Revisando a Henry James

Henry James por John Singer Sargent

 

El 28 de febrero se cumple el centenario de la muerte de Henry James, curiosamente nacido el mismo año que el maestro del realismo en lengua castellana Benito Pérez Galdós, con el que, aparte de la esencia de los cánones realistas, apenas tiene que ver, seguramente porque los mundos de referencia retratados en sus novelas, eran totalmente distintos: James, a caballo entre Estados Unidos, que pugnaba por convertirse en la primera nación del mundo, y la madre británica, gigante colonial que lo dominaba política e ideológicamente; Galdós, mientras tanto,  imbuido en una España rural, pacata y moralmente subyugada por el catolicismo más férreo.

Henry James pertenece a esa generación de escritores americanos que como Edith Wharton, Ezra Pound o T.S. Eliot marcharon a Europa con un espíritu cosmopolita que, o bien quería empaparse con el verdadero realismo que se estaba cociendo en el viejo continente, o tenía razones meramente económicas, como cierta protección sobre derechos de autoría o copyright que los editores británicos garantizaban si la obra americana se publicaba en Gran Bretaña antes, lo cual hacía que algunos autores establecieran allí también su residencia, contribuyendo indirectamente a una observación más de cerca del modo de vida europeo en el seno inglés, que tanto atraía a muchos escritores estadounidenses, entre ellos James. Y había mucho que observar, sin lugar a dudas. El cambio de siglo exigía una revisión formal en el arte, y en general en la vida y la moral, y los que se consagraron a hacerlo, intentaron, si no romper, evolucionar de lo anterior, terminando en la catarsis que supondría la Primera Guerra Mundial. (¿A caso no se ve un paralelismo con la situación que vivimos actualmente?)

 

William James

 

Las primeras novelas de James se inspiran en el convencionalismo victoriano del melodrama, pero poco a poco el genio va encontrando su lugar, y es que la narración va evolucionando hacia el análisis social y la introspección psicológica, temas nuevos que plantea su mirada realista y de los que se ha considerado precursor. (Es curioso también que su hermano William se sintiera atraído por la ciencia que estudia el comportamiento humano, llegando a ser considerado padre de la psicología moderna en América). De esta primera etapa son Roderick Hudson, El Americano, Washington Square – memorable versión cinematográfica de William Wyler en La heredera, 1949 -, culminando con Retrato de una Dama, que anuncia un cambio de rumbo.

En esta última apuntan los temas que preocuparán a James en su madurez literaria, así como la forma (también fue uno de los autores que más habló del proceso creativo, El Arte de la Ficción, entre otros). La acción dramática casi desaparece y los personajes normalmente pasan el tiempo hablando de los diferentes aspectos y posibilidades de situaciones en las que se encuentran, llevando la tensión hacia la ambigua mirada que supone la doble perspectiva con el que un personaje enfrenta  ese problema o situación. Pionero James en estas consideraciones, no hay quien falte que aluda a una secreta homosexualidad que dirigía su represión hacia la exhaustiva observación de la conciencia de los demás, aunque la verdad es que de su vida íntima no se conocen amores ni carnales ni platónicos, ni causas penales ni chantajes que pudieran confirmar un comportamiento sexual, de lo que era considerado por la moralina de la época,“ desviado”.

 

Benito Perez Galdós

 

Henry James había hallado por fin también el lugar perfecto donde encontrar los conflictos en el alma humana que buscaba retratar, con sus intrigas, pasiones, perversidades, tiranías, y por qué no, oscuridades sobrenaturales. Estamos hablando de Londres. La capital británica también atrajo de la misma manera a Eliot y a Auden, considerados por la crítica los tres como los fundadores de la cultura inglesa contemporánea. A esta etapa pertenecen Las Bostonianas, La Musa Trágica, Lo que Maisie sabía. Su obra se torna más oscura, difícil y tenebrosa porque busca oscuridad y se expresa con oscuridad (lejos, lo hemos dicho antes, de la ternura y cercanía de Pérez Galdós, o de Dickens, o de la protesta social de Balzac). Una vez satisfecho por sus logros formales y temáticos llega el esplendor literario a la vuelta de siglo con Las Alas de la Paloma, Los Embajadores, La copa Dorada

Merece mención aparte sus hallazgos en la forma del “short-tale”, en el que siempre estuvo interesado, o lo que él denominó “beautiful and blest nouvelle” refiriéndose al cuento largo o lo que hoy llamaríamos relato, y con esta estructura destacó notablemente La Bestia en la Jungla, El Rincón Feliz y Otra Vuelta de Tuerca, uno de los más famosos y brillantes cuentos de terror de todos los tiempos.

 

TS Eliot

 

¿Por qué ha suscitado tanta atención y consideración este relato de terror, versionado, recuperado, impreso, plagiado cientos de veces? No es sólo que el terror estuviera de moda en la época de James; después de su recuperación durante el Romanticismo, la emoción de experimentar miedo no ha dejado de inspirar ríos de tinta, con distintos ropajes, desde el goticismo vampírico hasta el thriller psicológico de nuestros días, pero al fin y al cabo, miedo. James estaba seducido y creía, como muchos otros intelectuales coetáneos, en fantasmas, lo novedoso en su relato es aplicar su concepción literaria a la tradicional historia de fantasmas. En Otra vuelta de tuerca  el narrador no sólo es el sujeto, sino también el objeto de la narración, haciendo que el relato se estructure de manera que el lector pueda llegar a creer o incluso rechazar la visión de la protagonista, y todo al servicio de un mensaje: los fantasmas no son entes incorpóreos que producen miedo en el que los percibe; los fantasmas son nuestras obsesiones, nuestros temores, nuestras frustraciones, y el encuentro racional-irracional de frente con ellos es lo que despierta esta terrible conmoción en el ser humano. Y si le damos otra vuelta de tuerca, para hacerlo más escalofriante aún, hacemos protagonistas de la historia a unos niños. Terroríficamente brillante.

 

Edith Wharton

 

Los clásicos son grandes porque crecen sustancialmente a través de las décadas, de los siglos, manteniéndose vigentes, orgullosos, inspiradores, pese a los obsesivos análisis, acertados o no, de los expertos que, desde su publicación, han intentado, y siguen intentándolo aún hoy, desmenuzar intenciones, clarificar propósitos. Y, a su pesar también, fascinan al lector inexperto que se acerca virgen a ellos con la única esperanza de ser conmovido, y lo consiguen. Así que es buena época para revisar a Henry James, de disfrutar de las historias de un clásico de la literatura universal, de degustar, en la superficie o en la profundidad, de sus tramas, de sus escenarios, de sus inolvidables personajes, de Pandora, de Daisy Miller, de Milly Theale, de Isabel Archer, de Miles y Flora…

 

Ezra Pound

 

 

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1 Comentario

  • No encuentro tenebrosidad alguna en “Las bostonianas”, “Lo que Maisie sabía” y menos en “La musa trágica”, pero igual es cuestión de gusto…. Por lo demás, gracias por la evocación.

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