Destellos

Recomendaciones

“C’était un rendez vous”, penetrando en el corazón de París a 200 kilómetros por hora

por

“A las cinco de la mañana, París nos pertenece”. Ésa es la sensación que tenía el cineasta Claude Lelouch (París, 1937), sentado al volante de su Mercedes SLE 6.9, segundos antes de encender el contacto. Acababa de acoplar una cámara de 35 mm en el parachoques del vehículo y estaba listo para rodar, en una sola toma, “C’était un rendez vous” -“Era una cita”-, un cortometraje trepidante de 8 minutos que recoge su carrera para llegar puntual a una cita con su mujer. Desde los arrabales de París hasta su mismo corazón, la basílica de Sacré Coeur, a casi 200 kilómetros por hora.

La central de noticias dentro de la navaja suiza

por

¿Existe un módulo maestro? ¿Existe un área del cerebro en la que toda la información se integre para darnos una representación mental consciente, coherente e integrada de lo percibido, sentido o pensado? Según Jerry Fodor, uno de los máximos impulsores de la teoría modular, debería existir. Sin embargo, la evidencia empírica nos dice lo contrario. Por mucho que se ha buscado, parece que no hay un “módulo del yo”, una región que gestione y controle todas las demás.

Pompas de vida y tiempo

por

Siempre pensé que la vida se asemeja a una pompa de jabón. Bella e hipnótica desde el comienzo, llena de energía y bravura mientras aumenta de tamaño. Siempre espontánea y confiada. Pero, llega un punto, cuando se despega de su agarre, en que empieza a sentir que la cálida brisa del mediodía ya no tuesta su piel como antes. Descubre que todo es efímero, frágil, supeditado a un par de decisiones y a un azar, siempre, un tanto juguetón.

El sexo, el aburrimiento y la vergüenza, en “Shame” (I)

por

Hay películas de las que hay tanto que decir que uno sale del cine pasmado y sin saber cómo empezar a decir algo. Tuve esta experiencia con Shame, un largometraje que me transfirió secretamente tal desgarro que tuve que cargar con él en el silencio. Este texto que prosigue es pues, un intento posterior de articular ese malestar indigerido y por tanto, se puede entender como una lectura filosófica que libra una batalla contra lo indecible de esta película. Asimismo, para no perderme con las palabras disueltas en la frustración, he escogido tres elementos a la luz de los cuales exploraré la película, el aburrimiento, el sexo y la vergüenza que son, al fin y al cabo, tres dimensiones de nuestro protagonista: el individuo en la sociedad capitalista avanzada.

Alma

por

Si hay alguien a quien siempre he envidiado es a los músicos. A los virtuosos instrumentistas capaces de hablar sin palabras. Una envidia insana, como es la verdadera envidia, pues no existe otra. Envidia de los que le ponen melodiosa voz al teclado de un piano o a las clavijas de un saxo de reflejos dorados. Celos del aire que entra y sale por los vericuetos de una flauta travesera como ulula el viento por los callejones de mi alma. Ansia por la caricia del arco haciendo vibrar las cuerdas de una viola y las arterias rojas de mi sangre. Y un espasmo, cuando veo abrazar por detrás el cuerpo del chelo, como se ciñen los brazos a la espalda desnuda de la persona que amas. Apenas una caricia leve y delicada, un susurro; de golpe, un arrebato de fuerza, un desgarro ¿Acaso no es el chelo un cuerpo, con su bella curva de lira abarcando tu espalda?