer un pequeño resumen de lo que nos ofrece el libro que, desde luego, es muy recomendable para los que estén interesados tener diversas perspectivas sobre un tema que es tan actual.


Comencemos por el problema de las definiciones. Cuando alguien critica al feminismo, siempre se responde que hay muchos tipos de feminismo, que hay muchas feministas que no están de acuerdo con tal o cual manifestación o declaración concreta. Muchos otros autores, distinguen un feminismo liberal o de igualdad y un feminismo radical (lo trata en el capítulo 17). El feminismo de igualdad es el que defiende que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades. El feminismo radical, de inspiración marxista, tiene su origen en autoras de los años 60 del siglo pasado, como Kate Millet o Shulamith Firestone, y postula que hay que abolir el matrimonio, la familia y el Patriarcado. El autor toma como referencia del feminismo radical el texto del Manifiesto de la Comisión 8M para la huelga feminista del 8 de Marzo de 2018. Este Manifiesto fue apoyado explícita o implícitamente por todos los partidos, organismos y ciudadanos que apoyaron la huelga y casi nadie realizó una crítica del mismo (se publicó un manifiesto alternativo, “No Nacemos Víctimas”, firmado por 29 mujeres, de muy escasa repercusión).

Fotografía Bruce Davinson

Lo extraordinario fue que el manifiesto inicial -un bodrio antisistema, políticamente sectario, socialmente excluyente, retóricamente estridente, hilado con una jerga revolucionaria tercermundista y atravesado de una hiperbólica y delirante distorsión/sustitución de la realidad- se mantuviera sin apenas examen ni crítica, como el texto oficial de la jornada de protesta, al que se sumaban todas las organizaciones y personalidades que, finalmente, pasaron a apoyarla.

También plantea que el feminismo moderado está missing en España:

“Lo cierto es que no puedo citar ni a una sola intelectual, académica o periodista de renombre que se haya desmarcado públicamente del discurso feminista radical en boga en nuestro país”.

O en qué se ha convertido realmente el feminismo:

“…el feminismo radicalizado se está convirtiendo en un lobby de poder que defiende intereses de parte: las mujeres que ya tienen posiciones de influencia en la universidad y la educación, los medios de comunicación, las industrias culturales, los colegios profesionales, la Administración y la política y, en primer lugar, las propias organizaciones y profesionales del feminismo convertidas en red clientela…Lo que se pretende como un correctivo de la desigualdad se convierte en un nuevo sistema de privilegios y discriminación. Especialmente cuando las principales beneficiarias de todo este sistema de género no son las mujeres de clase baja y poca o nula educación (ni, menos aún, las inmigrantes explotadas, las empleadas domésticas o las prostitutas), sino las mujeres más privilegiadas por su nivel profesional, estatus social y educación”.

El libro tiene casi 500 páginas y dedica las primeras 200, aproximadamente, al fenómeno del MeToo a nivel mundial. Personalmente, me parece que la extensión dada a este tema es excesiva, pero desde luego es un estudio a nivel mundial del fenómeno MeToo exhaustivo.  La conclusión final del autor (y obviamente resumo mucho) es que el movimiento MeToo es síntoma del poder de las mujeres, no de su opresión. El movimiento ha tenido éxito en los países occidentales donde las mujeres gozan de independencia económica, presencia social, igualdad de oportunidades, etc., y no ha tenido ningún éxito en países como Rusia, Arabia Saudí, India o China:

“MeToo no es, por lo tanto, la confirmación de un Patriarcado instalado en el conjunto de la sociedad que sea preciso derribar, como si de una vieja arquitectura previa recién descubierta se tratara. Porque si esto último fuera cierto -que vivimos en un sistema patriarcal atrincherado en las estructuras macrosociales y con un poder real de dominación sobre las mujeres en todos los terrenos- nada de lo que ha ocurrido con el movimiento en los países democráticos avanzados habría sido posible”.

