Antonio Rebollo
Fui cirujano durante décadas. En urgencias, aprendí que una decisión rápida enseña más que muchos manuales. En la escritura, ocurre lo contrario: aquí la velocidad es enemiga de la claridad. Por eso, tras una vida escribiendo solo lo estrictamente técnico con una letra infame que sólo yo descifraba, ahora aprovecho la claridad que aporta el teclado para lo contrario: para detenerme, pensar y explicar por qué pienso como pienso. Lo que comparto aquí nace de esa curiosidad. Y, quizás, del deseo tardío de inventar, por fin, un buen cuento para mis nietas.