Yo añadiría que si fuera cierta la existencia de ese Patriarcado todopoderoso y primigenio no sólo no habría sido posible la aparición del fenómeno MeToo sino el surgimiento del propio feminismo. Si el Patriarcado es una estructura todopoderosa en la que los hombres tienen el poder y controlan y dominan todas las instituciones (política, economía, educación ,etc.), y si encima aceptamos un determinismo social y cultural como el que plantea el feminismo (para el que la biología no cuenta en absoluto) es imposible explicar cómo puede surgir una ideología opuesta a esa fuerza tan formidable. No habría podido surgir (¿de dónde?) y si lo hubiera hecho habría sido aplastada inmediatamente.

En el capítulo 10 se analiza los datos que apoyan el argumento del feminismo radical sobre la brecha salarial. En él concluye:

“En España -y en el mundo occidental- no hay una brecha salarial por la discriminación directa de género: es completamente falso que las mujeres cobren un 15-20% menos por el mismo trabajo. Hay una brecha laboral/profesional, que es algo distinto y mucho más complejo de resolver, pues obedece a factores culturales (modos de vida, pactos de pareja, preferencias personales, etc.).

Cualquiera que revise la literatura sobre la brecha salarial llega necesariamente a la misma conclusión: la brecha salarial se debe a factores como que las mujeres trabajan menos horas, su trayectoria profesional se ve interrumpida por la maternidad, se concentran en sectores y especialidades profesionales que pagan menos, los complementos y pluses por horas extra no son proporcionales y trabajar el 50% de horas extras más supone ganar mucho más que un 50% añadido (ver la obra de Claudia Goldin a este respecto), las mujeres trabajan más cerca de casa, etc, etc. Es decir, la causa básica está en las diferentes elecciones y decisiones de hombres y mujeres que dan lugar a una diferente trayectoria profesional. Podemos discutir sobre el origen de esas preferencias y si el cuidado de los niños debe corresponder a un sexo o al otro, o todo lo que queramos, pero   decir que a las mujeres se les paga menos por el mismo trabajo es directamente algo muy cuestionable.

Fotografía Bruce Davinson

También, como persona de izquierdas, según se define en el video presentación de su libro, el autor denuncia que cuando se crea un problema falso, el resultado casi siempre es ocultar problemas reales. Menciona dos en concreto: a) la desigualdad clásica, entre trabajadores, por un lado, y capital y altos ejecutivos, por el otro; y b) la discriminación salarial de la juventud. Con respecto a la discriminación salarial entre ejecutivos y trabajadores, señala que, en España, los altos ejecutivos ganan 98 veces más que sus empleados medios. “Mientras el sueldo de los trabajadores solo subió un 0,8% en 2017, la nómina de los Consejos creció un 21,3%. ¿Cuánto debate público, indignación, movilización e iniciativa social y política generó?. Prácticamente cero”. Con respecto a los jóvenes argumenta que existen en España 1,4 millones de jóvenes trabajando en prácticas no laborales sin percibir remuneración ni cotizar a la Seguridad Social; entre 2008 y 2014 la renta media de los menores de 35 años cayó un 25%; la tasa de precariedad es del 57% para los jóvenes de 15-29 años; la tasa de paro entre los 15-24 años sigue en 37,5%casi el 30% de los españoles de 16-29 años estaban en riesgo de pobreza en 2016 (en 2008 no llegaban al 20%)

El autor se pregunta: ¿por qué no hay movilizaciones y debates en los medios sobre esto todos los días? Cree que es sobre todo por dos razones:
“Porque los jóvenes no tienen poder político, no están organizados ni cuentan con un discurso e ideología propios” y “Porque el discurso del feminismo radical ha logrado convencer a gran parte de la sociedad -e, increíblemente, a los partidos y sindicatos de izquierda- de que la mayor contradicción social de nuestro tiempo ya no es el conflicto de clases ni la desigualdad económica y social en general, sino el conflicto y la desigualdad de género”.

Fotografía Bruce Davinson

Otro tema que trata es el de la llamada violencia de género sobre la que dedica tres capítulos del libro. Se hace sobre ella algunas preguntas:

Si la causa de la violencia de pareja, tal y como la plantea la teoría feminista es el Patriarcado, “¿cómo es posible que la mayoría de los hombres que han pasado por esos “procesos equivocados de aprendizaje” y por esa cultura machista ampliamente difundida, no han ejercido nunca ni ejercerán jamás ningún tipo de violencia contra sus parejas?¿como es posible que no sean violentos con su pareja y sólo lo sea una minoría? ¿Por qué este comportamiento violento solo ocurre en una exigua noria de varones”?

Unido a lo anterior, se pregunta también que si la causa de la violencia es el Patriarcado, una estructura que impregna nuestra sociedad en la que todos somos socializados, ¿cómo podemos hacer responsables a hombres concretos de sus acciones si la causa no es individual sino macrosocial? ¿Tal vez porque esa estructura la montaron en el comienzo de los tiempos los hombres y todos los hombres -aunque ahora sean víctimas de la misma, unos individuos adoctrinados por ella-, compartirían el pecado original de ser hombres y heredar la culpa de lo que hicieron sus antepasados?

Fotografía Bruce Davinson

Le resulta llamativo cómo se carga la culpa colectivamente sobre todos los hombres en este tema mientras está totalmente proscrito aplicar la misma lógica en otros contextos. Según la teoría feminista, cuando un hombre mata a una mujer no lo hace a nivel individual sino que estaría actuando en nombre -o como representante- de todos los hombres. Si dijéramos que todos los emigrantes son unos delincuentes inmediatamente se nos va  a responder que sólo algunos, y que no adjudiquemos a un individuo la conducta de otros miembros de su grupo. Si dijéramos que todos los musulmanes son unos terroristas se nos respondería de igual manera. Pero si decimos que todos los hombres son unos violadores y asesinos, sonarán aplausos en la sala. Da igual que no haya ninguna prueba de esto y muchas de todo lo contrario, y de que los factores biológicos, sociales y psicológicos individuales sean esenciales:

Ningún agente social identificable como machista mata a las mujeres. Ni el machismo ni el patriarcado existen como sujeto colectivo, agente social o estructura institucional y legal identificable en los países democráticos avanzados”. 

Fotografía Bruce Davinson

Y hace una comparación muy apropiada, a mi modo de ver, con el suicidio. No vivimos en una cultura que promueva la violencia contra las mujeres de la misma manera que no vivimos en una cultura que promueva el suicidio. Vivimos en una cultura donde existen suicidios y violencia contra las mujeres pero no en una cultura del suicidio y de violencia contra las mujeres, no es lo mismo. El suicidio no sólo es que no haya sido promocionado sino que ha sido combatido. Se le han considerado históricamente un pecado, incluso un delito hasta recientemente (y todavía lo es en algunos países)…pero a pesar de ello la gente se sigue suicidando…unas 10 personas al día en España. Lo mismo ocurre con los robos u homicidios. A nadie nos han educado en que está bien matar o robar, pero existen los robos y asesinatos. Cualquier sociedad que se precie debe combatir esos fenómenos o se arriesga a su propia extinción pero es dificil conseguir que esas tragedias desaparezcan del todo. Así el autor se pregunta:

“Nada ni nadie en nuestra sociedad fomenta, ni defiende ni aplaude el suicidio: ¿por qué ocurre entonces de forma regular, sistemática y multiplicando por 8  los homicidios de hombres y por 60 las víctimas de violencia de género? ¿Por qué ha de tener una causa social externa identificable la muerte de 50 mujeres al año si la muerte de 3.500 personas (incluidas 900 mujeres) no la tiene?” 

Fotografía Bruce Davinson

“Si los datos de suicidio según el sexo fueran al revés, y tres veces más mujeres que hombres se quitaran la vida: ¿no apostarían ustedes que el feminismo dominante utilizaría esta tragedia masiva y cotidiana para apuntalar su victimismo y su tremendista diagnóstico de que las mujeres españolas aún viven sujetas a una opresión tan asfixiante que las abocaría masivamente al suicidio? ¿No habríamos visto ya nuestro Ministerio de Igualdad y a los múltiples Institutos de la Mujer -con todas las organizaciones feministas empujando al unísono- reclamando urgentemente perspectiva de género en el análisis de las causas y el tratamiento preventivo de la inasumible tragedia del suicidio? ¿No habría minutos de silencio cada vez que otra mujer se suicidara?

“Si los datos de suicidio son los que son (¡tres veces más hombres que mujeres se consideran tan desgraciados y desesperanzados de la posibilidad de una vida digna que se auto liquidan!), ¿cómo puede ser creíble el discurso feminista radical que afirma que son precisamente las mujeres -¡y sólo las mujeres como categoría social de género!- las que viven existencialmente asfixiadas en todos los órdenes?

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Volviendo al tema de la demonización del varón, hay que señalar que quizá no es algo casual, sino esencial en la teoría feminista radical. Si se repara en la cita de Eric Hoffer se concluye que se puede hacer una revolución sin un Dios pero no sin un diablo. Es muy importante etiquetar a un enemigo, como en las películas, y ese papel le corresponde, en este caso, a los hombres. En el marxismo clásico el enemigo era la burguesía y los oprimidos eran los trabajadores. El feminismo radical repite el esquema pero con otra víctima y otro opresor, donde antes estaban los trabajadores ahora están las mujeres y el lugar de la burguesía lo ocupan ahora los hombres (cambio que se inicia con Engels). Si atendemos a la teoría diádica de la moral, hay que poner el foco en la violencia del hombre contra la mujer para que parezca que es la única que existe. Hay que ocultar que la principal violencia de los hombres va dirigida contra sí mismos (suicidio) y luego contra otros hombres (a nivel global, el 80% de las víctimas de homicidio son hombres y en España más del 60%, los homicidios de pareja son el 15% de todos los homicidios). Hay que ignorar la violencia que cometen las mujeres contra los hombres o contra los niños (no tenemos estadísticas de homicidios de niños o filicidios, una violencia que cometen en grado similar hombres y mujeres). El resultado final es que sólo existe la díada: “hombre/perpetrador-mujer/víctima” y “todos los males de la vida de las mujeres y de la sociedad tienen una sola causa: los hombres y su poder patriarcal”.

“Movilizar a la gente, en este caso las mujeres, es mucho más fácil si las presentas como las víctimas predilectas, que tienen como enemigo un monstruo invisible pero omnipresente que anda suelto y cuya razón de ser es someter y violentar solo a las mujeres. De ahí la insistencia del feminismo oficial en hablar de violencia machista como si ahí fuera -más allá de los perpetradores y sus problemas psicológicos o sus subcultura de grupo- existiera en la macro sociedad  un agente activo, un monstruo llamado patriarcado del que fluyen las actitudes machistas, y que es, por tanto, responsable último. Si lo hay, puede exigirse -so pretexto de combatirlo- todo un programa radical de medidas: leyes especiales y cuotas; multas e imposiciones administrativas; y nuevas medidas educativas desde la infancia (para erradicar los estereotipos y deconstruir las identidades de género). Es decir, imponer ese gran proyecto de reingeniería sociocultural que hemos denominado la Gran Revolución Cultural Feminista, que arrancaría de raíz las causas últimas de la violencia. Aunque nada  de eso se haya demostrado que tenga que ver , en absoluto, con el problema de fondo”.

Fotografía Bruce Davinson

Y concluye: “En España no existe violencia generalizada sobre las mujeres. Hay un fenómeno preocupante, aunque muy minoritario, de violencia doméstica y violencia de pareja. La confusión deliberada en torno al término violencia machista obedece a una manipulación ideológica: no existe ninguna entidad, fuerza o corriente política, social o grupal, cultural, educativa, ideológica o comunicativa que promueva o defienda/justifique la violencia contra las mujeres a nivel macrosocial”.

Otra cuestión es que el feminismo radical parece haberse olvidado de los niños, así el autor señala:

“La violencia contra los niños ¿por qué no está en primer plano? Una de las consecuencias del sesgo selectivo -llamémosle perspectiva de género con anteojeras- en la percepción, clasificación y evaluación de la violencia, que hemos analizado en capítulos anteriores, la tenemos en el efecto perverso de ocultar y postergar la violencia doméstica más traumática e insoportable: la violencia contra los niños.

Fotografía Bruce Davinson

Por qué no sabemos -no hay estadísticas completas y apenas se publicitan las que hay- cuántos niños mueren al año en españa por violencia de género o violencia doméstica es decir, a manos de sus padres o madres o por su entorno inmediato)? No lo sabemos porque no se publican estadísticas periódicamente en los medios, ni se llevan registros completos ( a no ser que formen parte de la violencia contra las madres, violencia de género), ni se observan minutos de silencio  ni hay protestas públicas cada vez que matan un niño…Por no haber, no hay siquiera, todavía, una Ley Integral de Violencia contra la Infancia. Es decir, llevamos quince años de retos con respecto a la Ley Integral Contra la Violencia de Género de 2004). Los niños asesinados por los suyos apenas figuran en la conciencia pública de la violencia en España”.

“Lo llamativo es que el discurso feminista en general, pero especialmente en relación con la violencia – al distinguir jurídicamente entre violencia de género (cuando es el varón el que la ejerce) y violencia doméstica (cuando tiene otros protagonistas)- ha alcanzado tal hegemonía social, política, institucional y mediática que ha conseguido que la burocracia de Estado (ese paquidermo de memoria administrativa que lo registra todo) y los medios de comunicación reflejen de manera casi exclusiva sus prioridades en detrimento de todas las demás…¡Eso es poder! ¡Eso es hegemonía!”.
“La ideología feminista en boga no deja de martillear insistentemente sobre la que considera la mayor virtud femenina a revalorizar: la empatía. Pues bien, las víctimas infantiles de la violencia doméstica representan hoy, todavía, el agujero negro de esa pregonada empatía”.

Fotografía Bruce Davinson

También comenta la reacción a la sentencia de “La Manada“:

“El mayor ataque contra la independencia judicial en democracia. Cuando la historia del Estado de derecho como pilar de nuestra democracia se escriba, el 26 de Abril de 2018 y siguientes, serán días para la vergüenza colectiva. Independientemente de lo que se opine sobre la sentencia del caso de La Manada y sobre lo que ocurrió el 7 de julio de 2016 en Pamplona, la reacción de las calles, en las redes sociales, en la práctica totalidad de los medios de comunicación y, desde la esfera política, la de todos los partidos del arco parlamentario y la del mismo Gobierno, constituyó el mayor, más grave y más intenso asalto contra la independencia del poder judicial que se ha visto en España desde que la Constitución de 1978 instituyó una Justicia imparcial. Fue un ataque combinado insólito -desde las masas callejeras a los eminentes tertulianos mediáticos, de la furia en las redes sociales al ministro de Justicia señalando a uno de los jueces como “problemático” -en el que desmarcarse de la avalancha de populismo justiciero era un peligro para la integridad profesional del disidente.”

En el vídeo donde presenta su libro el autor manifiesta: Os preguntaréis que hace un hombre como yo escribiendo un libro como éste…la respuesta es muy sencilla: es un acto de rebeldía intelectual”. Cree que el feminismo radicalizado, está revelándose ya como un peligro para el equilibrio de la cultura social en ámbitos como el estado de derecho, la presunción de inocencia, la educación, el lenguaje, la creación artística y la cultura, la meritocracia en el mundo profesional/laboral, las relaciones sexuales y de pareja, la vida cotidiana contaminada por la guerra de sexos o la libertad de expresión.

Fotografía Bruce Davinson

“La forma en que las feministas más radicalizadas tratan de imponer su feminismo obligatorio es una de las mayores amenazas a la libertad de expresión desde la propia sociedad. El punto de partida es la presunción de que no estamos ante una ideología como las demás, sino ante la nueva Verdad Revelada, más allá de toda crítica. La policía feminista del pensamiento coarta el debate, descalifica al discrepante y lincha moralmente como machistas, misóginos y retrógrados a quienes osan cuestionar sus premisas abusivas, su lenguaje políticamente correcto o sus prescripciones para la vida social, política y cultural (o para las sentencias judiciales). ¿Hasta dónde llegarían si, imbuidas de ella figura sagrada de los oprimidos dispusieran de una mayoría política suficiente para imponer sus obsesiones ideológicas, con el BOE en la mano?”

En fin un libro interesante como también el de Pablo de Lora, Lo Sexual es Político (y jurídico) donde se cuestionan, con razones y hechos, ideas que en la actualidad predominan en el debate ideológico de la sociedad actual. Algo que resulta fundamental en las sociedades abiertas y democráticas donde es esencial que pueda existir libertad de pensamiento y de expresión para que las ideas puedan debatirse a la luz de la lógica y la razón de una manera racional y constructiva.

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2 Comentarios

  • En esta revista hay a menudo alusiones a la sociedad abierta y me encantan, pero leyendo este artículo me he dado cuenta de la trama que podrían ocultar. Lo voy a llamar, al modo de los cognitivistas estos que conocen en su casa, “la falacia de la sociedad abierta”. Consiste en decir que como ya, de hecho, las democracias liberales son sociedades abiertas en las que, entre otras cosas, es posible ejercer la crítica y la revisión del propio marco social, entonces no hay motivo para hacerlo. Es como si mi pareja me dijese que ha instalado una habitación de follar, como la de Grey en las cincuenta sombras, de modo que ya somos modernos y el sexo hard ha entrado en nuestras vidas. Luego lo que es follar, no se folla nunca, pero la habitación con los látigos allí está. Con la idea de la sociedad abierta me parece que ocurre igual. Te dicen: ya vives en una sociedad abierta a la crítica, no en la Unión Soviética de la Stasi, así que cállate. De manera que la apelación a Popper termina convirtiéndose, como en Popper, en craso conservadurismo. Ayer ocurrió lo mismo con la movida feminista. Aquí se nos argumenta por qué, precisamente porque Occidente es receptivo a la crítica feminista, ya no es necesario que realices la crítica feminista. En fin, así ya no me gusta lo de la “sociedad abierta” (que es una expresión, por cierto, de Bergson): es sólo abierta en potencia, jamás en acto. Si es realmente abierta, que practique la crítica del espíritu objetivo, por decirlo con Hegel, continuamente, cansinamente, no que lo de todo por ya hecho. Es imposible negar que el feminismo tiene abundantes razones que esgrimir que no pueden ser refutadas en tres páginas, so capa de que sólo atacamos el “radical” y de que el autor es de izquierdas. Claro: por definición, lo radical es extremista y lo extremista se pasa de la raya. “Refutación” y “radical” deberían ir siempre juntos. La pregunta es, entonces, si hay que ir o no a las manifestaciones, si manifestarse es en sí “radical” en una sociedad abierta. Si tú respuesta es que que sí, luego no me hables de la Unión Soviética. Buen texto, casi todos los argumentos son razonables e interesantes excepto el primero, el de que -otra vez tufillo conservador, además del absurdo lógico- si hay rebelión es que no había opresión. ¿Comorrrrrrrr?

    (Y también preferiría yo follar de verdad a tener una flamante habitación de follar. Creo que, en esto, estaremos todos de acuerdo, pero nunca se sabe…)

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